El caciquismo y el fraude electoral en la Restauración española: análisis de una caricatura
Resumen
El documento analiza el sistema político de la Restauración (1875-1931), centrado en el turnismo entre conservadores y liberales, el caciquismo y el fraude electoral. Toma como fuente una caricatura de La Esquella de la Torratxa de 1903 que denuncia el control del voto por parte de curas y autoridades y la sobrevotación del censo. Explica también las crisis del sistema hasta la proclamación de la II República.
Puntos clave
- El pacto de El Pardo (1885) entregó el poder al partido liberal de Sagasta tras la muerte de Alfonso XII, para dar estabilidad al régimen durante la regencia de María Cristina.
- El turnismo se basaba en el encasillado: el ministro de la Gobernación decidía qué diputados correspondían a cada partido.
- El caciquismo imponía la voluntad de un reducido grupo de notables sobre la masa de votantes, mediante favores, coacciones y clientelismo.
- El pucherazo consistía en la adulteración sistemática de los resultados electorales, incluido el censo con nombres falsos o de difuntos.
- El sufragio universal masculino (1890) no bastó para acabar con el descrédito del sistema, que se agravó con crisis como la de 1917.
- La crisis de 1917 reunió una crisis militar (Juntas de Defensa), política (Asamblea de Parlamentarios) y social (huelga general revolucionaria de UGT y CNT).
El Fraude Electoral y el Caciquismo en la Restauración Española: Un Análisis de la Caricatura de La Esquella de la Torratxa
Esta caricatura de tipo satírico apareció reproducida en La Esquella de la Torratxa a principios de 1903. Representa las prácticas fraudulentas surgidas del pacto de "El Pardo" entre Cánovas y Sagasta tras la muerte de Alfonso XII (1885) para dar estabilidad al régimen de la Restauración durante la regencia de María Cristina (1885-1902), embarazada del futuro Alfonso XIII. Es una fuente primaria de carácter público. En esta viñeta se representan dos escenas. En la primera, aparece un cura controlando la votación de la gente del pueblo, donde se pone de manifiesto el control social realizado por la Iglesia en los distintos lugares del territorio, especialmente en el medio rural. En la otra viñeta, aparece otro método fraudulento característico del sistema canovista: la sobrevotación del censo. Se denuncia el fraude consistente en introducir en las urnas más papeletas que votantes, pero también la intervención política de algunos religiosos, aprovechando su influencia sobre la sociedad, y la colaboración de las autoridades policiales.
El Contexto Político: El Pacto de El Pardo y el Turnismo
Cánovas del Castillo había sido el ideólogo del sistema político de la Restauración, por el que Alfonso XII se convertía en rey de España, restaurándose la dinastía de los Borbones en 1875 tras el exilio de Isabel II (1868) y el Sexenio Revolucionario (1868-1874). El partido liberal de Sagasta y el conservador de Cánovas se turnaron empleando el fraude electoral (encasillado, pucherazo, caciquismo).
Durante el reinado de Alfonso XII había gobernado mayoritariamente el partido conservador y, tras la muerte del rey, se firma el Pacto de El Pardo, que entrega el poder al partido liberal. El objetivo es evitar problemas durante la larga regencia de María Cristina y dar estabilidad al Régimen, facilitando el relevo en el gobierno y respetando la legislación que cada uno de ellos aprobase durante su mandato.
La idea principal del documento es la denuncia del sistema electoral en la época de la Restauración. Como ideas secundarias encontramos la adulteración en las listas electorales y la finalidad del fraude electoral.
El Caciquismo: Control Electoral y Social
El sistema se basó en el carácter oligárquico y elitista de las formas de poder. Los gobernantes eran notables que tenían autoridad, poder económico y prestigio. Para que esas élites mantuvieran el poder en todos los ámbitos (local, provincial, estatal) y pudieran imponer sus intereses, se hacía necesario controlar la masa electoral de los ciudadanos, algo que lograron por medio del caciquismo.
El caciquismo es la imposición de la voluntad de un reducido grupo de personas, los caciques, sobre una masa considerable de votantes. A lo largo del siglo XIX se producen numerosas denuncias de delitos electorales y coacciones sobre los votantes.
El funcionamiento de este proceso es el siguiente: el presidente del Gobierno disuelve las Cortes. El ministro de la Gobernación, que tiene un papel fundamental, es el encargado de realizar el “encasillado”, es decir, la adjudicación de diputados al partido que en este turno debe ganar las elecciones para gobernar, así como los correspondientes a la oposición oficial y a la que se hallan fuera del sistema. De esta forma, el Ministro de la Gobernación se convierte en el “único elector”. El gobernador de la provincia establece, a continuación, la red de contactos con los caciques.
