Futurismo y Dadaísmo: Pilares de la Vanguardia Artística Moderna
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Futurismo: Orígenes y Características de la Vanguardia
El futurismo se considera uno de los primeros movimientos de vanguardia, marcando un hito en la historia del arte moderno. Su nacimiento se remonta a 1909, año en que su fundador, el italiano Filippo Tommaso Marinetti, publicó en París el primer manifiesto que definió sus principios y aspiraciones.
Rasgos Distintivos del Futurismo
Entre los rasgos más destacados de este movimiento, se encuentran:
- Temas Centrales: La velocidad, el riesgo, el peligro, lo moderno, las máquinas, la violencia, los deportes, la guerra, el militarismo y las fábricas. Estos elementos reflejaban una fascinación por el progreso y la ruptura con el pasado.
- Reformas Literarias Innovadoras:
- Destrucción absoluta de la sintaxis tradicional.
- Sustitución de los signos de puntuación por signos matemáticos y musicales.
- Supresión del "YO" lírico para dar paso a una expresión más objetiva y universal.
- Primacía de la imaginación sin ataduras de ningún tipo.
- Alteración y juego con la tipografía para crear efectos visuales y enfatizar el dinamismo.
- Espíritu y Filosofía:
- Odio a la inteligencia en favor de la intuición y el instinto.
- Ruptura radical con todo lo pasado y lo establecido.
- Espíritu iconoclasta, manifestado en la ruptura con las convenciones culturales y artísticas.
- Optimismo y vitalidad, celebrando la energía y el dinamismo de la vida moderna.
El futurismo fue especialmente valorado por su talante dinámico y su abierta rebelión frente a los academicismos. Sus llamadas al riesgo, como la famosa proclama "Queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad", resonaron con el espíritu de la época, incluso influyendo en posteriores discursos que animaban a "vivir peligrosamente". El movimiento defendió un sentido de la modernidad basado en la velocidad y el maquinismo, visto este último como un instrumento del poder humano. Asimismo, promovió una visión de horizontes y de infinitos, la defensa de lo intuitivo y la invención, la utilización del humor, y sus ataques a la moralidad imperante y a "todas las cobardías".
Dadaísmo: La Negación Absoluta del Arte
El dadaísmo, un movimiento artístico y literario radical, tuvo su origen en Zúrich en 1916, en plena Gran Guerra. Un grupo de artistas, entre los que se encontraban Hugo Ball, Hans Arp y Richard Huelsenbeck, a quienes más tarde se uniría el poeta rumano Tristan Tzara, iniciaron una serie de sesiones en un bar rebautizado Cabaret Voltaire. Su intención, en palabras de Ball, era lanzar "los más estridentes panfletos […] y para rociar adecuadamente con lejía y burla la hipocresía dominante".
Dadá pretendía ser diferente, no conformar un movimiento más. Los dadaístas buscaban acabar con el arte, bueno o malo, y con la noción misma de literatura, representando la negación absoluta. De ahí que su nihilismo, en última instancia, los llevara a un callejón sin salida. Tzara explicó tardíamente, en 1950, que para comprender muchos de los supuestos del dadaísmo era necesario imaginar la situación de unos jóvenes "prisioneros en Suiza" en 1914, dominados por un profundo rechazo hacia toda forma de civilización moderna, incluido el lenguaje.
El Manifiesto Dadá y su Legado
El Manifiesto Dadá no apareció hasta 1918, momento en el que Tristan Tzara entró en contacto con figuras clave como André Breton, Louis Aragon, Paul Éluard y Francis Picabia. La categorización de Tzara sobre el movimiento fue contundente:
"Protesta con los puños de nuestro ser: Dadá: Abolición de la lógica, danza de los impotentes para crear: Dadá: Chillidos de los colores crispados, entrelazamiento de las contradicciones grotescas y de las inconsecuencias: La Vida"
Del dadaísmo surgirían elementos cruciales que serían posteriormente adoptados por los surrealistas, como el gusto por la sorpresa y el escándalo (manifestado en insultos, violencia, agresión, histrionismo y humor) y un marcado afán experimental. Este último, a su vez, procedía del futurismo, lo que llevó a Tzara a afirmar que "el futurismo había muerto de Dadá", reconociendo la influencia y la superación de su predecesor.