La Función del Marco en el Arte: Reflexiones Estéticas y Perceptivas

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El marco de un cuadro cumple una función fundamental en el arte: la de diferenciar la realidad de la ficción, la de marcar el límite entre lo real, concreto y útil, y lo virtual, imaginario y estético. Por ello, el marco es imprescindible para resaltar el valor estético del cuadro.

Estructura del Texto

El autor sigue una estructura sintetizante o inductiva, que parte de sucesivas observaciones que contraponen lo real a lo metafórico, para llegar al final extrayendo la conclusión: qué función cumple el marco en un cuadro, la de aislante, que divide y subraya las dos realidades.

  1. Introducción (l. 1-3): descripción del cuadro concreto de Regoyos.
  2. Planteamiento de la cuestión: naturaleza del cuadro y relación entre este y la pared.
    • Real frente a virtual (l. 4-8)
    • Utilidad frente a estética (contemplación). (l. 9-12)
    • Isla imaginaria rodeada de realidad (l. 13-16)
  3. El goce estético requiere la neta distinción entre ambos mundos: es la función del marco. (l. 16-19)

Comentario

El autor parte, para desarrollar su tesis, de un acto concreto de su experiencia cotidiana: la contemplación del cuadro de Regoyos colgado en la pared frente a la cual se encuentra. Desde esa experiencia se alza a reflexionar sobre la naturaleza del arte y de un elemento concreto, como es el marco de los cuadros. Que está hablando de arte lo muestra la abundancia de léxico que pertenece a ese campo: cuadro, marco, metáfora, poesía, música, arte, artístico, goce estético, cuerpo estético, etc. El tema, por tanto, se sitúa en un campo propio de las disciplinas humanísticas. Por su punto de partida, el texto se mueve dentro de lo concreto, aunque no faltan términos abstractos propios del rigor científico de esta materia: utilitarismo, indecisión, goce estético, etc. Aparecen también, aunque moderadamente, palabras cultas que ayudan a la precisión de la exposición-argumentación y a la elegancia de la forma: transitar, antagónicos, perturba, extraartísticos, etc.

La objetividad y el rigor de los argumentos que el autor quiere dar a su discurso se manifiesta en el uso del indicativo en todo el texto y el de una sintaxis sencilla, en la que predominan las oraciones simples y coordinadas. Algunas enumeraciones (l. 3, 7) ayudan también a la comprensión de las ideas expuestas. Sin embargo, ya pronto (l. 2) esta objetividad expositiva queda trastocada por la aparición de la 1ª persona (me presenta, me permite, cuando miro, ....). El autor quiere con ello establecer un vínculo afectivo con el lector que haga más aceptables sus argumentos. Esto lo consigue también imprimiendo a su discurso un tono literario muy intencionado, con el uso de múltiples recursos:

  • Abundantes epítetos: curvo lomo, larga montaña, gris pared, ...
  • Una interrogación retórica destinada a provocar la reflexión del lector: ¿Cómo puede todo esto ...?
  • Recursos de repetición, que de alguna forma estructuran todo el texto: Paradojas (está sin estar, el puente no es puente, ...) y Antítesis (real-irreal, real-virtual, sueño-vigilia, ...)
  • Anáforas: todo en él ...(l.6), cuando miro...(l.9), como...como...(l. 7).
  • Alguna metáfora: el cuadro es una isla...

El tema tratado y el discurso expositivo-argumentativo nos indica que estamos ante un texto humanístico, pero es evidente que el autor aborda su tratamiento con un lenguaje cuidado, elegante y que lo quiere hacer cercano y amable para los lectores. Se trata, por tanto, de un ensayo que persigue acercar la reflexión sobre cuestiones de arte a un público amplio. Es previsible que el texto forme parte de una obra ensayística más amplia de Ortega y Gasset sobre el arte y su interpretación. También podría tratarse de una colaboración reducida y puntual en un medio de comunicación de amplia divulgación. En todo caso, el texto me resulta atractivo porque ha sido capaz de hacerme pensar de una manera fácil y amena sobre el sentido y significado de algo tan presente en mi vida, como es el marco de un cuadro y sobre lo cual nunca se me había ocurrido pensar. Me ha parecido un texto curioso, ameno y muy instructivo, que demuestra cómo un gran pensador, como Ortega y Gasset puede iluminar con acierto aspectos aparentemente triviales de nuestra vida.

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