El Fraude Electoral: Pucherazo y Manipulación del Censo
Como vemos en la viñeta, en concreto en su segunda imagen, se da mucha importancia y se trata con mucha ironía la introducción en las listas electorales de nombres falsos o de difuntos. Las trampas electorales ayudaban a conseguir el objetivo electoral que interesaba en el momento: una de ellas era el “pucherazo”, es decir, la sistemática adulteración de los resultados electorales. No se dudaba en:
- Falsear el censo (incluyendo a personas muertas o impidiendo votar a las vivas).
- Manipular las actas electorales.
- Ejercer la compra de votos.
- Amenazar al electorado con coacciones de todo tipo (impedir la propaganda de la oposición e intimidar a sus simpatizantes o no dejar actuar a los interventores).
El caciquismo (1ª imagen) y el fraude electoral (2ª imagen) continuado desvirtuaba el sistema y el pueblo, incluso después de aprobar el sufragio universal masculino en 1890 (gobierno liberal de Sagasta), no creía en un sistema que no representaba sus intereses, no se fiaban de la veracidad de los resultados ni del proceso. Los caciques controlaban la vida de las provincias y pueblos, interviniendo en la política municipal, los juzgados, la economía, y creando una red de clientelismo basado en relaciones personales de favores debidos y contraprestaciones. Cuando esto fallaba podía recurrir a la fuerza o la represalia (no contrataba a jornaleros díscolos, por ejemplo). El cacique tiene una incidencia enorme en la política, pero también en la sociedad y la vida diaria.
La Restauración: Un Periodo de Estabilidad con Lacras
El documento se enmarca históricamente en la Restauración (1875-1931). Se denomina así al periodo de la historia de España en que se produjo la reposición en el trono de la dinastía borbónica en la persona del hijo de Isabel II, Alfonso XII, tras el Sexenio Democrático y que finalizará con su hijo Alfonso XIII y su marcha del país en 1931 con la proclamación de la II República Española. Durante este periodo estuvo en vigor la Constitución de 1876, salvo en la dictadura de Primo de Rivera (1923-1929), y se caracterizó fundamentalmente por la consolidación en España del liberalismo y sus instituciones, bajo la hegemonía de la burguesía conservadora. El nuevo rey, Alfonso XII y, sobre todo, Cánovas del Castillo, pretende la adhesión popular al nuevo régimen sin la participación militar.
El sistema establecía la alternancia entre dos fuerzas políticas fieles a la monarquía: de un lado, su partido, liberal conservador; de otro, una izquierda liberal que asegure el equilibrio ante las crisis; en el centro, la figura del monarca, pieza clave del sistema, que asume la regulación del poder entre ambas opciones políticas. El turnismo resultante se produce con matemática exactitud a lo largo de la Restauración.
A pesar de la lacra caciquil, la Restauración y la Constitución de 1876 forjaron el régimen más duradero y pacífico de la España contemporánea, hasta esos momentos, al lograr el final de la Tercera Guerra Carlista (supresión fueros vasco-navarros a cambio de un concierto económico) y Paz de Zanjón en Cuba en 1879. La política ultraconservadora de los gobiernos de Cánovas se “compensó” con algunos avances liberalizadores de Sagasta como la Ley de Asociaciones de 1887, la Ley del Jurado de 1888 o el Sufragio Universal masculino de 1890, pero ello no evitó el descrédito del sistema y el alejamiento de las masas desilusionadas por el continuo fraude electoral.
Aún así, los problemas sociales, económicos y políticos se hicieron latentes: la expansión del movimiento obrero, el surgimiento de los nacionalismo catalán y vasco, la pujanza del republicanismo urbano, las protestas contra las quintas y situación de los jornaleros, el terrorismo anarquista (asesinato de Cánovas en 1897), y el inicio de la guerra de Cuba en 1895, llevan directamente a la crisis del 98.
Conclusión: El Declive del Caciquismo y el Auge de la Oposición
Como conclusión, podemos destacar que el objetivo del fraude electoral era “tener asegurada la elección del candidato adscrito”, es decir, mantener el turnismo. El turno dinástico funcionó con total regularidad hasta 1898. El caciquismo pierde fuerza a medida que se genera una conciencia más crítica y culta en la sociedad. Las ciudades se libran de estas prácticas fraudulentas iniciado el siglo XX, y, hacia 1910, las candidaturas de las fuerzas contrarias al sistema, fundamentalmente los republicanos y los socialistas, empiezan a cosechar triunfos electorales y a obtener acta de diputado en las elecciones generales.
