Las Guerras Carlistas y la Evolución Política de España en el Siglo XIX
Enviado por Chuletator online y clasificado en Historia
Escrito el en
español con un tamaño de 19,07 KB
Las Guerras Carlistas
A lo largo del siglo XIX se desarrollaron tres guerras carlistas. La primera guerra carlista (1833-1840) se desarrolló durante la Regencia de María Cristina, causada por un conflicto dinástico (1830). Cuando, tras quedarse embarazada, Fernando VII publicó la Pragmática Sanción derogando la Ley Sálica que impedía reinar a las mujeres. Cuando nació Isabel, fue proclamada heredera al trono, quedando Carlos María Isidro segundo en el orden sucesorio. Él no aceptó esto y se apoyó en los carlistas, defensores del Antiguo Régimen. Para hacerles frente, Fernando VII se apoyó en los monárquicos más moderados desterrando a su hermano a Portugal. En 1832, Fernando VII enfermó y María Cristina asumió la regencia, pasando el bando a llamarse isabelinos.
Había dos formas de concebir el estado: los carlistas, que defendían el absolutismo monárquico, la intransigencia religiosa, la defensa de los fueros y del régimen tradicional de propiedad de la tierra, y estaban apoyados por el clero conservador, la nobleza, los campesinos y los artesanos, integrando los escuadrones de voluntarios realistas, y Rusia, Austria y Prusia. Luego estaba el bando isabelino, que defendía el liberalismo y estaba apoyado por los ilustrados, la burguesía, el proletariado, Reino Unido, Francia y Portugal.
Esta guerra se dividió en tres fases:
- Primera fase (1833-1835): Tomás Zumalacárregui logró controlar zonas en el País Vasco y Navarra, sin ocupar ninguna capital. Ramón Cabrera se encargó de la región valenciano-aragonesa.
- Segunda fase (1836-1837): el general liberal Espartero accedió al mando de los isabelinos. Las operaciones carlistas penetraron en Castilla, Andalucía, Santander, Asturias y Galicia, pero no encontraron apoyo.
- Tercera fase (1838-1840): el bando carlista estaba desmoralizado y debilitado por las divisiones internas. Surgieron dos facciones, los ultras y los moderados con Rafael Maroto al cargo. El conflicto finalizó con la firma del convenio de Vergara (1839), donde se acuerda la victoria de los isabelinos, mantener los fueros vascos, las pagas y los ascensos de los pactistas.
La segunda guerra carlista (1846-1849) fue una insurrección durante la Década Moderada. Se centró en la zona de los Pirineos, en Cataluña (“guerra dels matiners”). Su origen se debió al fracaso de los intentos de casar a Isabel II con el pretendiente carlista, Carlos Luis de Borbón.
La tercera guerra carlista (1872-1876) se inició en el Sexenio Revolucionario. La llegada de Amadeo de Saboya provocó la insurrección armada de una parte de los carlistas. Esto terminaría con la definitiva derrota del carlismo. Ya durante el reinado de Alfonso XII, los generales Martínez Campos y Fernando Primo de Rivera derrotaron a los carlistas en Cataluña, Navarra y País Vasco.
Regencia de María Cristina (1833-1840)
En (1833-1840) llega la regencia de María Cristina. Esta se alió con los liberales, donde hubo una etapa de transición (1833-1835) que buscaba un acuerdo entre el Antiguo y Nuevo Régimen, protagonizada por monárquicos reformistas y liberales moderados. Entre las medidas más importantes destaca la división provincial de Javier de Burgos (1833) y la elaboración del Estatuto Real (1834), que se trataba de una carta otorgada, en la que las Cortes asesoraban a la Corona. Se estableció un sistema bicameral formado por los próceres, cargos designados por la corona con carácter vitalicio, y también por los procuradores, de carácter electivo, elegidos por un sufragio censitario muy restringido (0,15% de la población).
Durante estos años, se produjo la división del liberalismo en dos corrientes:
- Moderados: defendían la soberanía compartida Rey-Cortes, el Estado confesional católico, el poder controlado por clases propietarias y el sufragio censitario restringido. Limitaban los derechos universales y la supresión de la Milicia Nacional. Narváez pertenecía a este sector, apoyado por la monarquía, la aristocracia, la iglesia, las clases medias conservadoras y la burguesía.
- Progresistas: defendían la soberanía nacional, el sufragio censitario, unos derechos y libertades más amplios, el libre cambio y la desamortización de las tierras. Aquí lideraba Espartero, apoyado por la pequeña burguesía, los profesionales liberales y simpatías del pueblo.
