La Fonética en la Creación Literaria: Recurrencias y Función Simbólica
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Elementos Fónicos y Recurrencias Sonoras en la Creación Literaria
En el ámbito de la creación literaria, especialmente en la poesía, se distinguen dos tipos principales de elementos fónicos o recurrencias sonoras (repeticiones de sonidos) que contribuyen a la construcción del sentido y la estética del texto.
Tipos de Recurrencias Fónicas
1. Anafonías
Las anafonías consisten en recurrencias fónicas perceptibles en un fragmento específico del discurso o del poema, pero sin un desarrollo posterior sistemático. Es decir, se trata de una recurrencia fónica aislada, una repetición de sonido que se manifiesta en un único verso o segmento. Un ejemplo claro es la aliteración, cuando se presenta de forma puntual y no extendida a lo largo del texto.
2. Recurrencias Sistemáticas
Las recurrencias sistemáticas, por el contrario, se manifiestan en varios puntos del poema (por ejemplo, en tres o cuatro lugares distintos). Estas pueden ser repeticiones de palabras, vocales o sonidos consonánticos que son claramente identificables. Cuando se identifican recurrencias sistemáticas en un poema, es posible establecer el hipograma y el paragrama.
- Hipograma: Es el resumen fónico de la recurrencia sistemática. Se refiere al sonido específico que se repite de forma perceptible. Por ejemplo, la repetición constante del sonido /s/.
- Paragrama: Consiste en señalar todos los puntos del texto en los que se produce la repetición de este sonido. Por ejemplo, el paragrama del sonido /s/ podría encontrarse en el verso 2, el verso 7, etc.
La Perceptibilidad y Función de las Recurrencias Fónicas
La terminología específica de una disciplina se utiliza para precisar el significado de sus conceptos. En este sentido, la aliteración, al igual que otras figuras retóricas, debe ser perceptible como tal. Esta característica es general para muchas figuras retóricas, que suelen ocupar lugares destacados en el texto: el comienzo o el final de un poema, una estrofa, un verso, o en sílabas tónicas, para asegurar su impacto.
Estas recurrencias fónicas cumplen una función que va más allá de lo puramente ornamental. No funcionan como significantes vacíos, sino como resortes que propician la participación del lector en la producción de sentido y, finalmente, en la experiencia estética. Es un error común pensar que las recurrencias fónicas tienen un valor onomatopéyico, es decir, que el significante reproduce o intenta reproducir fonéticamente el significado (intenta a través de las recurrencias fónicas el sonido del mundo real) — esto sería una onomatopeya.
Sin embargo, las recurrencias sistemáticas (fónicas) no intentan reproducir el sonido de la realidad por medio de signos lingüísticos. La razón es simple: la vasta variedad y riqueza del mundo no puede ser representada adecuadamente por los medios sonoros del lenguaje. El lenguaje no posee recursos suficientes para reproducir ni fenómenos sensoriales ni de índole afectiva, ya que no existen sonidos que, por sí mismos, signifiquen alegría, melancolía o esperanza.
Por tanto, por un lado, las recurrencias fónicas permiten llevar a cabo una interpretación que surge de la propia reiteración de sonidos. Esta interpretación es lo que se denomina función fonosimbólica. Esta función no debe identificarse con procedimientos onomatopéyicos, ya que no es posible representar sentimientos o la complejidad del mundo únicamente a través de sonidos.
Origen de la Interpretación Fonosimbólica
La posibilidad de interpretar estas recurrencias fónicas surge de la coincidencia de ciertos sonidos con la dinamización textual. La comunicación literaria se compone de elementos transracionales y elementos lógico-comunicativos (el lenguaje estándar).
Para que se manifieste la función fonosimbólica, debe haber una recurrencia fónica que interactúe con estos elementos transracionales y lógico-comunicativos. Siempre que hablamos de la función fonosimbólica, partimos de la base de que esta recurrencia fónica se emplea en términos que poseen un significado, lo que nos permite descubrir un sentido más allá del sonido mismo.
En resumen, la onomatopeya, por sí sola, no puede representar la complejidad del mundo únicamente a través de sonidos.