Por último, cabe destacar que la presente viñeta, además de su valor testimonial, de documento de época, se relaciona con la obra de Joaquín Costa, “Oligarquía y caciquismo”, libro que constituye un testimonio fundamental para conocer las prácticas abusivas y fraudulentas por parte de los oligarcas y caciques hasta bien entrado el siglo XX con el fin de integrar la voluntad nacional en la lógica de un bipartidismo que prepara las elecciones y simula formalmente la existencia de un régimen democrático a costa de la marginación de las fuerzas opuestas al mismo.
La Crisis del Sistema de la Restauración y la Huelga General de 1917
El texto, primario y político, es un manifiesto de la UGT y la CNT a través del Comité de Huelga (Largo Caballero, Besteiro, Anguiano y Saborit) que pretende la rebelión de los obreros.
Se fecha el 12 de agosto de 1917, durante el reinado de Alfonso XIII, con la crisis del sistema de Restauración. Gobernaba el conservador Eduardo Dato. El sistema pasó por varias crisis, hasta culminar en la de 1917, por el fracaso de los regeneracionistas Maura y Canalejas, por el desarrollo del nacionalismo, por la inestabilidad del turno (se debilita el caciquismo, crisis interna en los partidos dinásticos), por el desarrollo del movimiento obrero, del terrorismo y del anticlericarismo, por la Semana Trágica de 1909, por el impacto de la Primera Guerra Mundial (la subida de precios causó malestar social) y por la influencia de la Revolución Rusa. Así, en 1917 confluyeron tres movimientos revolucionarios: militar, político y social.
Este texto que tenemos presente atiende a la revolución social: reivindicaciones de los sindicatos de la UGT y CNT más la convocatoria a Huelga General Revolucionaria.
Demandas del Movimiento Obrero y Convocatoria a la Huelga
El primer párrafo expone que las demandas del movimiento obrero para acabar con los males de España (cuyo culpable es el sistema del turno) coinciden con las peticiones del Ejército y sus Juntas de Defensa y con la de los políticos con su Asamblea de Parlamentarios en Barcelona: “España necesita una renovación política”. Y el proletariado español, quejosos de su situación de miseria, explotación y desempleo, decide pasar a la acción convocando una huelga general revolucionaria indefinida.
El segundo párrafo alude a los ferroviarios (“no están solos en la lucha”), ya que la huelga de ferroviarios de Valencia, duramente reprimida, hizo que la compañía se negara a readmitir a los huelguistas. Esto llevó a los sindicatos a extender el paro ferroviario a todo el país y convertirlo en una huelga general indefinida.
Formación de un Gobierno Provisional y Elecciones Limpias
En el tercer párrafo, los obreros, a través de su Comité de Huelga, reivindican (“pedimos”) que se forme un gobierno provisional que convoque elecciones limpias (“elecciones sinceras”) a Cortes constituyentes, las cuales, una vez constituidas, puedan actuar de manera libre para solucionar los problemas del país, advirtiendo de que hasta que no se consiga ese objetivo, los obreros continuarán con la huelga.
Justificación de la Huelga y Llamamiento a la Unidad Obrera
Por último, el Comité de Huelga defiende su decisión como un sacrificio en beneficio de todos para salvar al país de gobernantes corruptos. Termina animando a que todos los obreros se sumen a la huelga por España.
En agosto se convocó la huelga en la que participaron juntas la UGT y la CNT, pero esta fracasó por:
- Discrepancias entre la UGT y la CNT.
- No participación del campesinado.
- Dura represión del ejército.
- Oposición a la huelga de republicanos y nacionalistas.
Consecuencias de la Huelga de 1917
Pero pese a la derrota, la huelga tuvo importantes consecuencias:
- Demostró a los sindicatos su capacidad de movilización.
- La radicalización del movimiento obrero y la división entre los dos sindicatos.
- Agravó la crisis política del turnismo: Dato dimitió y se formó un gobierno de concentración.
