Frente Popular 1936 y el golpe de Estado de julio: causas, conspiración y sublevación en España
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Frente Popular (febrero – julio 1936)
En febrero de 1936 se celebraron elecciones que ganó el Frente Popular. Alcalá‑Zamora fue destituido y se nombró a Manuel Azaña como presidente y a Casares Quiroga como presidente del Consejo de Ministros.
Manuel Azaña puso en marcha todas las reformas paralizadas, como el estatuto catalán o la reforma agraria.
Las decisiones tomadas por el nuevo gobierno aceleraron la formación de un contrapoder dispuesto a impedir los cambios a toda costa; estaba formado por miembros de la CEDA, monárquicos, sectores agrarios, organizaciones patronales y grupos fascistas.
Dada la situación, se consideraba que no había otra salida que la recuperación violenta del poder, y se desarrolló una doble estrategia a favor de la guerra civil:
- Campañas de propaganda en contra de la República, defendiendo ideas como patria y religión.
- Conspiración en la que participaron algunos generales y miembros de las oligarquías.
- Las organizaciones obreras tampoco estaban conformes con los logros alcanzados y pedían una mayor transformación del Estado y de la sociedad.
Golpe de Estado
El Frente Popular se vio amenazado por el cambio de las relaciones económicas en el campo debido a la ley agraria y por la cada vez mayor presencia de los sindicatos en la vida económica.
Durante la primavera de 1936 se produjo en España un deterioro considerable del orden público que el gobierno no supo controlar. Este desorden se manifestó a través de la violencia en el campo, huelgas, ocupación de tierras, ataques a edificios eclesiásticos y atentados.
Cuando triunfó el Frente Popular, algunos mandos militares comenzaron a preparar una sublevación. En marzo, un grupo de generales inició los preparativos del golpe.
Entre los conspiradores se encontraban militares descontentos por las reformas del ejército, monárquicos, militares agraviados, carlistas y miembros de la Falange. Destacaron figuras como Varela, Goded, Mola, Sanjurjo y Franco.
El gobierno, consciente del peligro, decidió separar a los militares sospechosos, enviando a Franco a Canarias y a Goded a Baleares; sin embargo, Queipo de Llano y Mola fueron considerados leales y se mantuvieron en sus puestos.
El 12 de julio fue asesinado en Madrid José Castillo, teniente de la Guardia de Asalto; como represalia, Calvo Sotelo fue asesinado.
Para los conspiradores fue la excusa perfecta y, ante la inminencia del golpe, el gobierno tomó medidas entre las que destacó el registro policial del cuartel de Melilla.
Esto hizo que se adelantase la sublevación, fijada para el 19 de julio. Así, en la tarde del 17 de julio, Melilla, Ceuta y Tetuán fueron el escenario de una sublevación que se extendió a la península durante los dos días siguientes.