Finalmente, llega el periodo de ruptura, donde hubo revueltas (1835-1836) que forzaron a la corona al liberalismo, obligando a ceder el gobierno a los más reformistas como Mendizábal, un moderado desplazado en 1836 por Istúriz. Esto provocó los pronunciamientos de los sargentos de La Granja, por los que establecieron la Constitución de 1837, que se basaba en los principios de la soberanía nacional, división de poderes y reconocimiento de los derechos individuales. También se establecieron las Cortes bicamerales formadas por el Senado, elegido por el Rey de una lista triple, y el Congreso, en el que se sube la cuota del Estatuto Real (1834). Se defiende la libertad de prensa, autonomía política y de gestión de los ayuntamientos y se recupera la Milicia Nacional. Otra medida fue la desamortización de Mendizábal.
Los moderados, apoyados por María Cristina, dominaron los gobiernos (1837-1840), por lo que los progresistas recurren a un pronunciamiento militar por el general Espartero, causando las Regencias de Espartero (1840-1843). María Cristina tuvo que renunciar al trono por dos motivos: porque ella, al identificarse con los moderados y ser impopular entre los progresistas, a quienes sólo facilitó el gobierno unos meses en los siete años de la guerra civil carlista, y por la modificación de la Ley de Ayuntamientos, en contra de los deseos progresistas, se oponía a que los alcaldes fueran delegados controlados por el gobierno. El tercer motivo fue que esto generó disturbios y, al no poder soportar la presión, se exilió, asumiendo la regencia Bartolomé Espartero. Se llevan a cabo medidas como los recortes a los fueros vasco-navarros y la aceleración de las ventas de bienes desamortizados. Pero también se enfrentaron a problemas, como el estallido de una revuelta popular en Barcelona en diciembre de 1842 por burgueses y obreros, debido a los salarios y las subidas de impuestos, la actividad propagandista de los republicanos demócratas, y la protesta de comerciantes y fabricantes por un proyecto comercial librecambista con los británicos. Hubo bombardeos y una sublevación por parte de mandos militares moderados como el del general Narváez.
Reinado de Isabel II
Década Moderada (1844-1854)
La reina no confiaba en la formación de gobierno a los progresistas, por lo que optaron por el pronunciamiento militar o la insurrección armada. Los moderados se mantuvieron en el gobierno ininterrumpidamente (1844-1854) Como figura importante, el general Narváez, con actuaciones políticas relevantes como; la creación de la Guardia Civil (1844) dirigida por el duque de Ahumada para mantener el orden público, la disolución de la Milicia Nacional (1845), la nueva ley de Ayuntamientos (1845) para introducir que los alcaldes eran nombrados por el gobierno, la reforma fiscal (1845) que pretendía mejorar la eficacia del sistema de impuestos para aumentar los ingresos estatales, reducir el déficit y realizar modernas infraestructuras, quedando así los impuestos clasificados en; directos, indirectos y de “consumo” (tasa en los artículos de primera necesidad), otra actuación fue la Constitución de 1845, que era moderada, para sustituir a la de 1837 la cual tenía como principios básicos; la soberanía compartida del rey y las Cortes, el reforzamiento del poder real a traves del nombramiento y cese de los ministros, la disolucion de ls Cortes y el veto a sus decisiones, un sistema bicameral con un senado elegido por designacion real y un Cogreso de Diputados elegidos por sufragio censitario, la centralizacion administrativa y uniformidad de todo el territorio, confesionalidad católica, administracion local y provincial najo el control del poder ejecutivo, designación de ayuntamientos por el gberno central, y por último mens derechos y libertades. La última medida fue la firma del Concordato (1851) que causó la paralización de las ventas y subastas de bienes desamortizados, permitiendo el regreso de varias órdenes religiosas y cedió al clero la enseñanza de los niños y jóvenes conforme a valores religiosos, porlo que la iglesia loro recuperar apoyo del clero. Los gobiernos moderados no consiguieron dar estabilidad política al Estado, provocando el retraimiento de la oposición y