El Camino Hacia la II República: Crisis y Descomposición del Sistema
El Desastre del 98 abrió una nueva etapa, con Alfonso XIII como rey, caracterizada por una crisis política permanente debido a causas como la implicación del rey en la política; la división interna de los partidos del turno al morir Cánovas y Sagasta; la menor influencia del caciquismo con lo que la oposición consigue escaños; el aumento de conflictos sociales por la mayor fuerza del movimiento obrero; el aumento del anticlericalismo entre las clases populares; el problema militar por las quintas, que libraba del servicio militar mediante el pago; por la Ley de Jurisdicciones (1906) que ponía bajo la justicia militar las ofensas a la unidad de la patria y al honor del ejército; y por los desastres militares en Marruecos. Además, hay que citar como causas el estallido de la Primera Guerra Mundial y el triunfo de la Revolución Rusa.
Intentos Regeneracionistas y la Crisis de 1917
La primera década del siglo XX estuvo marcada por intentos regeneracionistas que fracasaron (Maura y Canalejas). A esto se le añadió, la creación en 1905 de la Lliga Regionalista, partido nacionalista catalán que ganó las lecciones municipales, pero que los militares vieron como un triunfo del separatismo. La prensa nacionalista editó caricaturas ofensivas contra los militares y estos incendiaron las imprentas. El gobierno, presionado por el Ejército, aprobó la Ley de Jurisdicciones por la que los delitos “contra la patria o el ejército” se juzgaban por lo militar. Además de la Semana Trágica de Barcelona en 1909. Luego estalló la Primera Guerra Mundial (1914) y la Revolución Rusa (1917).
El deterioro del sistema de la Restauración se aceleró cuando estalló la crisis general de 1917 que se inició en junio y en la que van a confluir también una crisis militar, política y social.
Crisis Militar: Las Juntas de Defensa
En la crisis militar, cabe destacar que los militares peninsulares rechazaban el sistema de ascensos rápidos y mejores sueldos a los destinados en Marruecos (los “africanistas”). Por ello, los oficiales crearon las Juntas de Defensa para defender sus reivindicaciones. El gobierno quiso disolverlas, pero no pudo y dimitió. El nuevo gobierno del conservador Dato aceptó las exigencias militares y reconoció las Juntas.
Crisis Política: La Asamblea de Parlamentarios
En la crisis política, hay que hablar de la reclamación de reapertura de las Cortes por parte de los partidos de la oposición. En una reunión de la Lliga a la que asistieron republicanos y socialistas se decidió convocar una Asamblea de Parlamentarios para promover la reforma política a fondo. El gobierno intentó ocultar lo ocurrido y censuró la prensa, pero setenta diputados y senadores se reunieron en Barcelona y aprobaron un cambio de gobierno y la convocatoria de Cortes Constituyente. El gobierno disolvió la Asamblea tachándola de separatista.
Crisis Social: La Huelga General y su Represión
En cuanto a la crisis social de la que habla el texto, la huelga tuvo un seguimiento importante en Madrid, Bilbao, Oviedo, Gijón y las zonas mineras e industriales, pero el seguimiento fue más tibio en las zonas agrarias. La respuesta del gobierno fue durísima, sacó las tropas a la calle y las enfrentó con los piquetes. Tras una semana, los sindicatos desconvocaron la huelga. Solo en Asturias se prolongó dos semanas más.
El Fin de la Restauración: Trienio Bolchevique, Pistolerismo y el Desastre de Annual
Tras la crisis del 17, se produce la quiebra definitiva de la Restauración. Dato dimite, se rompe el turnismo y se forman gobiernos de concentración. También la crisis económica al acabar la Primera Guerra Mundial hizo caer la demanda y los salarios, crece el paro por el sierre de empresas y aumentan los conflictos sociales y la violencia anarquista.
En Andalucía, anarquistas y socialistas impulsan a los campesinos a ocupar tierras y destruir cosechas. Piden mejoras laborales y salariales. El fenómeno se llamó “Trienio Bolchevique” (1918-1920). El ejército aplastó el movimiento.
En Barcelona, en 1919, se convocó una huelga general. Comenzó en la empresa La Canadiense, que abastecía de luz a la ciudad, pero se le unieron obreros de otros sectores. El gobierno recurrió al ejército y declaró el estado de guerra. Se llegó a un acuerdo y se consiguió un horario laboral de ocho horas. La patronal se opuso a este acuerdo y contrató a pistoleros contra los dirigentes sindicales anarquistas y, a su vez, los sindicatos contrataron a asesinos para matar a los patronos. El fenómeno se llamó “Pistolerismo”. También se aprobó la Ley de Fugas, que legalizaba matar a los detenidos que intentaban huir, lo que permitió asesinar impunemente a muchos dirigentes obreros. Otro problema del final de la Restauración fue el de Marruecos con el Desastre de Annual de 1921.
