Fundamentos de la Ética: Felicidad, Deber y Libertad en la Filosofía
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Las éticas de los fines
El emotivismo moral de David Hume
Frente al individualismo epicúreo, el filósofo escocés David Hume defendía que lo que explica el comportamiento moral del ser humano es alcanzar el gozo y la felicidad del mayor número de personas posible. En opinión de Hume, no podemos ser felices en solitario; necesitamos la felicidad de los que nos rodean. Por esta razón, para él era muy importante el concepto de cercanía a los demás. Considera que la ética es un asunto más del sentimiento que de la razón: es lo que se conoce como emotivismo moral, según el cual una acción moral es para nosotros buena o mala en función del sentimiento positivo o negativo que nos provoca.
El utilitarismo de Bentham y John Stuart Mill
Jeremy Bentham añade un nuevo concepto: lo que nos produce placer y felicidad es bueno y, por tanto, útil. Bentham introduce, asimismo, la posibilidad de medir los placeres, que se diferencian en lo que a cantidad se refiere. John Stuart Mill añade a la teoría utilitarista de Bentham que los placeres no solo se diferencian en lo que se refiere a la cantidad, sino también en lo relativo a la cualidad. Existen placeres superiores e inferiores. No se trata solo de lograr la mejora material de la sociedad, hay que ocuparse del desarrollo de los individuos, de sus intereses más profundos y permanentes, del progreso espiritual del ser humano, que solo es posible en libertad.
Las éticas del deber
La teoría de Immanuel Kant
Frente a las teorías anteriores, que afirmaban que el criterio que guía el comportamiento moral es la búsqueda de la felicidad, del placer o de la utilidad, el filósofo Immanuel Kant planteó una ética radicalmente diferente. Kant explica que nuestro comportamiento no debe basarse en buscar un premio o evitar un castigo, sino en lo que la razón nos dicta que es nuestro deber. Este consiste en actuar con buena voluntad, lo que significa hacer lo que hay que hacer aunque no obtengamos ningún beneficio por ello. Kant defiende que es la razón la que nos indica qué leyes morales debemos seguir; de este modo, serán leyes morales todas aquellas que puedan ser entendidas como universales, es decir, las que puedan servir para todos los seres humanos en cualquier circunstancia.
La ética existencialista de Jean-Paul Sartre
Jean-Paul Sartre defiende que el ser humano se define a través de sus actos, que está condenado a ser libre, lo que le hace responsable último de sus actos. La ética existencialista es una ética del deber que se fundamenta en principios: al elegir esto o aquello, damos valor a lo elegido, porque siempre elegiremos lo bueno, nunca lo malo; elegimos como bueno para nosotros aquello que pensamos que es bueno para todos. La principal diferencia con respecto a la ética de Kant es que, ante determinadas situaciones, la razón no siempre es capaz de indicar qué hay que hacer y el hombre se ve obligado a elegir entre una pluralidad de opciones, lo que le produce angustia.