Los Grandes Maestros de la Escultura Griega: Fidias, Policleto, Praxíteles y Lisipo
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Fidias y el Clasicismo Pleno
El ideal de belleza en la Atenas de Pericles
Fidias es el plasmador de los ideales de un mundo y una época en la que la Atenas de Pericles está en su mayor auge, aunque esta situación se demostrará ficticia. El artista llega a la cumbre de la escultura griega y del clasicismo. Consigue crear seres perfectos y grandiosos, conquistando el ideal de belleza (mediante la sophrosyne o equilibrio), en los que se ha eliminado toda imperfección, si bien su evolución final llegará a una mayor veracidad (como se observa en la Amazona herida).
Se especializó sobre todo en la representación de dioses, como por ejemplo, para la Acrópolis, la diosa Atenea en tres momentos distintos:
- Atenea Promacos: La que combate en primera línea.
- Atenea Lemnia: De carácter más sereno y pacífico.
- Atenea Pártenos: La monumental estatua criselefantina del Partenón.
La decoración del Partenón y el "Estilo Bello"
Se le atribuye a Fidias la dirección de la decoración del Partenón, incluyendo las metopas, los frontones y el friso. La influencia de este escultor y del Partenón en toda la Hélade se desarrolla en la evolución de este estilo (Clásico Pleno) hacia el llamado "Estilo Bello". Esta corriente, técnicamente fidiaca, mejora la técnica de los paños mojados y destaca por la delicadeza de los rasgos, como se puede apreciar en la famosa obra de la Niké atándose la sandalia.
Policleto y la búsqueda del canon perfecto
El Kanon y la Symmetria
Policleto fue una gran influencia entre sus contemporáneos y las generaciones siguientes. Su interés por la reproducción del cuerpo masculino perfecto le lleva a la representación de atletas. Sus ideas respecto a este ideal las plasma en su obra teórica, el Kanon, que señala como base de esta perfección la symmetria (la correcta proporción entre las partes). El Doríforo es el modelo que encarna este ideal descrito en su tratado teórico.
La perfección del contrapposto
Perfeccionó el contrapposto, equilibrando los efectos de carga y descarga del cuerpo, la tensión y el reposo. Esto proporciona a sus figuras flexibilidad y un movimiento contenido en forma de 'S', un recurso que marcará un hito en la historia del arte.
Praxíteles: La humanización de los dioses
Una nueva iconografía divina
En el siglo IV a.C., Praxíteles crea una nueva iconografía divina más humana, dando lugar a los conocidos como 'dioses de Praxíteles'. Ofrece una nueva visión de la religión, en la que por primera vez se representa a un dios en un estado de absoluta felicidad, pareciendo desentenderse por completo de los problemas de los humanos. Sus esculturas se caracterizan por:
- Cuerpos suaves con prolongadas y graciosas curvas (la 'curva praxiteliana').
- Figuras alargadas con una blandura típicamente femenina.
- Transiciones difuminadas entre las distintas partes del cuerpo.
- Expresiones vagas y dulces, lo que supone la primera representación del pathos (emoción y sentimiento).
Además, su composición, más pictórica, resalta los elementos de apoyo, que cumplen una doble función: de soporte y decorativa.
Obras destacadas
Cabe destacar obras como el Hermes con Dioniso niño y, especialmente, la Afrodita de Cnido. Esta última fue la primera vez que una diosa se representaba completamente desnuda, convirtiéndose en el primer ideal de belleza femenina y estableciendo el canon de la 'Afrodita púdica' para el futuro.
Lisipo: La transición al Helenismo
Un nuevo canon y la tercera dimensión
Lisipo, escultor de Alejandro Magno, representa la transición del Clasicismo tardío al Helenismo. Para este escultor, el punto de partida es tanto el Doríforo de Policleto como la propia naturaleza. Pretendía representar al hombre tal y como se le veía, pero no llegó a abandonar por completo la influencia idealista.
Lisipo propone un nuevo canon humano, más esbelto y con una cabeza más pequeña. Por otra parte, conquistó el escorzo y la verdadera tercera dimensión, desarrollando una técnica que permite y exige la observación de la escultura desde distintos puntos de vista.
El Apoxiomeno: entre el idealismo y el realismo
Su obra maestra, el Apoxiomeno, representa por primera vez a un atleta en un momento cotidiano y no idealizado. En esta escultura se funden el idealismo clásico y un nuevo realismo que será ampliamente cultivado en la época helenística.