Fundamentos de la Ética Clásica: Epicureísmo, Estoicismo y la Búsqueda de la Felicidad
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Epicureísmo
El epicureísmo es un sistema filosófico que defiende la búsqueda de una vida buena y feliz mediante la administración inteligente de placeres y dolores, la ataraxia ("ausencia de turbación"), y los vínculos de amistad entre sus correligionarios. Fue enseñada por Epicuro de Samos, filósofo ateniense del siglo IV a. C., y seguido después por otros filósofos, llamados epicúreos.
El Papel de la Razón
Pese a que el placer es un bien y el dolor un mal, hay que administrar inteligentemente el placer y el dolor: en ocasiones debemos rechazar placeres a los que les siguen sufrimientos mayores y aceptar dolores cuando se siguen de placeres mayores. La razón representa un papel decisivo en lo que respecta a nuestra felicidad, pues nos permite alcanzar la total imperturbabilidad (ataraxia), la cual Epicuro compara con "un mar en calma" cuando ningún viento lo azota, y nos da libertad ante las pasiones, afectos y apetitos.
Finalidad de la Filosofía Epicúrea
La finalidad de la filosofía de Epicuro no era teórica, sino más bien práctica. Buscaba sobre todo procurar el sosiego necesario para una vida feliz y placentera en la que los temores al destino, los dioses o la muerte quedaran definitivamente eliminados. Para ello se fundamentaba en:
- Una teoría empirista del conocimiento.
- Una física atomista inspirada en las doctrinas de Leucipo y Demócrito.
- Una ética hedonista.
El hombre debía rechazar la enseñanza de miedos y supersticiones. No había motivo para temer a los dioses porque estos, si bien existen, no pueden relacionarse con nosotros ni para ayudar ni para castigar; por tanto, ni su temor ni su rezo o veneración poseen utilidad práctica. La muerte tampoco puede temerse, porque siendo nada, no puede ser algo para nosotros: mientras vivimos no está presente y cuando está presente nosotros no estamos ya.
Hedonismo
El hedonismo es la doctrina filosófica basada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor como objetivo o razón de ser de la vida. Es la doctrina que considera el placer como el fin de la vida, por lo que se deduce que los seres humanos deberían dedicarse exclusivamente a vivir en su eterna búsqueda.
Ética Aristotélica
La Felicidad (Eudaimonia)
La felicidad consiste en el ejercicio perfecto de la actividad propia del hombre. Tal actividad no es otra que la actividad del alma que, para que sea perfecta, debe ser acompañada por todas las virtudes.
La Virtud
Aristóteles se aleja del intelectualismo socrático que vincula la virtud con el conocimiento. Para él, la virtud será la disposición del alma, es decir, la capacidad y la aptitud de esta para comportarse de un modo determinado.
Término Medio (Mesotes)
Para Aristóteles, la virtud consiste en un término medio (mesotes), lo cual no significa mediocridad, sino un equilibrio entre los vicios de los extremos. El "valor" es un justo medio entre la "temeridad" y el "miedo".
Estoicismo
Los estoicos proclamaron que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan solo siendo ajeno a las comodidades materiales y la fortuna externa, dedicándose a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud (tal es la idea de la imperturbabilidad o ataraxia).
Determinismo y Lógos Universal
Al estar todos los acontecimientos del mundo rigurosamente determinados y formar parte el hombre del Lógos universal, la libertad no puede consistir más que en la aceptación de nuestro propio destino, el cual estriba fundamentalmente en vivir conforme a la naturaleza. Para ello, el hombre debe conocer qué hechos son verdaderos y en qué se apoya su verdad.
El Control de las Pasiones
El bien y la virtud consisten, por lo tanto, en vivir de acuerdo con la razón, evitando las pasiones (pathos), que no son sino desviaciones de nuestra propia naturaleza racional. La pasión es lo contrario que la razón, es algo que sucede y que no se puede controlar, por lo tanto, debe evitarse.
Las reacciones, como el dolor, el placer o el temor, pueden y deben dominarse a través del autocontrol ejercitado por la razón, la impasibilidad (apátheia, de la cual deriva apatía) y la imperturbabilidad (ataraxia). Estas surgirán de la comprensión de que no hay bien ni mal en sí, ya que todo lo que ocurre es parte de un proyecto cósmico.