Generación del 27: poesía, exilio y narrativa española (años 30-50)
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1. La poesía del 27
Con esta denominación, o la Generación del 27, se conoce a un grupo de poetas jóvenes que brillaron en las décadas de los años 20 y 30. Mantuvieron relaciones personales y numerosos intercambios literarios, y estuvieron vinculados a la Residencia de Estudiantes de Madrid, que en la época era uno de los focos culturales más importantes.
Nómina y rasgos comunes
La nómina de los autores que pertenecen al grupo es la siguiente: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Luis Cernuda. Otros nombres que también se incluyen son Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.
Se ha discutido mucho si se trata o no de una generación, pues parece que no cumplen todos los requisitos teóricos para ser considerados como tal (no tienen caudillo, no se alzan contra nada, no hay un hecho nacional o internacional que los unifique necesariamente y tampoco existe una técnica o inspiración común, porque cada poeta brilla con su voz personalísima). Pero, sean o no una generación, el hecho cierto es que forman un grupo compacto que abre una nueva época en la literatura española con una extraordinaria brillantez poética.
Rasgos comunes
Los poetas del 27 concilian y superan las tendencias que luchaban en la poesía española; son una síntesis de varias actitudes ante la literatura, varios conceptos que armonizan y equilibran.
- La mayoría considera la poesía como inspiración y trabajo al mismo tiempo: tienen una concepción romántica y clásica simultáneamente de la literatura: lucidez e inspiración.
- Combinan la pureza estética y la autenticidad humana. En su primera etapa el grupo es partidario del esteticismo (el arte por el arte). Con el paso del tiempo la poesía se rehumaniza, pero sin abandonar el rigor estético.
- Se sitúan entre el arte de minorías y la inmensa compañía: ninguno de los poetas del 27 llega a cumplir el lema de Juan Ramón Jiménez de dirigirse solo “a la minoría”; combinan tradición culta y elementos populares (por ejemplo, la fusión entre lo oculto y lo popular en Lorca y Alberti).
- Armonizan lo hispánico y lo universal: recuperan y reivindican fuentes de la tradición literaria española (desde el romancero y los clásicos del Renacimiento y Barroco hasta Bécquer) y, al mismo tiempo, están abiertos a las últimas corrientes artísticas (las vanguardias) y las asimilan.
Etapas
Dámaso Alonso y Luis Cernuda han señalado varias fases en la evolución del grupo. Podemos hablar de tres grandes etapas:
Primera etapa: hasta 1927
En las primeras producciones que aparecen en revistas se nota la influencia de Bécquer y del modernismo. También se dejan sentir los influjos de las primeras vanguardias, como puede verse en obras tituladas Imagen (u otras publicaciones afines). Por otra parte, influye en esta etapa la poesía pura de Juan Ramón Jiménez (Cántico), la obra de Jorge Guillén y las canciones de Federico García Lorca. Otra tendencia es el neo-popularismo, es decir, el rescate de formas tradicionales como el romance o las cancioncillas de sabor popular: ejemplos de ello son Romancero gitano de Lorca y Marinero en tierra de Alberti. Al final de esta etapa, el esteticismo y la ansiedad por la perfección formal desembocan en el fervor por Góngora. Los poetas del 27 incorporan técnicas y metáforas gongorinas, como se aprecia en Versos humanos de Gerardo Diego, Cal y canto de Rafael Alberti o en las églogas, elegías y odas de Luis Cernuda.
Segunda etapa: de 1927 a 1936
Hacia 1930 comienza a notarse en el grupo cierto desgaste del esteticismo y se inicia un proceso de rehumanización más rápido en unos que en otros; en todos hay, no obstante, un deseo de expresar sentimientos personales. Ello coincide con la erupción del surrealismo. Pasan a primer término los sentimientos humanos: el amor, el ansia de plenitud, las frustraciones, las inquietudes existenciales y el compromiso político y social. Aparecen imágenes irracionales y el verso libre —como ocurre en Poeta en Nueva York de Lorca—; en Vicente Aleixandre afloran temas de destrucción y amor; en Alberti surgen imágenes oníricas y en Cernuda la exploración de lo prohibido y de los placeres y recuerdos personales.
Tercera etapa: desde 1936 hasta el exilio o la muerte de Lorca
Tras la Guerra Civil, la trayectoria vital de los poetas del 27 sufre duros cambios: el asesinato de Lorca y la partida hacia el exilio de la mayoría de los miembros del grupo —todos menos Aleixandre, Dámaso Alonso y Gerardo Diego—. En el exilio, Guillén, Salinas, Cernuda, Prados, Alberti, Altolaguirre y otros inician ciclos poéticos diferentes; en todos hay textos de enfrentamiento verbal con los vencedores de la guerra. Son destacables algunas obras: Guillén escribe Clamor; El contemplado de Salinas; Desolación o La quimera de Cernuda; Retornos de lo vivo lejano de Alberti; Hijos de la ira de Dámaso Alonso; Historia del corazón de Vicente Aleixandre.
Escritoras de la Generación del 27
Entre las voces femeninas vinculadas al entorno del 27 destacan Josefina de la Torre, Ernestina de Champourcín y Concha Méndez. Aquí encontramos también a las integrantes del movimiento conocido como Las Sinsombrero, recuperadas por investigaciones como las de Tania Balló.