reduciendo la importancia del poder legislativo. La vida política se desarrollaba alrededor de la Corte, y a partir de la influencia de las distintas camillas que buscaban el favor real p gubernamental. En oposición al régimen entre 1847 y 1848 se reactivó el carlismo catalán a favor de Carlos VI, que inició la “guerra del matiners” o segunda guerra carlista. El ciclo revolucionario (1848) se dejó sentir en las barricadas de mayo en Madrid, Sevilla y Barcelona, Narváez aplicó una dura represión . Surgió el Partido Demócrata (1849) que defendió el sufragio universal y la libertad de asociación, atrajo a sectores del progresismo y aglutinó a republicanos cercanos al socialismo utópico. Entre (1852-1854) los diferentes gobiernos fueron incapaces de frenar el desgaste moderado al conocerse casos de corrupción vinculados a contratas del ferrocarril. En este contexto, los puritanos, el grupo más cercano al progresismo, y sectores del ejército optaron por el pronunciamiento. La segunda etapa fue el Bienio Progresista (1854-1856), el fracaso en Vicálvaro del pronunciamiento de O'Donnell obligó a buscar un mayor apoyo social a través del el Manifiesto de Manzanares, que recogía demandas progresistas como la reforma de la Ley electoral, la reducción de impuestos y la restauración de la Milicia Nacional. Isabel II aceptó un gobierno presidido por Espartero y O'Donnel al frente del Ministerio de Guerra. La convocatoria de Cortes constituyentes con la Ley electoral de 1837 permitió una mayoría a progresistas y unionistas, las nuevas Cortes aprobaron un proyecto de Constitución (1856) que la Corona rechazó, también aprobaron la Ley de Desamortización civil y eclesiástica (1855) por Madoz, que afectó a la propiedad de uso colectivo. También aprobaron la Ley General de Ferrocarriles (1855) que regulaba la construcción de líneas ferroviarias y ofrecía ventajas fiscales y subvenciones a las empresas constructoras y una Ley de sociedades bancarias y crediticias de 1856 que facilitaría la inversión ferroviaria. Esta legislación se completó con nuevas iniciativas como; la puesta en marcha del telégrafo, la ampliación de la red de carreteras, el fomento de las sociedades por acciones y el desarrollo de minería. Las nuevas medidas del Gobierno no mejoraron las condiciones de vida de las clases populares y este descontento derivó en una conflictividad social, en Cataluña se declararon huelgas en las fábricas derivando en la primera huelga general el 2 de julio de 1855. En los primeros meses de 1856, la conflictividad se extendió produciendo levantamientos campesinos en Castilla. Debido a la conflictividad social, O'Donnel rompió su colaboración con Espartero provocando la caída de los progresistas y facilitando el regreso de los moderados al poder cuando el general Narváez recuperó la presidencia del gobierno (1856). La tercera etapa fue la Unión Liberal y la crisis del moderantismo (1856-1868) donde O'Donnel presidió (1856-1863) al frente de la Unión Liberal (partido del centro). En la política interior, se potenció la expansión del ferrocarril, el desarrollo industrial y la entrada de inversores de capital extranjero, y en la política exterior, donde hubo intervenciones en África, América y Asia, con la intención de ampliar la expansión territorial y el prestigio social pero no reportaron ganancias y fueron inútiles y costosas. La crisis del moderantismo, a partir de 1863 se sucedieron gobiernos moderados inestables e ineficaces que causaron una serie de problemas; la reina fue desprestigiada, la imposibilidad del moderantismo de responder a las demandas sociales y de participación política de los ciudadanos, el malestar por la crisis industrial, financiera y de subsistencia (1866), la represión estudiantil y la sublevación de los sargentos del Cuartel de San Gil que fueron fusilados. Los progresistas liderados por el general Juan Prim y demócratas reaccionaron preparando pronunciamientos y concertando el pacto de Ostende (Bélgica, 1866). Poco después miembros de la Unión Liberal también se incorporaron a esta alianza. En septiembre de 1868 hubo una sublevación que provocó la caída de la dinastía borbónica y la esperanza de plantar un régimen democratico en España.