Ante todos estos problemas, el ejército puso fin a la Restauración con un golpe militar en 1923 y que dio paso a la Dictadura de Miguel Primo de Rivera.
La Agrupación al Servicio de la República: Intelectuales por el Cambio
Texto primario de naturaleza histórica, público y político que se sitúa antes de las elecciones municipales que dieron el triunfo a la República y que costó la renuncia de Alfonso XIII y su salida del país. Tuvo gran repercusión por los intelectuales (pensadores, filósofos, escritores...) que lo firman antes de las elecciones municipales que dan el triunfo a la República.
La Agrupación al Servicio de la República (ASR) fue un movimiento político creado por los intelectuales Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón. Su Manifiesto fundacional es este texto de El Sol de 10 de febrero de 1931. El 14 tuvo lugar su primer acto público en Segovia, presidido por A. Machado. Al día siguiente, el jefe del Gobierno, el general Berenguer, dimitió.
Contexto: La Dictablanda de Berenguer y el Pacto de San Sebastián
Para entender este contexto, al dimitir Primo de Rivera, Alfonso XIII encargó formar gobierno a Berenguer (“Dictablanda”) con el fin de volver al sistema de la Restauración y a la Constitución de 1876. Pero en agosto de 1930, republicanos y nacionalistas firmaron el Pacto de San Sebastián (se unieron PSOE y UGT) del que salió un Comité Revolucionario dirigido por Alcalá-Zamora, con el fin de instaurar la República. La sublevación en Jaca para tal fin fracasó y se fusiló a los capitanes Galán y García Hernández. Los desórdenes y la propaganda de la República, sobre todo por la ASR, hicieron dimitir a Berenguer.
Ortega escribió a finales del 1930 en el periódico El Sol su famoso Delenda est monarchia: pedía al pueblo que se revelara contra los vicios del pasado, criticando duramente a Alfonso XIII. La ASR consiguió gran apoyo y se convirtió en partido. Tras proclamarse la II República el 14 de abril de 1931, después de las elecciones municipales del 12 de abril, el Gobierno Provisional convocó elecciones generales para el 28 de junio, y la ASR consiguió 13 escaños, pero pronto, su líder, Ortega y Gasset mostró su desencanto por el extremismo que tomaba el nuevo régimen: en octubre de 1932 mediante un Manifiesto se disolvía la Asociación. La idea principal de este documento es el deseo de sustituir la monarquía borbónica por una república.
Objetivos de la ASR: Fin de la Monarquía y Movilización Popular
Primero observamos que el objetivo es acabar con la “monarquía de Sagunto”. Se refiere a la monarquía que comenzó tras el golpe de Martínez Campos en 1874, en Sagunto, por el que se coronó rey a Alfonso XII, iniciándose la Restauración Borbónica o sistema canovista.
En segundo lugar, comentan la dificultad de pasar de una Monarquía a una República. Cuando habla de los malos usos, privilegios y egoísmos, aluden al “error Berenguer” cometido por el rey Alfonso XIII y el gobierno de Berenguer, que pretende volver a la Constitución de 1876, cuando esta llevaba abolida desde 1923 por la dictadura de Primo de Rivera, vinculándose al rey con la dictadura. La vuelta al sistema anterior era imposible.
Luego se expone que la victoria de la República solo es posible por una gran presión del pueblo: para ello se hace un llamamiento a todos para que apoyasen el movimiento. Por último, explican que, con la ASR, pretenden alcanzar varios objetivos:
- Movilizar a los intelectuales republicanos para que lleven a cabo una campaña de difusión ideológica.
- Persuadir al pueblo español sobre la idea de una República en el país.
- Pretenden abarcar desde las grandes ciudades hasta los pueblos más apartados, consiguiendo un apoyo firme al Estado Republicano.
Disolución de la ASR y Legado
Las intervenciones de Ortega y Gasset en las Cortes, posteriormente recogidas en el libro “Rectificación de la República”, eran muy esperadas, comentadas y criticadas, en particular cuando se expresó sobre el problema de la estructura territorial del Estado y el Estatuto catalán. Pese a ello, el partido fue relativamente poco influyente en las Cortes, en parte por causa de las declaraciones del filósofo, que describía su movimiento como un grupo de intelectuales metidos en política sólo por deber y como a disgusto.
Cierta falta de claridad y de concreción en el proyecto de la Agrupación al Servicio de la República impidió sin duda que su mensaje fuera bien entendido por la clase política española y adquiriese un amplio respaldo social; la imagen del partido quedó estrechamente vinculada a la personalidad de sus tres fundadores intelectuales preocupados por crear un nuevo Estado.
