Fundamentos de la Ética Aristotélica: Producción, Práctica, Prudencia y Moderación

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Diferencias Fundamentales entre Producción (Poiesis) y Práctica (Praxis)

La filosofía clásica distingue dos tipos de actividades humanas fundamentales:

  1. Producción (Poiesis): Es una actividad que persigue un fin exterior a ella misma: la producción de algo, de algún producto. La obra es algo exterior a quien la ha producido. La actividad productiva no afecta al ser humano en su totalidad, no nos afecta como seres humanos, sino que solo afecta a algunos aspectos de nuestra existencia.

  2. Práctica (Praxis): Es una actividad que no persigue nada externo, sino que el sujeto de la acción es su propio fin. El sujeto moral, al actuar bien, se hace bueno. Por ejemplo, al actuar generosamente no solo realizo un acto bueno, sino que, además, yo mismo me hago bueno. Nuestras acciones libres no producen nada, sino que nos perfeccionan como seres humanos. La acción afecta al ser humano en su totalidad, nos afecta como seres humanos.

El Concepto de Arte (Téchne) y Prudencia (Phronesis)

El Arte o Téchne: Saber Hacer Correctamente

Los griegos llamaban arte, o téchne, a la disposición estable, o “modo de ser”, del alma que consiste en saber hacer algo de manera correcta. Se trata de una virtud intelectual que no es teórica y, por tanto, no se aprende conociendo una teoría, sino practicando una actividad productiva, de manera racionalmente correcta, “acompañada de razón verdadera”. Conocer un arte significa realizar, de manera correcta o racional, una actividad productiva.

La Prudencia (Phronesis): La Virtud de la Acción

Mientras que la virtud de la acción es la prudencia. Es la virtud principal de la razón práctica: saber actuar bien o de manera correcta, es decir, actuar de acuerdo con la razón en las acciones, o actos, libres que podemos realizar.

Prudencia y Moderación: Virtudes Intelectuales Prácticas

3.3. Prudencia y Moderación

La prudencia y la moderación son dos virtudes intelectuales prácticas, es decir, relacionadas con la acción libre, con las cosas que “pueden ser de otra manera”, diferentes de como son, contingentes y no necesarias. Las cosas contingentes son las que podemos hacer o no, lo cual incluye dos tipos de acciones:

  1. La producción de cosas, de acuerdo con el oficio al que dedicamos nuestra vida, pero que no nos transforma como seres humanos.

  2. Los actos libres, que son los que nos convierten en un determinado tipo de seres humanos. Pues, una persona puede ser un buen carpintero y, sin embargo, ser una mala persona.

La Deliberación como Base de la Prudencia

Como la prudencia se refiere a las cosas contingentes, el saber sobre ellas no es deductivo; no puede deducirse de unos principios universales, sino que se basa en la deliberación. Deliberar es la actividad racional por la que los seres humanos, teniendo en cuenta las acciones que podemos realizar, calculamos sus ventajas y sus inconvenientes, con el fin de elegir lo mejor para nosotros mismos. Por lo que no deliberamos sobre lo que no podemos hacer ni sobre lo necesario, sino sobre lo que puede ser distinto a como es: lo contingente.

Relación de las Virtudes Prácticas con las Partes del Alma

Aristóteles relaciona las virtudes intelectuales prácticas con las dos partes del alma: la racional y la apetitiva o desiderativa, de modo que:

  • La prudencia será la virtud de la parte racional del alma que nos permite emitir juicios sobre lo que debemos hacer; consiste en saber cómo actuar. Prudente es quien es capaz de diferenciar lo que es bueno y lo que es malo para sí mismo o para su comunidad.

  • La moderación se refiere a la medida en que debemos, o no, dejarnos influir por la parte apetitiva del alma en nuestras acciones libres. Toda actividad humana se dirige a un fin, pero la comprensión de esa finalidad de nuestros actos puede ser distorsionada por el placer o el dolor. Por eso, es necesaria la moderación para actuar correctamente, para que el placer o el dolor no nos impida realizar la finalidad de nuestros actos.

La Moderación como Protectora de la Prudencia

Esto significa que, para ser prudente, para realizar correctamente la finalidad de nuestros actos, la parte apetitiva o desiderativa del alma debe ser moderada por las virtudes éticas: la justicia, la fuerza y la moderación. Por eso, dice el texto de Aristóteles que la moderación es la protectora de la prudencia.

El Fin de la Acción como Principio Motor

El fin de la acción es importante porque es el principio de la misma acción. Es decir, lo que nos mueve a actuar de un determinado modo no es una causa natural, sino que es el fin que nos proponemos conseguir; no buscamos los medios mientras que no tenemos la intención de realizar un fin.

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