La restauración de la monarquía borbónica en Alfonso XII fue el producto de la preparación durante el Sexenio Democrático, donde el protagonista fue Antonio Cánovas de Castillo, los pasos que siguió para conseguir el gobierno de España fueron: la abdicación de Isabel Il en favor de Alfonso XII (1870), la creación de un “partido alfonsino” donde atrajo a diputados de las Cortes y su programa se reducía en 'paz y orden', y el último paso fue el papel decisivo de Alfonso XII en el ejército y en el lobby esclavista, formado por grandes terratenientes propietarios de mano de obra esclava sobre todo en Cuba. El 1 de diciembre de 1874, Alfonso XII dirigió desde Sandhurst un manifiesto a la nación redactado por Cánovas, este defendía unas ideas básicas: una monarquía constitucional liberal, ideales religiosos y una España unida, después de este manifiesto , el 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos se pronunció en Sagunto y proclamó rey a Alfonso XII. El sistema de Restauración es un sistema bipartidista, dominado por el Partido Conservador liderado por Cánovas (1875), formado por miembros del partido moderado, unionistas y progresistas. Y el Partido Liberal liderado por Sagasta, formado por demócratas, radicales y republicanos. La consolidación del turnismo tuvo lugar tras la muerte de Alfonso XII (1885), durante la regencia de Maria Cristina, tras el llamado pacto de El Pardo entre Canovas y Sagasta, que se comprometieron a apoyar la regencia para defender la monarquía de la amenaza carlista y republicana. El resto de partidos estaban excluidos. La clave de este sistema era la intervención del gobierno en las elecciones, para esto se elaboraba el encasillado y luego los gobernadores civiles controlaban a los electores para que votaran al candidato designado previamente. Se creó el caciquismo que era el control del poder sobre zonas rurales por personas de gran influencia y el pucherazo consistía en las alteraciones de las actas de personas inexistentes en el censo. Las nuevas medidas del nuevo régimen consistían en, lograr el apoyo de la iglesia, suspender los periódicos de la oposición, establecer una nueva política y tribunales especiales para los delitos de imprenta, crear un ejército amigo y elaborar la Constitución de 1876. Esta era un texto breve con 89 artículos, elaborado por Cortes Constituyentes, los principios que defendía eran; una soberanía compartida entre Rey-Cortes, una amplia declaración de derechos y libertades pero en la práctica eran muy limitados, un estado confesional que reconocía la libertad de culto en el ámbito privado, un sufragio censitario hasta 1890 que se instauró el universal, unas cortes bicamerales donde el Congreso era electivo y el Senado mixto y finalmente el rey aumenta sus funciones a través de un poder ejecutivo que tiene el mando del ejército y un poder legislativo compartido con las Cortes. Hubo varios sectores que se opusieron al sistema canovista, el carlismo, el representante de este era Ramón Nocedal, que acercó al carlismo al catolicismo intransigente, tras la muerte de Alfonso XII, se dividió en dos, la decisión intransigente de 1888 y las Juntas Tradicionales que eran órganos de coordinación y propaganda en las provincias. El republicanismo, sufrió represión y tuvo que hacer frente al desencanto de sus seguidores, tiene unos puntos básicos como; la república como forma de Estado, reformas para favorecer a los grupos sociales necesitados, la fe en la ciencia y educación, y la separación de la iglesia y el Estado. El nacionalismo catalán, cuyos orígenes se sitúan por los años treinta del siglo XIX en torno a la Renaixença, fue un movimiento cultural de carácter literario y cultural que derivó en políticos. Tiene nuevos rasgos por la concepción de la nación de Cánovas de base uniforme y centralista, hubo dos modelos, el republicanismo federal catalán que reclamaba la soberanía para Cataluña,dirigido por Valenti Almirall, y el de carácter conservador y corporativo representado por la Unió Catalanista, donde en la Asamblea de Manresa (1892) se aprobaron las bases para la Constitución Regional Catalana que reclamaba la restauración de las instituciones históricas y el traspaso a Cataluña de las competencias políticas. En 1901 Prat de la Riba creó la Liga Regionalista, partido nacionalista catalán. El nacionalismo vasco se basó en tres elementos, el fuerismo, las guerras carlistas que acabaron con la abolición de los fueros y el proceso industrializador que provocó la llegada de inmigrantes. La literatura fuerista fue la base de este nacionalismo, el líder era Arana que en 1894 fundó y presidió una sociedad católica muy cerrada que fue lo que hizo que creara el Partido Nacional Vasco (PNV) (1895). Arana reivindicó la raza, la lengua y las costumbres tradicionales con un carácter xenófobo y racista. El movimiento obrero, era la actividad política y social de los obreros y campesinos para mejorar su situación y defender sus derechos. Dos etapas, la primera, desde comienzos del siglo XIX hasta 1868 aparecieron asociaciones de trabajadores por el ludismo, el aumento de la conflictividad laboral, el comienzo de huelgas y por los primeros periódicos obreros. La segunda, se divide en dos, el anarquismo, fue fundado por Giuseppe Fanelli, hubo una separación de la política oficial causada por la deslealtad de los políticos para cumplir las mejoras sociales (1868). El área geográfica era el tercio mediterráneo, Barcelona, Zaragoza y las provincias bajas de Andalucía. Sagasta hizo que el anarquismo retornara a la legalidad, creando así la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) que optó por la resistencia solidaria y pacífica, pero se vieron afectados por sectores partidarios de la violencia. Así surgió la Mano Negra a la que se le atribuyeron varios asesinatos. La otra parte era el socialismo, fundado por Pablo Iglesias (1879) que creó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el cual en 1881 fue legalizado. En 1888 se fundó la Unión General de los Trabajadores (UGT), sindicato socialista. En 1890 se celebraron por primera vez el 1º de mayo con manifestaciones.