Guerra Civil Española: Revolución y Contrarrevolución en los Bandos

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Revolución y Contrarrevolución en la Guerra Civil Española

Evolución Política en la Zona Republicana

El 18 de julio de 1936 comenzó un proceso de revolución social sin dirección centralizada. El poder legalmente constituido fue sustituido por un poder popular sin unidad ni coherencia política, en manos de los partidos de izquierda y de las organizaciones obreras.

El gobierno presidido desde el 19 de julio de 1936 por José Giral, perteneciente a la izquierda republicana, se vio incapaz de imponer su autoridad y quedó desplazado. El Estado quedó así desarticulado y emergieron múltiples y dispersos poderes revolucionarios.

Diferentes comités revolucionarios pusieron en marcha una dura y terrorífica represión. Durante los primeros meses de la guerra, grupos milicianos persiguieron y asesinaron a los seguidores de la derecha. También se produjeron asaltos a prisiones, ascendiendo el número de víctimas a 50.000.

Desde el principio, el bando republicano careció de unidad política. A las tensiones anteriores se añadieron las existentes entre los gobiernos autónomos.

Por otra parte, los anarquistas entendían que vencer la guerra y completar la revolución económico-social debían ser procesos paralelos e inseparables. Asimismo, muchas fábricas fueron socializadas pasando a ser controladas por comités sindicales. El modelo más logrado de colectivización se dio en la industria catalana.

Por el contrario, los comunistas y socialistas que controlaban el centro y el sur del país consideraban que el desarrollo de la revolución impedía una lucha eficaz. En Madrid fueron confiscados y socializados casi todos los cines, teatros, hoteles, fábricas, ferrocarriles...

Largo Caballero, que presidía desde septiembre de 1936 un gobierno de unidad, intentó posponer la revolución, frenar la colectivización y concentrar casi todos los esfuerzos en vencer la guerra. La centralización del poder encontró numerosos obstáculos.

En mayo de 1937 estalló la crisis, con los anarquistas y comunistas totalmente enfrentados derivando en choques armados.

Los partidos republicanos fueron perdiendo peso a favor de las fuerzas obreras y dentro de ellas ganaron peso los comunistas. El PCE, respaldado por la URSS, incrementó su influencia situando hombres en puntos clave. Esta tendencia se acentuó con la llegada a la presidencia del gobierno de Negrín. Triunfaba la idea de "ganar la guerra antes de hacer revolución".

El desmoronamiento republicano se aceleró con los reveses militares. En febrero de 1939, Azaña presentó la dimisión y marchó a Francia.

Los republicanos del sector casadista se enfrentaron a tiros contra los partidarios de Negrín en Madrid. Tras lograr imponerse, el coronel Casado se decidió a negociar la entrega de Madrid al bando franquista.

Sin duda, la quiebra del poder central gubernamental y la fragmentación política debilitaron al bando republicano, convirtiéndose así en una de las causas de su derrota final.

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