Franquismo en España (1939-1975): régimen, autarquía y transición económica
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La victoria franquista y el establecimiento del régimen
La victoria del bando franquista en la Guerra Civil en abril de 1939 llevará a la instauración de un régimen dictatorial de marcado carácter personalista y totalitario encabezado por Francisco Franco.
El nuevo régimen mantuvo el orden mediante la supresión de libertades y la represión, con un ideario marcado por la defensa del centralismo, el catolicismo, el anticomunismo y el antiliberalismo.
El poder del Estado quedó organizado e institucionalizado en las Leyes Fundamentales del Estado, definiendo las características del régimen. Durante el periodo franquista se produjo una clara evolución política, encuadrada en diferentes etapas que determinó el desarrollo económico del país desde 1939 hasta 1975.
La Autarquía (1939 - 1957)
Como consecuencia de la Guerra Civil y de la política económica del franquismo, los años cuarenta fueron los "años del hambre". La incalculable y grave destrucción de infraestructuras —tales como carreteras, centrales hidroeléctricas, instalaciones portuarias— causada durante la guerra es de muy difícil cálculo.
El sector industrial experimentó un deterioro menor, pero las pérdidas reportadas rondaron en torno al 25 % del PIB. La Hacienda Pública no contaba con reservas financieras y se había contraído una deuda con Alemania e Italia por una cantidad próxima a mil millones de dólares, y la cotización de la peseta se redujo en un 50 % respecto al valor de 1936.
Política internacional y aislamiento
La Segunda Guerra Mundial no conllevó ningún beneficio económico para España, como sí se experimentó durante la Primera Guerra Mundial. Frente al rechazo del régimen por parte de las democracias occidentales, el régimen de Franco desarrolló una política económica de aislamiento y autarquía, siguiendo el modelo totalitario fascista, donde la economía se basaría en un total intervencionismo del Estado.
Consecuencias internas de la autarquía
- Generación de una gigantesca burocracia que entorpeció la gestión de los escasos recursos disponibles y multiplicó los organismos oficiales.
- Limitación drástica de las importaciones e imposición del racionamiento de productos de primera necesidad.
- Surgimiento del mercado negro (el estraperlo), resultando en un periodo de desabastecimiento, carestía y corrupción.
Para promover la industrialización, el Gobierno creó un fuerte sector público mediante la constitución en 1941 del Instituto Nacional de Industria (INI), un holding estatal centrado en proyectos de industria pesada (siderurgia, carbón, hidroeléctrica, automóvil), creando empresas como SEAT, Pegaso, Renfe, Iberia… Estos proyectos ofrecieron resultados muy pobres en comparación con otros países europeos.
La agricultura permaneció estancada, con unos rendimientos por hectárea extremadamente bajos y una superficie cultivada inferior a la del periodo republicano. Aun así, se promovieron las actividades agropecuarias, la producción de cereal y los regadíos; este último sector recibió un gran impulso a inicios de los años 50 a partir de los proyectos de colonización de zonas regables (Plan Badajoz y Jaén).
Durante la década de 1940 el crecimiento económico fue prácticamente inexistente, la inflación no bajaba del 30 % anual y hasta 1953 no se alcanzaron los niveles de renta de 1935. España, debido a su aislamiento internacional por su régimen dictatorial, no recibió inversiones exteriores como la Europa occidental destruida por la guerra (Plan Marshall).
Los años cincuenta: El Plan de Estabilización
En el contexto internacional, la Guerra Fría proporcionó a España una gran importancia por su valor estratégico frente a la tensa política de bloques entre Estados Unidos y la URSS, resultando en el cambio de actitud de Estados Unidos frente al régimen y en la firma de tratados comerciales con Francia y Reino Unido.