Formación y empleo en la sociedad industrial: teorías, críticas y transición al postfordismo
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1. La sociedad industrial y la cualificación del trabajo
En la sociedad preindustrial, la educación no estaba vinculada al trabajo, sino a la transmisión de cultura, al prestigio social o a la formación de una conciencia ciudadana. Con la industrialización surgió el interés del Estado y de los empresarios por formar trabajadores cualificados que respondieran a las necesidades de la nueva economía. Esto dio lugar a un debate: algunos defendían que la educación debía orientarse a mejorar la eficiencia del sistema productivo, mientras que otros advertían que así se favorecían solo determinados intereses sociales. De este modo, la sociedad industrial marcó el inicio de la convergencia entre el sistema educativo y el mundo laboral.
2. Perspectivas teóricas sobre la relación formación-empleo
La educación, a lo largo de la modernidad, se concibió como un mecanismo de integración de los individuos en la esfera productiva, legitimando así el modelo meritocrático: una sociedad de individuos libres, con igualdad de oportunidades y posibilidades de ascenso social. Entre los años cincuenta y setenta, en un contexto de crecimiento económico y pleno empleo, este modelo pareció funcionar, pero pronto surgieron diferentes perspectivas teóricas que trataron de explicar la relación entre formación y empleo.
- Teoría del capital humano. Surge en los años sesenta, vinculada al fuerte crecimiento económico. Considera la educación como una inversión: cuanto más se invierte en formación, mayor será la productividad, el crecimiento económico y las oportunidades de movilidad social. Esta teoría legitimaba la expansión de los sistemas educativos de masas y distinguía entre formación general, útil en cualquier empresa, y formación específica, aplicable solo en la empresa que la ofrece y fuente de estabilidad y promoción interna.
- Críticas a la teoría del capital humano. Se cuestionó su visión excesivamente economicista, al reducir la educación a un instrumento para obtener salarios, y su carácter individualista, ya que ignora los condicionamientos sociales en las decisiones educativas. Además, desde los años setenta se evidenció que más educación no garantizaba necesariamente mejores empleos, debilitando la promesa meritocrática.
- Teoría de la reproducción (Bourdieu y Passeron). Para estos autores, la escuela no distribuye oportunidades de manera justa, sino que reproduce las desigualdades sociales, transmitiendo la cultura de las clases dominantes como si fuese universal. La escuela legitima ventajas sociales presentándolas como talento o mérito, de modo que quienes poseen el capital cultural de las élites parten con ventaja.
- Teoría contraescolar (Willis). Paul Willis mostró cómo jóvenes de clase obrera desarrollaban una cultura contraescolar que rechazaba la meritocracia. Estos jóvenes valoraban el trabajo manual como símbolo de independencia y masculinidad, reproduciendo así su pertenencia a la clase obrera y alejándose de los beneficios escolares.
- Teoría neoweberiana del credencialismo (Collins). Randall Collins argumentó que la expansión educativa no ha traído más movilidad social, sino que los títulos funcionan como credenciales que legitiman posiciones de clase. No son reflejo de las necesidades reales del mercado de trabajo, sino mecanismos de cierre social que mantienen privilegios.
- Críticas desde la pedagogía (Illich). Iván Illich, en La desescolarización de la sociedad, denunció que la escuela no democratiza, sino que se convierte en un sistema represivo y productor de desigualdades, que orienta y controla las vidas según las necesidades de la sociedad industrial.
- Perspectiva postfordista. Desde los años ochenta, con la crisis del fordismo, se impuso la idea de que los títulos escolares ya no bastaban. La noción de competencias sustituyó a la de cualificaciones, priorizando habilidades prácticas, actitudes y adaptación al cambio.
Tanto liberales como socialdemócratas coincidieron en que la formación debía orientarse al aprendizaje práctico y a las necesidades del sistema productivo flexible.