En el "Manifiesto de disolución de la Agrupación al Servicio de la República” en 1932, explicaba que la República estaba ya "suficientemente consolidada", por lo cual el grupo había conseguido su objetivo y se disolvía "dejando en libertad a sus hombres para retirarse de la lucha política o para reagruparse bajo nuevas banderas y hacia nuevos combates".
El Fin de una Era: Causas de la Proclamación de la II República
¿Cómo afectó la personalidad de Alfonso XIII y qué causas llevaron a la proclamación de la II República? Alfonso XIII reinó desde 1902 hasta 1931. Ese periodo es llamado “Crisis de la Restauración”, ya que el sistema creado por Cánovas, basado en el turnismo de los partidos dinásticos y en el fraude electoral mediante el caciquismo, empezó a tambalearse hasta llegar a su desaparición con la proclamación de la II República.
Tras el Desastre el 98 quedaron al descubierto los males de España: miseria, atraso, corrupción del sistema político, tensiones obreras y campesinas. A todos estos problemas se tratará de dar solución mediante el regeneracionismo llevado a cabo por el conservador Maura y el liberal Canalejas, pero la oposición de las clases privilegiadas frenará la reforma.
Crisis y Descomposición del Sistema de la Restauración
El sistema se verá sacudido por profundas crisis: la de 1909, con la gravedad de los hechos de la Semana Trágica de Barcelona, y, sobre todo, la crisis general de 1917: militar con las Juntas de Defensa; política con la convocatoria de la Asamblea de Parlamentarios, y social con la Huelga General Revolucionaria por parte de los sindicatos de UGT y CNT.
De 1918 a 1923 desaparece definitivamente el turnismo en el poder y se formarán ineficaces gobiernos de concentración. Es el momento del “Trienio Bolchevique” en Andalucía, del “Pistolerismo” en Cataluña y de la aprobación de la Ley de Fugas.
A todo ello hay que unir los continuos problemas de Marruecos, que tuvo su punto culminante en el Desastre de Annual en 1921, con el consiguiente descrédito del Ejército. Aumenta el anticlericalismo, el terrorismo anarquista (asesinatos de Canalejas y Dato, además de atentados contra el rey y bombas), el auge de los nacionalismos y el progresivo debilitamiento del caciquismo.
El Papel de Alfonso XIII y la Dictadura de Primo de Rivera
El progresivo protagonismo del rey en política le llevó a apoyar, como única salida, la dictadura de Primo de Rivera, que fue bien recibida como una forma de lograr la estabilidad y conseguir la reforma, pero el intento de Primo de Rivera de perpetuarse en el poder provocó la oposición de los sectores que le habían apoyado, por lo que dimite en 1930. Tras esto, Alfonso XIII encargó a otros militares, a Berenguer y, luego, a Aznar volver al sistema de la Restauración y a la Constitución de 1976, como si no hubiera pasado nada. Mientras, la oposición se organizó firmando el Pacto de San Sebastián con el objetivo de acabar con la monarquía e instaurar una república.
Las elecciones municipales de 1931 demostraron al rey que no tenía la confianza del pueblo. El fracaso de la Dictadura le había arrastrado y llevado al exilio. El 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República Española.
Conclusión: La Personalidad del Rey y la División de los Partidos
Como conclusión, cabe mencionar dos causas para el fracaso de la monarquía:
- La propia personalidad del rey. Alfonso XIII jugó desde el principio un papel activo: no se conformó con reinar, sino que quiso también gobernar. El rey se convirtió en actor de la vida política. Su apoyo a la Dictadura sería decisivo para su descrédito y para la caída de la monarquía.
- La división de los partidos del turno al desaparecer sus dirigentes históricos (Cánovas y Sagasta) y las luchas entre los nuevos políticos por controlar el partido. Ni liberarles ni conservadores tuvieron líderes claros, capaces de poner al día sus partidos.
La Revolución de Asturias de 1934: Un Discurso de Rendición
Nos encontramos ante un texto de naturaleza histórica. Podemos clasificar este texto como una fuente primaria y pública. Tiene como autor al Comité revolucionario de Asturias.