2. La novela del exilio
La Guerra Civil provocó el exilio de un gran número de escritores, que configuran la llamada «España peregrina». Son muchos autores y solo algunos han alcanzado un justo reconocimiento. En todos ellos aparecen tres constantes: el recuerdo del conflicto bélico en España, la presencia de nuevos lugares donde vivir y la reflexión sobre la naturaleza y la existencia del ser humano.
Destaquemos cómo muestran lo siguiente:
Francisco Ayala se consolidó como novelista de vanguardia con obras como El boxeador y un ángel y posteriormente Muertes de perro. Escribió relatos que le llevaron a la fama, muchos de ellos centrados en la guerra civil; entre la recopilación de sus cuentos más importantes se cuentan Los usurpadores o Historia de macacos. Es importante su labor de ensayista dedicada a grandes escritores como Unamuno, Cervantes o Galdós. Su estilo creativo se caracteriza por la claridad estructural, la crítica social y la preocupación moral en la actitud de los personajes.
Ramón J. Sender es autor de una obra muy amplia, siempre atenta a los problemas sociales y existenciales del ser humano, escrita en su mayoría en el exilio mexicano y norteamericano. Las novelas anteriores a la guerra responden a un realismo directo (por ejemplo, Siete domingos rojos). La guerra civil aparece tratada de forma simbólica en El rey y la reina y el tema de España en Réquiem por un campesino español.
Rosa Chacel —toda su obra marcada por un carácter intelectual e intimista— evoca el pasado con claras influencias de Joyce y Proust. Su dominio del tratamiento del tiempo es uno de sus rasgos más característicos (Memorias de Leticia Valle, Estación de ida y vuelta).
Max Aub: el tema principal de su obra es el ser humano como ser social, político y moral. Destacan La calle de Valverde y el ciclo El laberinto mágico, centrado en la guerra civil. Narrador de factura vanguardista en sus comienzos, se caracteriza por un léxico brillante y metáforas originales.
3. La narrativa de los años 40
Después de la guerra se produjo un estancamiento del género narrativo. Se publicaron novelas que narran la guerra desde el punto de vista de los vencedores y novelas de evasión con asuntos sentimentales, alejadas de la desolación y la miseria del momento. La mayoría de los novelistas de esta época defendieron al bando vencedor. Sin embargo, hay dos novelas en la década de los 40 con una visión muy crítica de la realidad: La familia de Pascual Duarte y Nada.
De Camilo José Cela podemos decir que fue un autor muy prolífico: cultivó la novela, el teatro, la poesía, el ensayo, los libros de viajes y los artículos periodísticos. Los rasgos más significativos de su narrativa son el ingenio, el estilo bronco, el costumbrismo y la atracción por la violencia, el sexo y lo morboso. En 1989 recibió el Premio Nobel de Literatura.
Otra novela representativa de la nueva novela realista de los años 40 es La sombra del ciprés es alargada, con la que Miguel Delibes ganó el Premio Nadal en 1947. Delibes fue un gran conocedor del entorno geográfico de Castilla, amante del mundo rural, y supo plasmar como nadie el amor a la tierra y el paisaje.
A principios de los años 50 se produjo un renacimiento del género narrativo. En este cambio participaron autores que ya publicaron en los años 40, como Cela (La colmena), Delibes (El camino) y Torrente Ballester (Los gozos y las sombras).
El hecho decisivo de esta década es la aparición de una nueva generación de narradores jóvenes —la llamada generación del medio siglo— que desarrollará un nuevo tipo de novela, llamada novela social. Los narradores de la generación del medio siglo partían de la idea de que la literatura debía reflejar y denunciar la situación social; su objetivo era conseguir que la gente tomara conciencia de las injusticias y las desigualdades.
Algunos de sus nombres son: Juan Goytisolo (Juegos de manos), Jesús Fernández Santos (Los bravos), Ignacio Aldecoa (Con el viento solano), Carmen Martín Gaite (Entre visillos), Ana María Matute (Pequeño teatro) y Rafael Sánchez Ferlosio (Industrias y andanzas de Alfanhuí, además de El Jarama).
Veamos a continuación más detenidamente algunos autores:
Camilo José Cela
Cela inaugura esta tendencia con La colmena. Esta obra es una descripción ácida de la sociedad madrileña de 1942 a través de una multitud de personajes que muestran retazos de vida presentados en secuencias. Descubrimos la vida cotidiana llena de penurias en Madrid: personas que solo se mueven por el dinero, la comida o el sexo; una ciudad sucia, dominada por la miseria, la insolidaridad, el miedo y la represión, donde apenas queda un resquicio para la esperanza.
Rafael Sánchez Ferlosio
Recibió el Premio Nadal en 1955 por El Jarama. La novela relata la excursión a la ribera del río Jarama de unos jóvenes de Madrid durante dieciséis horas; el ambiente es realista, aunque está impregnado de cierto fatalismo que anuncia la muerte de una de las jóvenes. Debajo de esta realidad se esconde otra, también trágica: el río como escenario de una de las batallas más sangrientas de la Guerra Civil.
Carmen Martín Gaite
Comenzó a despuntar con las novelas El balneario y Entre visillos. Esta última, de corte realista y crítico, relata la vida cotidiana de jóvenes en una ciudad de provincias que viven sometidas a un ambiente monótono y sin expectativas hasta que aparece en sus vidas un profesor cuya personalidad choca con el conformismo dominante.