Historia de España: De la Prehistoria a la Baja Edad Media

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La Prehistoria en la Península Ibérica

El Neolítico

El Neolítico comienza con el desarrollo de la agricultura y la ganadería. La agricultura se desarrolló en Oriente Próximo tras el fin de la última glaciación, hace unos 10.000 años, cuando el clima comenzó a calentarse gradualmente obligando a las comunidades humanas a concentrarse en las orillas de los grandes ríos y a explotar de manera más intensiva sus recursos. La agricultura se fue extendiendo paulatinamente hacia el Occidente de Europa, llegando a la península Ibérica hacia el año 6000 a.C.

El Neolítico supuso cambios radicales en las sociedades prehistóricas, comenzando por el paso de una economía depredadora de cazadores-recolectores a una economía productora de labradores y pastores. Esto conllevó numerosos cambios:

  • En primer lugar, la población agricultora abandonó el nomadismo y se sedentarizó.
  • La mayor abundancia y regularidad del suministro de alimentos produjo un aumento de la población: los grupos humanos pasaron de acoger unas ducias a varios cientos de individuos, y aparecen los primeros asentamentos protourbanos.
  • Se produce asimismo una revolución tecnológica. Aparecen nuevos utensilios y técnicas relacionadas con la conservación y la transformación de los alimentos, como la cerámica, los molinos de mano, o los útiles agrícolas (hachas de piedra pulimentada, hoces, etc.). También con la transformación de productos secundarios como las fibras vegetales o animales (cestería, tejido...).
  • La mayor complejidad de la tecnología llevó a una división social del trabajo: los agricultores y pastores se diferencian cada vez más de los artesanos especializados.
  • Surge la necesidad del intercambio de bienes y del comercio, y la acumulación de bienes, junto con el aumento de la población, trajo el inicio de una jerarquización social más profunda.
  • Por último también se dieron cambios que afectaban al mundo cultural y las creencias. La necesidad de tener un control sobre los ciclos naturales originó cultos religiosos relacionados con los ciclos solares y astrales. Esto se manifiesta en la construcción de monumentos con grandes piedras (megalitos), con piedras hincadas (menhires) alineados según el sol (cromlech) o tumbas colectivas (dólmenes) con corredores de entrada orientados hacia la salida o puesta del sol. También son destacables las pinturas rupestres del área levantina (más esquemáticas y abstractas que las paleolíticas del área cantábrica).

La cultura megalítica se extendió por todo el occidente de Europa, incluyendo Galicia, donde las tumbas tumulares con dolmen son conocidas como mámoas o medoñas.

La Edad de los Metales

La Edad del Bronce

Durante la Edad del Bronce se produce la generalización de la metalurgia. El bronce es una aleación de cobre y estaño que permite fabricar herramientas y armas más resistentes y eficaces. La metalurgia del bronce supuso un nuevo impulso a la agricultura y la ganadería, y también al comercio, ya que el estaño era un metal escaso que debía importarse de regiones lejanas.

La Edad del Hierro

La Edad del Hierro comienza en la Península Ibérica hacia el siglo VIII a.C. con la llegada de los pueblos celtas, que introducen el hierro y nuevas técnicas de metalurgia. El hierro es un metal más abundante y resistente que el bronce, lo que permite fabricar herramientas y armas más eficaces. La metalurgia del hierro supuso un nuevo impulso a la agricultura, la ganadería, la artesanía y el comercio. Durante la Edad del Hierro se desarrollan las primeras ciudades y se consolida la cultura castreña en el noroeste de la Península Ibérica.

La Romanización de Hispania

La conquista romana de la península Ibérica se desarrolló en un largo periodo entre el siglo III a.C. hasta finales del siglo I a.C. Fue un proceso intermitente, a través de varias guerras, y motivado por diferentes causas: estratégicas (el enfrentamiento con Cartago), políticas (las ambiciones de las élites romanas), económicas (los recursos mineros y agrícolas) e incluso culturales (la influencia fenicia y griega en la cultura ibérica facilitaba la asimilación del Sur y del Levante).

