Historia de la Restauración Borbónica en España: Sistema Político y Evolución

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El Origen de la Restauración Borbónica (1874-1931)

La Restauración borbónica se inició con el pronunciamiento del general Arsenio Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874 en Sagunto, hecho que puso fin al Sexenio Democrático y proclamó rey a Alfonso XII, hijo de Isabel II. Con este acontecimiento se restauró la dinastía borbónica y se abrió un nuevo periodo histórico que se prolongaría hasta 1931, abarcando las siguientes etapas:

  • El reinado de Alfonso XII (1874-1885).
  • La regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena (1885-1902).
  • El reinado de Alfonso XIII (1902-1931).

Este sistema político se caracterizó por el establecimiento de una monarquía constitucional de corte liberal conservador y por el retorno al poder de las élites tradicionales.

Antonio Cánovas del Castillo y el Diseño del Régimen

El principal artífice del nuevo régimen fue Antonio Cánovas del Castillo, político conservador que diseñó un sistema destinado a garantizar la estabilidad institucional y evitar los continuos pronunciamientos militares que habían marcado la política española del siglo XIX. El proyecto restaurador se había gestado antes del pronunciamiento militar. Isabel II había abdicado en su hijo en 1870 y, durante su formación en Inglaterra, Alfonso firmó el Manifiesto de Sandhurst (1 de diciembre de 1874), redactado por Cánovas, en el que se presentaba como monarca constitucional, católico y liberal moderado, dispuesto a restablecer el orden y la estabilidad en España.

El pronunciamiento de Martínez Campos aceleró un proceso que Cánovas pretendía llevar a cabo de manera más gradual y legal. El 31 de diciembre de 1874 se constituyó un ministerio-regencia presidido por Cánovas, confirmado por Alfonso XII tras su llegada a España en enero de 1875. Entre diciembre de 1874 y la aprobación de la Constitución de 1876 se sentaron las bases del nuevo sistema político.

Pacificacion y Consolidación del Estado

Uno de los objetivos prioritarios fue poner fin a los conflictos bélicos heredados del Sexenio. La Tercera Guerra Carlista concluyó en 1876 con la derrota de Carlos VII, lo que permitió la abolición de los fueros vascos mediante la ley de 21 de julio de 1876, medida clave para la unificación administrativa del Estado. Asimismo, el final del conflicto carlista facilitó el envío de más tropas a Cuba, donde se firmó la Paz del Zanjón en 1878, que puso fin a la Guerra de los Diez Años. Aunque se concedieron ciertas reformas, como la amnistía y la promesa de representación en Cortes, muchas demandas quedaron pendientes, lo que desembocaría en nuevos conflictos en 1895 y, finalmente, en la pérdida de la colonia en 1898.

La Constitución de 1876: El Marco Jurídico

La pieza clave del nuevo régimen fue la Constitución de 1876. Este texto combinaba elementos del liberalismo doctrinario de 1845 con algunos principios de 1869, especialmente en materia de derechos individuales, aunque con mayores limitaciones. Sus características principales fueron:

  • Soberanía compartida: El poder residía en las Cortes con el Rey.
  • Prerrogativas de la Corona: Nombramiento y destitución de ministros, convocatoria y disolución de las Cortes y capacidad de arbitraje político.
  • Bicameralismo: Cortes formadas por el Congreso y el Senado.
  • Sufragio: Inicialmente censitario (ley de 1878), implantándose el sufragio universal masculino en 1890 bajo un gobierno liberal.

Los Pilares del Sistema: Bipartidismo y Turnismo

El sistema político de la Restauración se apoyaba en tres pilares fundamentales:

  1. La Corona: Concebida como institución moderadora y garante de la estabilidad.
  2. El Ejército: Subordinado al poder civil, aunque mantuvo un importante presupuesto y prestigio.
  3. El Bipartidismo: Inspirado en el modelo británico, garantizaba la alternancia en el poder de los dos grandes partidos dinásticos: el Partido Conservador, liderado por Cánovas, y el Partido Liberal, encabezado por Práxedes Mateo Sagasta.

