Historia de las Organizaciones Obreras y la Lucha de Clases en la España del Siglo XIX
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El Desarrollo del Anarquismo en España
En octubre de 1881, la antigua FRE resurgió con el nombre de Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), aunque con una notable diferencia entre el anarquismo de Cataluña y el de Andalucía:
- En el caso catalán, predominó entre el proletariado industrial y estaba muy bien organizado. Los anarquistas catalanes recurrieron a la huelga general como medio de protesta.
- En el caso andaluz, arraigó en un sector del campesinado y fue más radical y utópico, partidario de utilizar la lucha armada como método.
La Crisis de la Mano Negra
Los dos modelos manifestaron sus diferencias a partir de la crisis de la llamada Mano Negra de Andalucía, una especie de sociedad secreta a la que se acusó de cometer varios crímenes y secuestros en la campiña jerezana. La Guardia Civil afirmaba que tenía en su poder unos documentos que ligaban a la Mano Negra con el movimiento anarquista, y en los que se decía que el fin de esta sociedad secreta era destruir al Estado y exterminar a las clases acomodadas.
La represión del campesinado andaluz, a raíz de estos acontecimientos, fue terrible: a la Mano Negra siguió la "mano dura".
Hacia la Acción Directa y la CNT
En 1888, la FTRE desapareció y el anarquismo español, dividido y desprestigiado por estos acontecimientos, quedó limitado a pequeños grupos incontrolados que practicaban la acción directa o terrorista, como el asesinato de Cánovas del Castillo en 1897.
En 1902 se creó la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), que se convertiría en la principal representante del anarquismo en su vertiente sindicalista y que tendría gran influencia en los obreros y campesinos hasta la Guerra Civil Española. Rechazaba a los partidos políticos y defendía la acción directa y la huelga general para lograr el comunismo libertario.
Los Orígenes del Socialismo Español
En Madrid, la Asociación del Arte de Imprimir, presidida desde 1874 por Pablo Iglesias, contribuyó a la formación del PSOE el 2 de mayo de 1879 por un reducido grupo de 25 personas, cuando poco a poco iba disminuyendo la acción represiva de los gobiernos.
Desde un primer momento quedaba claro su carácter internacionalista, su propósito de democracia interna y su inequívoca afiliación marxista. Era necesario marcar una clara diferencia con respecto a las demás formaciones políticas, que será recogida en el programa aprobado en 1880, el cual establecía tres objetivos fundamentales:
- Abolición de clases, o sea, emancipación completa de los trabajadores.
- Transformación de la propiedad individual en propiedad social o de la sociedad entera.
- Posesión del poder político por la clase trabajadora.
Consolidación y Expansión del Socialismo
A ello le sigue la exposición de un programa mínimo: legalidad de la huelga, reducción de las horas de trabajo, leyes protectoras de la vida y de la salud de los trabajadores, etc. En 1888 se celebró en Barcelona el 1.er Congreso del PSOE, donde se establecieron la organización y los estatutos, y se ratificó el programa de 1880. Dos aspectos quedaron consolidados: la fidelidad a una ideología y la disciplina centralizada en la ejecutiva del partido.
Inmediatamente después del congreso se creó la UGT (Unión General de Trabajadores), que alcanzó gran desarrollo en Madrid, País Vasco y Asturias. Uno de los medios para conseguir las reivindicaciones que empleaban los obreros era la huelga, pero la actividad moderada del mismo Pablo Iglesias hizo que el gobierno considerara a los socialistas interlocutores válidos, marginando a los anarquistas.
El Siglo XX y la Implantación Territorial
La implantación política del PSOE fue lenta. En las primeras elecciones con sufragio universal solo logró 5.000 votos. Entrará en el siglo XX con un espíritu moderado y sereno. La oposición a las guerras coloniales en Cuba, Filipinas y Marruecos le proporcionará un mayor número de militantes y votantes gracias a la divulgación que de ello hizo el periódico "El Socialista".
En Andalucía tuvo una implantación inicial débil pero progresiva. Encontró mayor arraigo en los centros mineros (huelga de Río Tinto en 1888) y en los núcleos urbanos con cierto desarrollo fabril, como Málaga (huelga de tejedores de la empresa de los Larios en 1890).