El inicio de la invasión: La 2ª Guerra Púnica

La presencia romana en Hispania comienza con la 2ª Guerra Púnica (218-201 a.C.), que enfrentó a Roma con la otra gran potencia del Mediterráneo, Cartago, la gran metrópoli fundada por los fenicios en el norte de África. Ambas ciudades vivían un proceso de expansión por el que pasaron de ciudades-Estado a amplios imperios territoriales. Después de la derrota de Cartago en la 1ª Guerra Púnica, que supuso la expulsión de los cartagineses de Sicilia y Cerdeña, la ciudad íbera de Sagunto, al sur del Ebro, se alió con Roma, lo que provocó su asedio y destrucción por parte de Cartago en 219 a.C. Ante este hecho, el senado romano declaró la guerra a Cartago dando inicio a la 2ª Guerra Púnica.

Las guerras celtibéricas y lusitanas

Tras pacificar los nuevos territorios, los romanos establecieron dos nuevas provincias, la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior, con límite al sur de Cartago Nova. A lo largo del siglo II a.C. los romanos ampliaron su dominio en la península en dos largos enfrentamientos:

  • Las guerras celtibéricas (181-133 a.C.) opusieron a Roma contra los pueblos celtíberos y vacceos que ocupaban el alto Ebro y la Meseta Norte. La conquista de la Celtiberia termina con el asedio de Numancia, que fue destruida en 133 a.C.
  • Las guerras lusitanas (155-139 a.C.) opusieron a los romanos contra los pueblos lusitanos situados al suroeste de la península. Los lusitanos ofrecieron una feroz resistencia hasta el asesinato de su jefe, Viriato, en el 139 a.C.

Durante estas guerras tuvo lugar la campaña de Décimo Junio Bruto contra los Galaicos (137 a.C.), la primera gran incursión romana en Galicia.

Las Guerras Cántabras

La última fase de la conquista peninsular fueron las Guerras Cántabras, emprendidas por el primer emperador Octavio Augusto contra los pueblos "montañeses" del norte (cántabros, astures y galaicos). Tras 10 años de campañas (29-19 a.C.), los pueblos del norte fueron sucesivamente derrotados, con nuevos episodios de asedios como el mítico Monte Medulio. Tras la conquista, la provincia de Hispania Ulterior (el sur) es dividida en dos (Bética y Lusitania) mientras que la Citerior, denominada Tarraconense, abarcaba todas las tierras del norte desde el Mediterráneo al Atlántico.

Las Invasiones Bárbaras y los Reinos Germánicos

Las migraciones de los pueblos “bárbaros”

Después de siglos de contacto con los romanos en las fronteras del imperio, estos pueblos fueron adoptando muchos rasgos de la cultura romana: usaban la moneda, conocían el latín, e incluso habían sido cristianizados. Los pueblos germánicos comenzaron a cruzar las fronteras del imperio ya desde el siglo IV debido a varios factores:

  • La crisis política y económica del imperio romano debilitara las fronteras del imperio.
  • Varios emperadores pactaron con las tribus germánicas, integrándolas en el ejército romano a cambio de tierras en las que asentarse. Algunos jefes germánicos consiguieron la ciudadanía y altos cargos dentro de la administración imperial.
  • La presión de otros pueblos bárbaros procedentes del Este, y principalmente los hunos (434-453), empujaron a muchos pueblos germánicos de la otra orilla de la frontera a buscar protección dentro del limes.

Entre los pueblos germánicos que invadieron el imperio destacaron:

  • Los visigodos se establecieron en la Galia como pueblo federado a Roma (418), de donde fueron expulsados más tarde por los francos, asentándose en Hispania, con capital en Toledo.
  • Los ostrogodos se asentaron en Panonia (Serbia), y más tarde en Italia, con capital en Rávena (493).
  • Los suevos se establecieron en Galicia, fundando el primer reino independiente dentro del imperio romano (410).
  • Los vándalos invadieron Hispania junto con los suevos y acabaron estableciéndose en el norte de África en el 429-430.
  • Los francos se instalaron en el norte de la Galia como pueblo federado de los romanos. Tras la desintegración del Imperio se expandieron hacia el sur expulsando de la Galia a los visigodos (Batalla de Vouillé, 507).

