Gestión de Conflictos en el Aula: Dinámicas de Interacción entre Alumnos y Docentes

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Situaciones conflictivas con origen en la relación alumnos-docente

Existen diversos escenarios donde la interacción entre el profesorado y el alumnado puede generar tensiones significativas que afectan el proceso de enseñanza-aprendizaje:

  1. Discrepancia en las expectativas del rol: Cuando la versión que el profesor da a su rol no está de acuerdo con las previsiones y expectativas que sobre él tenían sus alumnos. Así, puede ocurrir que el docente no sabe situarse a la misma altura que el grupo, por ejemplo, en lo referente a la proporción de autonomía-dirección con la que el grupo está acostumbrado a actuar.
  2. Ejercicio deficiente de la función tutorial: Cuando el docente no ejerce su función tutorial de forma que la tutoría se ejerce como un rol no querido, por los motivos que sean.
  3. Falta de competencias profesionales: Cuando al docente le faltan cualidades para desempeñar el rol de manera efectiva.
  4. Condicionamientos institucionales y frustración: Cuando el docente cifra en el desempeño de su rol una posibilidad que luego resulta inviable en la realidad, por los habituales condicionamientos de la estructura formal institucional en la que su actuación ha de desenvolverse. En estos casos suele ocurrir que el propio docente, frustrado, predisponga al grupo hacia una actitud de enfrentamiento con la institución.
  5. Incoherencia entre roles: Frecuentemente se generan conflictos porque el docente no consigue la coherencia y compenetración entre los dos roles, en ocasiones dispares, de tutor y profesor que ha de desempeñar con un mismo grupo.

¿Cómo se debe actuar ante un conflicto surgido dentro del aula?

Otra cuestión que también debe sugerir reflexión a un docente es la siguiente: ¿Cómo se debe actuar ante un conflicto surgido dentro del aula? Lo primero que hay que hacer es aceptar su existencia y, a continuación, intentar resolverlo analizando sus elementos y componiendo una solución superadora de la tensión.

Indicadores para la detección de conflictos

Algunos comportamientos propuestos como indicadores que pueden ayudarnos a detectar la presencia de un conflicto más o menos cristalizado, como los que acabamos de describir, son:

  • Atacar ideas antes de que se expresen.
  • Argumentar las ideas propias de forma violenta.
  • Existencia de un clima de impaciencia generalizada.
  • Existencia de personas que desconfían de la capacidad del grupo y que hablan mal de él.
  • Se producen acusaciones entre los miembros del grupo clase.
  • Se ha generado una polarización del grupo entre dos bandos enfrentados.
  • Se genera una incapacidad grupal para tomar decisiones de forma consensuada.

El proceso de afrontamiento y resolución

Una vez detectada la existencia de un conflicto, el siguiente paso es afrontarlo con objeto de superar esa situación de tensión. Afrontar un conflicto no es tarea fácil y no siempre se tiene la capacidad, serenidad de ánimo y competencia para ello. La forma en que abordamos nuestros propios conflictos la proyectamos, más o menos conscientemente, en el modo de resolver los problemas en nuestro centro.

Fases sucesivas para la solución de un conflicto

Podemos afirmar que la solución de un conflicto implica cuatro procesos sucesivos fundamentales:

  • Clarificación del problema: Identificación precisa del conflicto y de los elementos que lo integran.
  • Motivación de los afectados: Esta clarificación exige implicar a los más comprometidos en el conflicto. Para ello es necesario motivar a los afectados para buscar una salida constructiva.
  • Aceptación personal y recíproca: Esta motivación debe llevar a la aceptación personal y al reconocimiento mutuo entre las partes.
  • Buena estructuración del grupo: Si los procesos anteriores se realizan correctamente, el resultado final será la buena estructuración del grupo y el fortalecimiento de sus vínculos.

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