En concreto, este texto está referido al discurso para la rendición y deposición de las armas de la minería asturiana en la Revolución de Asturias de 1934: “reunidos todos los Comités Revolucionarios con el provincial, se acordó la vuelta a la normalidad”. Se expone el fracaso de la unión obrera y del movimiento insurreccional: “Esta retirada nuestra, camaradas, la consideramos honrosa por inevitable”. Se argumenta que la lucha de clases entre el proletariado, integrado por la clase obrera, por fin unida y apoyada por el movimiento anarquista; contra la burguesía parece condenada, en este momento, al fracaso por lo que lo más conveniente sería deponer las armas, ante la diferencia de medios de que dispone el bando revolucionario obrero en comparación con su enemigo.
Contexto: La Huelga General de 1934 y la Situación en Asturias
La huelga general del 5 de octubre no ha tenido continuidad ni espacial ni temporal en el país, a excepción hecha de Asturias. Consideran que más vale una retirada, pactada en este caso y con el compromiso de ausencia de represalias, que continuar con una lucha condenada al fracaso. Por lo tanto, encomienda una renuncia de la insurrección ante la posibilidad de mayores consecuencias por parte del ejército comandado por Franco y el comandante de la Guardia Civil, Lisardo Doval.
Se conoce como Revolución de 1934 los sucesos revolucionarios que tuvieron lugar en España, sobre todo en Cataluña y en Asturias (en este último foco fue donde tuvieron lugar los acontecimientos más graves), durante el período que va entre los días 5 y 19 de octubre del citado año 1934, mientras estaba en el poder el Bienio Radical-Cedista de la Segunda República. Fue alentado por importantes personalidades tanto del PSOE como de la UGT (Largo Caballero, Indalecio Prieto), así como por el Partido Comunista de España (PCE) o, de manera más irregular, por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).
El Bienio Radical-Cedista y la Polarización Política
Se puede encuadrar en las elecciones generales del año 1933, en las que el Partido Radical liderado por Alejandro Lerroux forma gobierno apoyado por la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), con una ideología clerical, conservadora y claramente antirrepublicana; siendo el partido más votado, se convirtió en la principal fuerza minoritaria de la Cámara. Será en octubre de 1934 cuando esta le niegue la confianza al gobierno de Lerroux y pida entrar a formar parte participante del mismo.
En 1934, el país estaba muy polarizado entre la derecha y la izquierda. El movimiento obrero se radicalizó y preparaba una revolución en caso de que la CEDA llegase al gobierno. Los enfrentamientos callejeros, la violencia verbal en la prensa y en las Cortes, la tensión entre patronos y trabajadores y la huelga de campesinos de junio crearon una situación explosiva.
Alcalá-Zamora, por entonces presidente de la República y haciendo caso omiso de los temores que este hecho le inspiraba, concede que Lerroux incluya a tres ministros de la CEDA (partido antirrepublicano). Ante esto, los partidos de izquierda (sobre todo el PSOE) se sintieron profundamente decepcionados y no aceptando tal nombramiento, deciden actuar. El día 5 de dicho mes la UGT declara, pues, la Huelga General que fue seguida de forma irregular a lo largo del territorio español. En Asturias, el Gobierno recurrió a la Legión, acabando con una insurrección que dejó muchos muertos en combate.
Llamamiento a la Rendición y Fin de la Lucha
En el texto se hace un claro llamamiento para terminar con la lucha y el “surmenage” o agotamiento de los obreros y mineros. Hay que tener en cuenta que los obreros de otras provincias no secundaron la revolución y eso les debilitó. El texto termina aludiendo a la rendición no como cobardía, sino como una manera de evitar sufrimientos y más muertes para la población asturiana.
Revolución de octubre. (Desde el 5 al 19 octubre 1934). La incidencia de la huelga del 5 de octubre es muy desigual y en cada zona adquiere un carácter diferente, de acuerdo con los objetivos de los protagonistas y la fuerza que llegan a tener:
▪ En Cataluña adquiere un carácter nacionalista, la protagoniza el gobierno catalán, con un breve intento del Presidente de la Generalitat de crear un Estado Catalán dentro de la República Federal. El 6 octubre 1934 en el contexto de la Revolución de octubre, el Gobierno de la Generalidad de Cataluña presidido por Lluís Companys, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), proclama el Estado Catalán dentro de una República Federal Española. La intervención del ejército dominó la situación y el Gobierno suspendió la autonomía catalana.
▪ En las cuencas mineras del Norte de España (País Vasco, cuencas mineras de Palencia y León) es una insurrección obrera y en las grandes ciudades se reduce a una huelga general de carácter político.