Otros pueblos germánicos penetraron ya en los siglos V y VI como los burgundios (en el valle del Ródano), o los anglos, sajones y jutos, que fundaron diferentes reinos en las islas Británicas en los siglos V y VI.

Los reinos germánicos en la península Ibérica

En la península Ibérica existieron dos reinos germánicos importantes:

  • El Reino de Galicia, o Reino Suevo, ocupaba las fronteras de la antigua provincia romana de Gallaecia, expandiéndose hacia el sur por la costa Atlántica. Su capital estaba en Bracara (Braga). El reino de Galicia permaneció casi dos siglos, entre el 410 hasta su conquista por el rey visigodo Leovigildo en el año 585.
  • El Reino Visigodo se estableció primeramente en el sur de la Galia, con capital en Tolosa (Toulouse), ocupando también el norte y centro de Hispania (Reino Visigodo de Tolosa). Tras la derrota de los visigodos ante los francos en la batalla de Vouillé en el año 507, los visigodos se replegaron al sur de los Pirineos (mantuvieron la Septimania, en la Narbonense, región de Languedoc-Rosellón), y establecieron su capital en Toledo (Reino Visigodo de Toledo). El reino visigodo desapareció al ser conquistado por los árabes en 711.

Al-Ándalus

Los árabes en la península Ibérica. La historia de Al-Ándalus dura ocho siglos y se divide en varias etapas.

a) La conquista y el “valiato” de Damasco (711-756)

Los musulmanes entran en la Península en 711, aprovechando la guerra civil en el reino visigodo entre el rey Rodrigo y los hijos de su predecesor Witiza. Los árabes no encontraron apenas resistencia y en cuatro años se hicieron con el control de la península, invadiendo incluso la Galia. En muchas áreas la nobleza local pactó el sometimiento al poder musulmán manteniendo su poder y sus propiedades. La inmensa mayoría de la población se mostró indiferente ante este cambio de dueños. Al-Ándalus, como los árabes llamaron al territorio de la península que dominaron, se convierte en una provincia (valiato) más del califato de Damasco, y era gobernada por un valí o gobernador designado por el califa.

El emirato independiente (756-929)

En 750 Abu-Abas da un golpe de Estado en Damasco, asesina al califa Omeya y a toda su familia y se proclama califa fundando una nueva dinastía: los abasíes. Sin embargo, un príncipe Omeya superviviente (Abd-al-Rahman I, conocido como Abderramán en las crónicas cristianas) logra escapar a la lejana Al-Ándalus y se proclama emir (=rey) en Córdoba, independizándose de los califas de Damasco, y más tarde Bagdad (la nueva capital de los Abasíes). Esta etapa significó la consolidación y la reorganización de los musulmanes andalusíes, y los sucesivos emires omeyas (Hixam I, Al-Hakam I, Abd-al-Rahman II y Muhammad I) lograron instaurar un Estado poderoso y relativamente centralizado en Córdoba.

El califato de Córdoba (929-1031)

En el año 929 Abd-al-Rahman III se proclamó califa, consolidando así la independencia de Al-Ándalus de los califas de Bagdad también en el plano religioso. Esta fue la etapa más floreciente de los musulmanes en España. Al-Ándalus se sumerge en una etapa de desórdenes y guerras civiles que liquidarían el califato, cuando muchas ciudades proclamaron su independencia de Córdoba (es la “Fitna” =división).

Los reinos de taifas (1031-1090)

En 1031, con la expulsión del último califa de Córdoba, Hixam III, la unidad política del califato desaparece y Al-Ándalus queda dividido en un mosaico de pequeños Estados llamados “reinos de taifas” (“taifa” =bando, facción), gobernadas por familias o clanes de la nobleza local. Las Taifas mantuvieron guerras constantes entre ellas, incluso valiéndose de mercenarios cristianos de los reinos del norte. Los reinos cristianos aprovecharon esta desunión y conquistaron algunas de esas taifas ampliando sus dominios hacia el sur.

