Galba y César en la Galia: campaña contra los Vénetos y sucesos en Vannes
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III,6(4) Galba, no queriendo probar...
Pasada esta refriega, y no queriendo Galba tentar otra vez la fortuna, atento a que el suceso de su jornada fue muy diverso del fin que tuvo en venir a invernar en estos lugares; sobre todo, movido por la escasez de bastimentos, al día siguiente, pegando fuego a todos los edificios del burgo, dio la vuelta hacia la provincia y, sin oposición ni estorbo de ningún enemigo, condujo sana y salva la legión, primero a los Nantuates y de allí a los Alóbroges, donde pasó el resto del invierno.
III,7(1) Toda la Galia parecía pacífica...
Después de estos sucesos, cuando todo le persuadía a César que la Galia quedaba enteramente apaciguada —por haber sido sojuzgados los belgas, ahuyentados los germanos y vencidos en los Alpes los sioneses— y, confiado, entrado el invierno se partiese para Ilírico con deseo de visitar también estas naciones y enterarse de aquellos países, se suscitó de repente una guerra imprevista en la Galia.
III,8(1) Descripción de los Vénetos...
La república de estos últimos es la más poderosa entre todas las de la costa, puesto que tienen gran número de navíos con que suelen ir a comerciar en Bretaña. En la destreza y uso de la náutica se aventajaban estos a los demás, y, como son dueños de los pocos puertos que se encuentran en aquel golfo borrascoso y abierto, tienen puestos en contribución a cuantos por él navegan.
III,10(3) César se incorpora al ejército...
Por tanto, considerando que casi todos los galos son aficionados a novedades, dados a provocar guerras con facilidad y que todos los hombres naturalmente son celosos de su libertad y enemigos de la servidumbre, antes de que otras naciones se ligasen con los rebeldes, acordó dividir en varios trozos su ejército, distribuyéndolo después por las provincias.
III,11(1-3) Órdenes de César...
Con este fin envió a los Trevirenses, que lindan con el Rin, al legado Tito Labieno con la caballería, encargándole visitase de pasada a los Remenses y demás belgas y los tuviese a raya; que si los germanos, llamados, según se decía, por los belgas, intentasen pasar a la fuerza el río en barcas, se lo estorbase. A Publio Craso, con doce cohortes de las legiones y buen número de caballos, manda ir a Aquitania para impedir que desde allí suministren socorros a la Galia y se coliguen naciones tan poderosas.
III,17(1-2) Mientras tiene lugar la guerra...
Mientras esto pasaba en Vannes, Quinto Titurio Sabino llegó con su destacamento a la frontera de los Unelos, cuyo caudillo era Viridovige, así como de todas las comunidades alzadas, donde había levantado un grueso ejército.
III,18(1-2) Sabino convence a un galo...
Cuando era más válida esta opinión de su miedo, puso los ojos en cierto galo de las tropas auxiliares, hombre abonado y sagaz, a quien con grandes premios y ofertas persuadió para que se pasara a los enemigos, dándole sus instrucciones.
III,18(5-6) El galo del ejército romano...
Lo mismo fue oír esto que clamar todos a una voz que no era de perder tan buen lance; que era preciso ir contra ellos. Muchas razones los incitaban a ello:
- la irresolución de Sabino en los días precedentes;
- el dicho del desertor;
- la escasez de bastimentos, porque por un descuido estaban mal provistos;
- la esperanza de que venciesen los vaneses;
- y, en fin, porque ordinariamente los hombres creen fácilmente lo que desean.
Notas y observaciones
Se han corregido abreviaturas y errores ortográficos para mejorar la lectura y la coherencia del texto. Los nombres propios (Galba, César, Vénetos, etc.) se han mantenido y destacado cuando procede para facilitar la identificación de los protagonistas y lugares clave.