▪ En Asturias adquiere el carácter de una revolución social con gran fuerza, gracias a la unión de la CNT y la UGT. Del 5 al 12 de octubre, en la zona central asturiana, a partir de las cuencas mineras (Avilés, Gijón, Oviedo, Trubia) los mineros, sublevados, se convierten en poder y nombran un comité directivo. El objetivo de los sublevados era la toma del poder por el partido Socialista para desplazar al fascismo del gobierno. Para reprimir esta insurrección, el gobierno envía a Asturias las tropas africanas, dirigidas por el general Franco. En la Alianza Obrera que intervino en este movimiento armado participaron, además del PSOE, la UGT y las Juventudes Socialistas, otras organizaciones anarquistas y comunistas, como la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y el Partido Comunista de España (PCE). La revolución fracasó en las regiones campesinas. En Asturias, sin embargo, la revolución resistió durante unos días gracias a la activa participación de la CNT.
Las CONSECUENCIAS de la Revolución de Asturias son muy graves:
- Se desencadena una dura represión con un saldo final de 1500 muertos. Se estima, según el historiador Julián Casanova, que hubo 1.100 víctimas entre los revolucionarios y 300 entre las fuerzas de seguridad y el ejército. Fueron asesinados también 40 religiosos. Tras sofocar la rebelión, serían encarceladas miles de personas (entre 15.000 y 30.000, según las fuentes). De las 23 penas de muerte, se ejecutaron dos.
- La extrema derecha se reafirma en su idea de que el movimiento obrero prepara una revolución para terminar con la República, a la que no podrán hacer frente los gobiernos republicanos porque son débiles, estando en el ejército la única salvación para España.
- Destrucción casi completa de la ciudad de Oviedo. Resultan incendiados, entre otros edificios, el de la Universidad y el teatro Campoamor. También fue dinamitada la Cámara Santa en la Catedral, también fueron destruidos algunos edificios religiosos en Gijón.
- La represión de la sublevación llevada a cabo por las tropas coloniales fue muy dura e incluso se dieron casos de saqueos, violaciones y ejecuciones, encarcelamientos de dirigentes sindicales (Largo Caballero, Azaña), cierres de periódicos y miles de obreros se quedan sin trabajo. Al frente de la represión rápidamente destacó por su brutalidad un oficial de la Guardia Civil, Lisardo Doval, que desde entonces se convirtió en una de las bestias negras del movimiento obrero. Otros militares que destacaron fueron el teniente coronel Yagüe (comandante de las sanguinarias tropas africanas) y el general López Ochoa, que desde entonces recibiría el sobrenombre del Carnicero de Asturias.
- En Cataluña se disuelve el Parlamento, el presidente Companys y su gobierno son condenados a treinta años de cárcel, además de quedar suspendida la autonomía catalana. La dura represión debilitó al gobierno Radical-Cedista, el cual pasó a sufrir crisis permanente. La crisis definitiva llegó en octubre de 1935 con el escándalo del estraperlo y el asunto de Nombela. Lerroux dimitió y su sustituto, Portela Valladares, convocó elecciones para febrero de 1936, en donde venció el Frente Popular (coalición de izquierdas). El clamor a favor de la amnistía acerca las posturas de los partidos republicanos de centroizquierda, que en enero de 1936, junto con el PSOE, la UGT, el PCE, el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), y la CNT, firman el pacto del Frente Popular.
La revolución de Asturias supone un precedente de los antagonismos políticos y sociales de la época posterior, la radicalización de posiciones ideológicas desembocó en unas posturas extremas que adelantaron la Guerra Civil. Se puede considerar un episodio más del ambiente prebélico entre el proletariado obrero y las fuerzas antirrepublicanas conformadas por la CEDA, la Iglesia, el Ejército y la burguesía española temerosa de la revolución social. Todo ello enmarcado en el periodo histórico de entreguerras: fascismos contra comunismo y el ascenso de los totalitarismos al poder.
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¿Qué era el caciquismo en la Restauración?
Era la imposición de la voluntad de un reducido grupo de personas, los caciques, sobre una masa considerable de votantes. Los caciques controlaban la vida política, judicial y económica de provincias y pueblos mediante una red de favores y, si fallaban, la represalia.
¿En qué consistió el Pacto de El Pardo?
Fue un acuerdo tras la muerte de Alfonso XII (1885) por el que el poder pasó al partido liberal de Sagasta, con el objetivo de evitar problemas durante la regencia de María Cristina y respetar la legislación aprobada por cada partido en su mandato.
¿Qué fue el pucherazo?
Fue la adulteración sistemática de los resultados electorales, que incluía falsear el censo, manipular las actas, comprar votos y amenazar al electorado.
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