Fundamentos de la Doctrina Cristiana: Decálogo, Parusía y Realidades Últimas
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El Decálogo: Fundamento de la Ley Divina
La palabra “Decálogo” significa “diez palabras”. Estas diez palabras resumen y proclaman la Ley de Dios. El Decálogo adquiere su pleno sentido en el marco de la Alianza establecida por Dios con su pueblo. En consecuencia, la existencia moral constituye la respuesta del hombre a la iniciativa amorosa del Señor.
Naturaleza y Obligatoriedad
El Decálogo constituye un todo indisociable, de tal modo que quebrantar un mandamiento significa infringir el Decálogo en su conjunto.
Los diez mandamientos pertenecen a la Revelación de Dios y son, al mismo tiempo, la manifestación clara de la verdad del hombre. Por tanto, el Decálogo constituye para el hombre un cauce de vida y libertad. Conocemos los mandamientos de la Ley de Dios por la revelación divina y por la voz de la conciencia.
Los diez mandamientos están grabados por Dios en el corazón del hombre. Todo hombre está obligado a cumplir sus preceptos. Dios nos amó primero, y los mandamientos constituyen la respuesta de amor que el hombre está llamado a dar a su Dios.
Los Diez Mandamientos
- Amarás a Dios sobre todas las cosas.
- No tomarás el nombre de Dios en vano.
- Santificarás las fiestas.
- Honrarás a tu padre y a tu madre.
- No matarás.
- No cometerás actos impuros.
- No robarás.
- No darás falso testimonio ni mentirás.
- No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
- No codiciarás los bienes ajenos.
La Parusía: El Regreso de Cristo y el Fin de los Tiempos
La Parusía es el regreso de Jesús al final de los tiempos. El triunfo de Dios sobre el último asalto de las fuerzas del mal pasa por un Juicio definitivo, al fin de los tiempos. La Parusía irá acompañada de la resurrección general de los muertos, que Jesús anunció repetidamente.
Resurrección y Temporalidad
En la resurrección hay dos “tiempos”: el momento de la muerte de cada persona y el fin de los tiempos, como cumplimiento de la resurrección de todos en presencia de todos.
Para comprenderlo, debemos hacer el esfuerzo de superar las concepciones temporales de la eternidad, lo cual nos resulta muy difícil por estar inmersos en la experiencia de la temporalidad. Cuando alguien muere, abandona el orden de la temporalidad y entra en el orden de la eternidad, en el cual no hay un antes ni un después. El difunto participa, pues, totalmente de la resurrección. Sin embargo, mientras siga la historia temporal del mundo, toda resurrección seguirá siendo incompleta. El fin de los tiempos supondrá la resurrección total y acabada de todos y cada uno.
El Purgatorio: Proceso de Purificación
El Purgatorio no es un lugar físico, sino un proceso de purificación. Aquellos que mueren en gracia y amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, sufren tras la muerte una purificación, con el fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del Cielo.
El Infierno: Separación Eterna de Dios
La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del Infierno y su eternidad. La pena principal del Infierno consiste en la separación eterna de Dios.
La existencia del Infierno no plantea un conflicto entre la misericordia y la justicia de Dios, sino entre su misericordia y la libertad del hombre. Dios ofrece la salvación a todo hombre, pero, en uso de su libertad, el hombre puede rechazar dicha salvación.