Fundamentos de la Ética: De los Sofistas a Aristóteles y Kant

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Evaluación de las Éticas Materiales

Se dice que nos encontramos ante una ética material cuando esta tiene un contenido preciso; es decir, cuando se plantea la existencia de un fin cuya conquista guía nuestras acciones. Desde esta perspectiva, un acto humano será bueno cuando nos acerque a la consecución de tal bien supremo, y malo cuando nos aleje de él.

Los Sofistas

Los sofistas planteaban que existía una clara diferencia entre la naturaleza y la sociedad pues, mientras que la naturaleza estaba gobernada por leyes universales y necesarias, para los sofistas no existen leyes universales que regulen el funcionamiento de las sociedades humanas. Estas leyes son leyes convencionales.

Relativismo Moral de los Sofistas

Se destaca la defensa que hacen de la relatividad de las normas morales; esto es, la no existencia de un criterio universal o trascendente para definir los valores morales.

Éticas Formales

La verdadera acción moral no es, por tanto, aquella que aspira a la consecución de un fin, sino la que actúa desinteresadamente, por deber. Este tipo de ética nació en el siglo XVIII, siendo Immanuel Kant su iniciador.

Sócrates

Para Sócrates, la verdadera moral es la que nos conduce a la felicidad y, según él, todos estamos capacitados para conseguirla. Según Sócrates, nadie se equivoca a sabiendas, de tal modo que si alguien actúa de forma incorrecta o inmoral, no debemos interpretarlo en el sentido de que esa persona sea malvada, sino ignorante; esto es, no sabe que lo que hace está mal.

Decimos, pues, que para Sócrates, conocer el Bien nos lleva a actuar bien. Para saber si actuamos bien, plantea la Mayéutica, que consiste en el ejercicio del diálogo. Este es un diálogo formado especialmente a base de preguntas a través de las cuales llega un momento en el que, por sí misma, una persona descubre la verdad de aquello que ignoraba.

Aristóteles

Por un lado, Aristóteles piensa que el ser humano es un ser sociable por naturaleza, que solo encuentra su ser y su sentido en sociedad. Por otro lado, al igual que Sócrates, Aristóteles piensa que la moral atañe a lo más íntimo del individuo, al terreno estrictamente personal, esto es, al margen de la política.

Aristóteles observa a los hombres y se da cuenta de que estos se guían según sus pasiones, buscando fines concretos como el placer, el poder, la gloria, la riqueza, etc. El verdadero fin de la moral, dice Aristóteles, debe ser un fin universal y, para serlo, debe reunir tres características esenciales:

  • Debe ser autárquico: esto es, debe bastarse a sí mismo, sin depender de otra cosa.
  • Debe ser perfecto: esto es, completo, que no le falte nada.
  • Debe ser excelente: esto es, debe ser un fin cuya realización constituya la realización del ser humano.

Aristóteles dice que estas características solo las posee la felicidad. También afirma que no basta el conocimiento para alcanzar el Bien y la felicidad pues, como ya hemos dicho, los hombres se mueven por las pasiones, persiguiendo fines concretos. Para controlar esas pasiones, primero hace falta que las conozcamos y que sepamos que nos desvían del buen camino. Al hacerlo, estaremos capacitados para:

  1. Establecer una serie de hábitos y costumbres que guíen nuestra acción concreta.
  2. Conducirnos con prudencia, lo que significa elegir en cada momento el término medio entre el exceso y el defecto.

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