Los imperios africanos: Los almorávides (1090-1145) y almohades (1175-1232)

Cuando el rey Alfonso VI de León y Galicia conquista Toledo en 1085 (la antigua capital visigoda, y ciudad estratégica clave), los andalusíes toman consciencia de su desunión y piden ayuda al imperio almorávide, principal potencia islámica en el norte de África. Los almorávides cruzan el estrecho y en los años siguientes incorporan los reinos de taifas a su imperio norteafricano. Sin embargo, el poderío almorávide no pudo evitar la expansión cristiana (conquista de Zaragoza en 1119) ni recuperar Toledo. Tras la desaparición del imperio almorávide, y tras un breve periodo en el que las taifas volvieron a independizarse, Al-Ándalus volvió a ser conquistada por otro imperio norteafricano: el de los almohades, que mantienen a raya a los cristianos derrotándolos en la batalla de Alarcos (1185). A pesar de ello, los almohades fueron finalmente vencidos por una alianza de los reinos cristianos peninsulares en 1212, en la batalla de las Navas de Tolosa. Tras esta derrota, los cristianos avanzan por el valle del Guadalquivir, conquistando rápidamente Córdoba y Sevilla. La única taifa que logró resistir fue el reino de Granada.

El Reino nazarí de Granada (1236-1492)

Desde 1237 solo subsiste un reducto musulmán en la península, el reino de Granada, gobernado por la dinastía nazarí (de Muhammad-ibn-Nasr, el fundador del reino). Este reino sobrevivió hasta su conquista por los Reyes Católicos en 1492 gracias a convertirse en un reino vasallo de Castilla, a quien pagaba generosos tributos (parias), y al carácter montañoso y agreste de la región. De esta época data la construcción de la Alhambra, palacio y fortaleza de los reyes nazaríes, y joya de la arquitectura palaciega islámica en Al-Ándalus.

La Expansión de los Reinos Cristianos

La expansión de los reinos cristianos es un proceso complejo y dilatado, que atiende a diferentes razones (económicas, políticas, sociales y demográficas) y circunstancias que fueron muy cambiantes con el paso de los siglos.

La repoblación del valle del Duero (siglos IX-X)

La primera expansión territorial se llevó a cabo en los siglos IX y X por las tierras del valle del Duero. Con la retirada musulmana tras la revuelta bereber, y la migración de muchos cristianos hacia el reino de Asturias, esta región se había convertido en un área débilmente habitada, azotada por las incursiones militares que unos y otros hacían por la zona. A medida que el reino de Asturias se fue consolidando territorial y políticamente, se fue produciendo una colonización del Duero por parte de migrantes desde el norte, que iban ocupando terrenos baldíos por medio de la “presura” (“aprisio” en los Pirineos), es decir, la apropiación de tierras vacías mediante su roturación y cultivo.

El Feudalismo

El modo de producción propio de la Edad Media (e incluso la Moderna) en Europa es el feudalismo. Surgió por la debilidad del poder político centralizado, a finales del imperio romano, que llevó a un reforzamiento y control de las autoridades locales sobre la población para mantener su poder y su estatus social y económico.

La sociedad estamental

La sociedad feudal es una sociedad jerarquizada y dividida en estamentos. Un estamento es una clase social cerrada a la que se pertenece generalmente por nacimiento, y en la que el linaje o ascendencia familiar determina la posición en la sociedad. Estas clases sociales son:

  • Los nobles (bellatores) se atribuyen la función de defensa y mantenimiento del orden en la sociedad. Su origen era la aristocracia guerrera de comienzos de la Edad Media, y son poseedores de grandes patrimonios territoriales. Se dividen a su vez en diferentes categorías. La alta nobleza son aquellos que poseen títulos u honores (duques, condes, marqueses), mientras que la baja nobleza, o hidalguía, solo ve reconocida su “nobleza” por la pertenencia a un linaje o familia.
  • El clero (oratores) son aquellos que dedican su vida a la Iglesia, sea la secular (en contacto con el “siglo”, es decir con la gente), o la regular (retirados del mundo en monasterios y conventos, siguiendo una “regla” monástica). También hay categorías: el alto clero lo conforman los altos cargos eclesiásticos: obispos y abades, mientras que el bajo clero lo forman los curas y frailes. La mayor parte de los clérigos están ligados por parentesco con la nobleza, pues frecuentemente es el medio de vida de hijos segundones e hijas solteras de las familias nobles.
  • Frente a la nobleza y el clero está el estamento de los no privilegiados, el resto de la población, los “pecheros” (por pagar “pechos” o impuestos”) o “laboratores”. Su situación podía ser muy variable:
    • Los labregos propietarios de tierras (alodios) eran libres, aunque las más de las veces debieron ponerse bajo el amparo de un señor feudal (encomienda) para garantizarse la protección, entregando parte de las tierras o una renta.
    • Los siervos eran labregos que trabajaban las tierras de los señores, a los que debían pagar una gran parte de sus rentas, además de tributos en trabajo (corveas o corvadas) y que estaban vinculados a ellas, de manera que no podían abandonarlas sin permiso.
    • Los burgueses y villanos, habitantes de las villas y burgos, se dedicaban a la artesanía y el comercio, actividades marginales hasta el siglo XII, cuando el aumento de la población provoca un crecimiento urbano. Las villas y ciudades podían estar sujetas al señorío de un noble o de la Iglesia, pero más frecuentemente del rey.

