Fundamentos de la Ética Formal Kantiana frente a la Ética Material Aristotélica

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La superación de la ética material: Kant frente a Aristóteles

Immanuel Kant define su propuesta como una ética formal, con la cual pretende superar las éticas anteriores, denominadas éticas materiales. Para comprender esta distinción, es necesario observar los fundamentos de la ética aristotélica.

La ética material de Aristóteles

La ética aristotélica es el ejemplo paradigmático de una ética material:

  • La felicidad: Es considerada el máximo bien para el hombre o el fin último de todas las acciones humanas.
  • Acciones humanas: Se presentan como medios que nos acercan o nos alejan de dicho fin último.
  • Normas éticas: Son los instrumentos que debemos seguir para alcanzar la felicidad.
  • Acción virtuosa: Es aquella que concuerda con la norma moral, mientras que la acción viciosa es la que se separa de ella.

Las normas morales de la ética aristotélica son claramente materiales, pues poseen un contenido específico sobre lo que debemos hacer.

Crítica kantiana a las éticas materiales

La ética aristotélica presenta los problemas fundamentales que Kant critica en las éticas materiales:

  • Imperativos hipotéticos: Las normas aristotélicas no cumplen los requisitos de universalidad y necesidad, ya que quien no acepte la hipótesis o condición (la búsqueda de la felicidad) no se ve obligado por el imperativo.
  • Heteronomía: No puede presentarse como estrictamente autónoma, porque el sujeto moral no se da a sí mismo la norma. La ética aristotélica es heterónoma, ya que la norma llega al sujeto desde fuera de la propia razón, naciendo de la naturaleza humana y la tendencia natural hacia la felicidad.

La propuesta de la ética formal

Kant sostiene que solo una ética formal puede otorgar universalidad y necesidad a sus principios. Se trata de una ética vacía de contenido que prescribe cómo debemos actuar, no qué debemos hacer.

La intención como eje moral

En la ética kantiana, lo importante de una acción no es la consecuencia o el resultado, sino la intención o el motivo que la impulsa. Una acción es virtuosa no por lo que haces, sino por el cómo y el porqué lo haces.

El respeto a la ley moral

El único motivo moralmente válido es el respeto a la ley moral: cumplo la ley porque es mi deber. Por tanto:

  • Ni la búsqueda de la felicidad, ni el deseo de placer, ni la evitación del dolor o el castigo configuran una acción como moralmente válida.
  • Una acción es buena o virtuosa solo si, sin atender a las consecuencias, es realizada por puro deber.

Frente a la multitud de normas y consejos concretos de Aristóteles, que orientan la conducta buscando siempre el término medio, Kant nos presenta un único imperativo categórico, universal y formal.

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