Ambos partidos compartían la defensa de la monarquía, la Constitución y el orden social burgués. Los conservadores defendían el peso de la Iglesia y el orden tradicional, mientras que los liberales eran partidarios de reformas sociales y una mayor separación Iglesia-Estado. A partir de 1881 se consolidó el turnismo político, alternándose ambos partidos en el poder hasta finales de siglo.

La Realidad Electoral: Caciquismo y Pucherazo

Sin embargo, el funcionamiento real del sistema distaba de ser plenamente democrático. El turno pacífico se apoyaba en la manipulación electoral. Cuando el partido gobernante perdía apoyo, el rey llamaba al líder del partido contrario para formar gobierno. Este convocaba elecciones que eran organizadas para garantizar una mayoría favorable. El proceso comenzaba con el llamado “encasillado”, elaborado por el Ministerio de la Gobernación. Los gobernadores civiles y los caciques locales se encargaban de asegurar el resultado mediante presiones, favores o fraudes, práctica conocida como pucherazo. Este sistema de caciquismo fue especialmente fuerte en áreas rurales de Andalucía, Extremadura, Galicia y Castilla.

Oposición al Régimen y Conflictos Sociales

La Restauración logró una estabilidad política desconocida mediante el Pacto de El Pardo (1885), pero bajo esta apariencia persistían problemas estructurales. Los partidos no dinásticos quedaron relegados a la oposición:

El Republicanismo

A pesar de la fragmentación interna entre unitarios y federalistas, los republicanos mantuvieron apoyo en sectores urbanos y clases medias. En 1890 intentaron unirse mediante la Unión Republicana.

El Carlismo

Tras su derrota militar, evolucionó hacia la participación política defendiendo la unidad católica y el fuerismo, especialmente en Navarra y el País Vasco, contando con su milicia, el Requeté.

Nacionalismos Periféricos

  • Nacionalismo Catalán: Surgido de la Renaixença, reclamaba autogobierno en las Bases de Manresa (1892). En 1901 se fundó la Lliga Regionalista.
  • Nacionalismo Vasco: Fundado por Sabino Arana en 1895 (PNV), con un carácter tradicionalista y confesional bajo el lema “Dios y Ley antigua”.

El Movimiento Obrero

El socialismo marxista se estructuró en torno a Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE (1879) y la UGT (1888). Por otro lado, el anarquismo tuvo gran arraigo en Andalucía y Cataluña, dividiéndose entre el sindicalismo y la “propaganda por el hecho”, esta última responsable del asesinato de Cánovas en 1897.

La Crisis Final: El Desastre del 98

En política exterior, el aislamiento de España y el problema colonial fueron decisivos. En 1895 estallaron levantamientos independentistas en Cuba (impulsado por José Martí) y Filipinas (liderado por José Rizal). La intervención de Estados Unidos tras la explosión del acorazado Maine desencadenó la Guerra Hispano-Estadounidense.

Las derrotas navales en Cavite y Santiago de Cuba condujeron al Tratado de París (10 de diciembre de 1898), por el que España perdió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Este “Desastre del 98” supuso el fin del imperio colonial y provocó un profundo impacto moral.

Regeneracionismo y Conclusión

Tras la crisis surgió el regeneracionismo, corriente que defendía la modernización del país. Intelectuales de la Generación del 98 reflejaron el pesimismo por la decadencia nacional. En conclusión, aunque la Restauración logró estabilidad durante décadas, su exclusión social y la manipulación electoral terminaron por debilitarlo. La crisis de 1898 abrió un periodo de reformas bajo el reinado de Alfonso XIII que, en un contexto de agitación social, acabaría conduciendo a la caída del régimen en 1931.

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