La Baja Edad Media

Durante la Alta Edad Media (hasta el siglo XII), el sistema feudal determinó la extensión de una economía eminentemente rural y agrícola, con tendencia a la autarquía (al autoabastecimiento), con redes comerciales poco desarrolladas y con un papel muy escaso de las ciudades y de las actividades propiamente urbanas (industria, comercio), más allá de mercados locales.

1.- El crecimiento económico y el resurgir urbano

Durante la Baja Edad Media, a partir del siglo XII, se dan una serie de cambios en este modelo económico en el que intervienen múltiples factores:

  • El aumento de la producción agrícola: La introducción de la rotación trienal (alternancia de cultivos entre un cereal de verano y otro de invierno, y el barbecho) en lugar de la bienal (cereal y barbecho), permite un aumento de la superficie cultivada y una mayor seguridad al reducir la gravedad de las hambrunas en tiempos de malas cosechas.
  • El desarrollo de la ganadería: La amplitud de la zona de frontera entre los reinos cristianos y Al-Ándalus, y el hecho de estar sometida a las incursiones de pillaje de unos y de otros determinó que la base económica de estas tierras fuese la ganadería trashumante (seminómada) de ovejas. Los pastores podían aprovechar los pastos de los valles y tierras bajas en los meses fríos, y en los meses cálidos (cuando se organizaban las campañas militares) iban a refugiarse en las montañas, donde los pastos verdes duraban más tiempo. Esto dio lugar a una ganadería muy importante, y a la organización de gremios de pastores o “mestas”.
  • El crecimiento demográfico y la expansión urbana: El aumento de la producción agraria propició un incremento notable de la población, y un resurgir urbano. Las ciudades (burgos) aumentan en tamaño en paralelo al desarrollo de la artesanía y del comercio, especialmente la lana y los paños o tejidos, además de otros productos agroalimentarios (vino, aceite, salazones de pescado), y la metalurgia.
  • El desarrollo comercial: Aumenta la importancia de las ferias, reuniones de comerciantes en fechas y lugares convenidos para intercambiar sus productos, que son favorecidas por los reyes mediante privilegios. Con el comercio se extienden y regulan los sistemas monetarios propios (florín en Aragón, maravedí en Castilla), tomando como modelo a las monedas andalusíes que hasta el siglo XI eran las más utilizadas. El oro y la plata procedente del pago de las “parias” por las taifas a los reinos cristianos permitió este auge monetario, pero con el incremento de las transacciones y la escasez de metales preciosos, se desarrollaron también medios de pago fiduciarios, como las letras de cambio, y el inicio de la banca, con la actividad de cambistas, prestamistas y usureros.

Definiciones

Economía depredadora

Modo o sistema económico propio de las sociedades humanas que desconocen o no usan de la agricultura o la ganadería, y basan su subsistencia en la explotación directa de la naturaleza mediante la caza, la pesca o la recolección de frutos silvestres. Era el modo de vida propio de las sociedades del Paleolítico, así como de algunas sociedades aisladas actuales. Las sociedades paleolíticas formaban grupos no muy numerosos (apenas unos pocos miembros o familias), poco jerarquizados, y la dependencia de los recursos naturales los obligaba a practicar una vida nómada o seminómada, desplazándose siguiendo el ritmo de las estaciones. El Paleolítico en la península Ibérica abarca desde la llegada de los primeros Homo erectus procedentes de África hace 1,2 millones de años, hasta la aparición de la agricultura hacia el 6000 a.C. Conocemos esto gracias a los hallazgos arqueológicos de útiles y fósiles de yacimientos como Atapuerca, Altamira o en Galicia Cova Eirós.

