Fundamentos de la Ética Tomista: De la Voluntad a la Ley Natural
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Ética en Santo Tomás de Aquino
La ética de Aristóteles era eudaimonista y finalista. La de Santo Tomás será también finalista y eudaimonista, pero con la influencia cristiana pertinente. Según Santo Tomás (ST), los actos del hombre son libres y proceden de la voluntad, y el objeto de la voluntad es el bien. Pero ¿qué bien?: algo universal, trascendente: Dios. Todos los bienes y todos los fines están subordinados a ese bien y fin supremo que es Dios.
La Ética como Ordenación hacia Dios
La ética en Santo Tomás es la ordenación de las criaturas, en concreto el hombre, hacia Dios, de quien procede. Dios es su fin último y su bien último. Los seres participan, asimilan e imitan esa bondad divina. Todos los seres desean a Dios. Pero esta primacía de la voluntad se completa con el intelectualismo.
La Felicidad Suprema
La felicidad, el bien, el fin que propone ST es una felicidad perfecta, pero que consiste en una contemplación beatífica de Dios. La felicidad consiste en un acto del entendimiento, no en un conocimiento natural de Dios, sino en verle y conocerle tal como es, por un don de Dios mismo.
Ley Divina y Ley Natural
Pero es Dios quien orienta todas las cosas hacia él. La moral hace relación al gobierno divino del mundo, a la ley divina. Dios gobierna el mundo mediante la ley eterna. Esta ley eterna la participan las criaturas como ley natural.
- Los seres no inteligentes son regidos por las leyes físicas.
- Los seres inteligentes son regidos por la ley moral (aquella parte de la ley eterna que atañe a la conducta humana).
La conducta humana está regida por la conciencia (acto humano por el que aplicamos esos principios a lo que hacemos) y por la virtud (disposición estable para hacer el bien).
Características de la Ley Natural
La ley natural posee las siguientes características:
- Universal: La natura humana es común para todos los hombres.
- Evidente: Los principios han de ser conocidos fácilmente por todos los hombres.
- Inmutable: La natura humana es siempre la misma, así será ley natural solo lo que es conservado inalterado en las distintas sociedades.
La ley natural es participación en esa ley eterna, pero también es expresión de la propia naturaleza humana, y está constituida por los principios a través de los que la naturaleza del hombre alcanza su propia realización. De esta manera, la conducta moral recta se ha de basar en la interpretación y aplicación racional de la ley natural, pues hay que tener en cuenta que la revelación no anula la razón, y que el conocimiento de esos principios de la ley natural es un conocimiento accesible a todos los hombres.
Principios Fundamentales de la Ley Natural
Estos principios o preceptos o fundamentos de la ley natural son:
- El primero y más general: Ha de hacerse el bien y evitarse el mal.
De aquí derivan los demás:
- Conservación del propio ser.
- Las inclinaciones compartidas con los animales, como la tendencia a procrear.
- Las inclinaciones estrictamente humanas: conocer la verdad y vivir en sociedad.
El hábito de estos principios constituye la sindéresis (hábito de los primeros principios, que están en nosotros naturalmente infundidos). La conciencia es el acto por el que aplicamos estos principios a lo que hacemos.
Relación entre Ley Natural y Ley Positiva
¿Qué relación hay entre esta ley natural y la ley positiva?
- La ley positiva es exigencia de la ley natural. La natural exige vivir en sociedad, y la positiva lo que hace es aplicar, concretar la natural, no puede ir en contra de ella, sino especificarla.
- Es una prolongación de la natural: ha de concretar las normas morales generales.
- Tiene que respetar la ley natural.
Conclusión Ética
Es, pues, una ética trascendente, que parte de Dios (él infunde la ley natural en la naturaleza y en la conciencia) y a él se orienta (el fin es conocer a Dios). La ley moral es la totalidad de los dictados de la razón para hacer el bien y evitar el mal. La ley eterna se expresa pasivamente en la inclinación y es promulgada en cada hombre por la razón. La virtud es la disposición estable para hacer el bien.