Megalitismo

Fenómeno cultural de la Prehistoria, común en toda la Europa atlántica y el Mediterráneo occidental, que surge en el Neolítico y se extiende durante la Edad del Bronce, consistente en la construcción de monumentos hechos con grandes piedras o megalitos. Las construcciones más características son las grandes tumbas colectivas, llamadas “dolmen”, consistentes en una cámara adintelada con grandes losas y con un corredor de entrada, generalmente enterradas bajo grandes túmulos de tierra (llamados en gallego mámoas o medoñas). Por otra parte, las piedras hincadas o “menhires”, son cantos de piedra que pueden formar alineamientos o círculos (“cromlech” o “henges”) y que son interpretados como lugares de culto solar (como el de Stonehenge, en Inglaterra).

Castro

Asentamiento o poblado fortificado propio de la Edad del Hierro. Sus orígenes se remontan al final de la Edad del Bronce, a principios del primer milenio a.C. y perviven aún después de la conquista romana. Los castros son los yacimientos más representativos de la cultura galaica del noroeste de la península Ibérica, llamada por algunos “castrexa” por este motivo, y que comparte muchas trazas en común con otras culturas europeas denominadas comúnmente como celtas. Se caracterizan por ubicarse en lugares de defensa fácil y un amplio control del territorio circundante, como cumbres de oteros o promontorios costeros; y por su peculiar arquitectura en la que predominan las casas de planta circular. Algunos de los castros más conocidos son el de Santa Tegra, Baroña, la ciudad de Lancia (Lás) o la Citânia de Briteiros, en Portugal.

Guerras Cántabras

Campañas militares de conquista que se desarrollaron entre el 29 y el 19 a.C. entre Roma y los pueblos del norte de Hispania (cántabros, astures y galaicos). Fueron comenzadas por el emperador Augusto y supusieron la conquista definitiva por Roma de todo el territorio de la península Ibérica. Durante esta guerra se dieron episodios trágicos como el asedio del Monte Medulio por los romanos, donde los galaicos prefirieron suicidarse colectivamente antes de rendirse. Con los soldados veteranos (eméritos) de esta guerra se fundó la ciudad de Emérita Augusta (la actual Mérida).

Conventus (iuridicus)

. O conventus iuridicus é unha sorte de partido xudicial no que se dividía o territorio dunha provincia romana. O conventus estaba encabezado por unha cidade onde se celebran en datas sinaladas asembleas ou reunións ( = conventus) ás que acude o gobernador da provincia para impartir xustiza, e eventualmente organizar a recadación de impostos e o reclutamento militar. A provincia da Gallaecia, por exemplo estaba dividida en tres conventos con capital en Brácara (Braga) Lucus (Lugo) e Astúrica (Astorga), aos que se sumou o conventus de Clunia (na actual Burgos) no século IV. Barbaros: O termo “bárbaro” era sinónimo de “estranxeiro” na antigüidade. Os pobos “bárbaros” eran os que habitaban fóra dos límites do Imperio romano, especialmente os pobos xermanos que ocuparon o Imperio romano de Occidente no século V, tales coma os suevos, os vándalos, os visigodos, os ostrogodos ou os francos. A orixe do termo, e a súa aplicación tradicional é despectiva, atribuindo á palabra bárbaro un valor oposto aos da civilización romana (incivilizado, salvaxe, inculto, violento). Porén, os pobos bárbaros levaban séculos en contacto cos romanos e asimilaran moitos dos seus costumes e crenzas. Aula regia: A Aula regia (literalmente, a sá do rei) é o principal órgano de goberno dalgunhas monarquías xermánicas, como a visigoda. Estaba conformada pola nobreza (magnates ou maiores) con altos cargos no pazo ou corte (officium palatinum), a garda real (os gardingos) os xefes territoriais (comes, duces) e os bispos, vencellados ao rei por un compromiso de fidelidade ou clientela. Era convocada polo rei, segundo as necesidades, para asesoralo (consilliium) en temas xurídicos, políticos e mesmo militares. A Aula regia tamén interviña na elección do rei, cando este morría. 

Mozárabe: denomínanse mozárabes aos cristiáns que habitan en zonas de dominio musulmán. O termo oponse a “muladí”, que designa aos cristiáns convertidos ao Islam. Os mozárabes, coma os xudeos, eran considerados “xentes do Libro”, por seren monoteistas, e eran libres de practicar a súa relixión a cambio do pago dun imposto (yizia). Porén, non podían facer proselitismo da súa fe, e ocupaban un nivel social máis baixo que os musulmáns. Tamén se chama mozárabe un tipo de arte desenvolvido ao norte do sío Douro nos séculos IX e X, por ser estas estas repoboadas con poboación cristiá emigrada dende Al-Ándalus. Taifa: (en árabe, “bando” ou “facción”), chámase así a cada un dos pequenos reinos xurdidos tras a desintegración do califato de Córdoba, entre o ano 1009 e 1031, cando cada kora (provincia) ou cidade de Al-Ándalus se declarou independente, baixo o goberno dun nobre local proclamado coma emir. As taifas eran débiles fronte aos reinos cristiáns do norte, que as someteron obrigándoas a pagar fortes tributos ou parias. As primeiras taifas desapareceron ao integrarse nos imperios norteafricanos Almorávide e Almohade, pero volveron a rexurdir coa derrota destes imperios, ata a súa conquista definitiva polos reinos cristiáns. A derradeira taifa foi o Reino de Granada. Marca Hispánica: demarcación fronteiriza creada polo emperador franco Carlomagno no século IX na ladeira Sur dos Pirineos, como zona defensiva contra as posibles incursións musulmanas. A Marca Hispánica estaba dividida en múltiples condados, como Pamplona, Jaca, ou Barcelona. Estes condados acadaron cada vez maior autonomía ao longo dos séculos IX e X ata convertirse en reinos independentes: Navarra, Aragón, e os Condados cataláns. Presura: Primitiva forma de repoboamento das terras do norte da península por parte dos cristiáns, principalmente nos séculos IX e X, cando unha gran parte das terras ao norte do Douro, que facían de fronteira con Al-Ándalus, estaban semidespoboadas. A presura era a simple ocupación de terras baldías por parte de labregos libres, e tamén pola nobreza e as comunidades monásticas, que podían reclamar a súa propiedade se as cultivaban. A presura permitiu extender o control cristián sobre os territorios ao sur das montañas cantábricas ata o Douro.


 Definicións: Carta de poboamento: Documento outorgado xeralmente polo rei para favorecer o poboamento dun territorio ou dun núcleo de poboación xa existente, cun interese económico ou estratéxico. As cartas tentan atraer poboadores a un determinado lugar ofrecendo beneficios xurídico-políticos (como non estar suxeitos a un señorío), económicos (acceso á propiedade das terras) ou fiscais (coma por exemplo a celebración de mercados ou feiras “francas” ou sen taxas). Manso: Porción de terra que un señor cede a un labrego vasalo para que a traballe a cambio dunha renda ou foro (xeralmente unha porcentaxe da colleita) ademais doutro tipo de obrigas ou servicios en traballo (corveas) como traballar na reserva señorial (as terras que o señor explota directamente) certos días ao año. Os mansos adoitaban ser arrendados a moi longo prazo, polo que os labregos quedaban vencellados á terra que traballaban. Mesta: As mestas eran na Idade media as asociacións ou gremios de gandeiros, propietarios de rebaños de ovellas, que se organizaban para regular a súa actividade. Alfonso X fundou o Honrado Consello da Mesta, que reunía aos principais propietarios de gando ovino de Castela, e que serviu para defender os seus intereses sobre todo fronte os agricultores. A Mesta controlaba as rutas dos rebaños na súa transhumancia, a través de camiños ou “cañadas reales”concedidas polo rei, ademais doutros privilexios. A Mesta foi a organización económica máis importante de Castela na baixa Idade media, grazas ao comercio de lá. 

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