La Filosofía de Ortega y Gasset: Perspectivismo, Vida y Circunstancia
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El Problema del Pensamiento en Ortega: El Perspectivismo
La doctrina del «punto de vista» o perspectivismo aparece en Meditaciones del Quijote, Verdad y Perspectiva y El Tema de Nuestro Tiempo (en concreto, en la sección «La doctrina del punto de vista»).
Para Ortega, la verdad que pueda alcanzar el conocimiento humano respecto a la realidad que le rodea nunca será una verdad plena, completa o definitiva. Por el contrario, el conocimiento humano solo reflejará de la realidad aquella parte o rostro ontológico que pueda verse e interpretarse desde un determinado punto de vista, desde una perspectiva concreta y, por tanto, vital.
Y como toda vida es necesariamente perspectiva, el ser humano no tiene otro remedio que contentarse con esa parte de la verdad que le es accesible desde su horizonte histórico, cultural y vital. No existe un punto de vista absoluto de la realidad, sino que la perspectiva concreta es el único modo de apresar la realidad. Ahora bien, dos puntos de vista sobre la misma realidad puede que no coincidan, por lo que no pueden llegar a entenderse completamente e incluso integrarse.
¿Por qué la verdad es siempre Perspectiva?
Uno puede preguntarse: ¿Y por qué la verdad de lo real es siempre «perspectiva»? Porque, en última instancia, el ser último de la realidad —aquello que la realidad es— no es ni materia ni idea, sino perspectiva. En sus palabras: «La perspectiva es uno de los componentes de la realidad». Es su organización (El Tema de Nuestro Tiempo).
En definitiva, la perspectiva es el modo de ser y manifestarse de lo real, es decir, la condición misma de la realidad. Por tanto, el conocimiento en Ortega recela tanto del subjetivismo como del objetivismo, afirmando el perspectivismo. Este pone de manifiesto la relación necesaria y recíproca entre «yo» y «el mundo».
El Problema del Hombre en Ortega: Vida, Circunstancia y Proyecto
La realidad es perspectiva, y la vida humana, como realidad radical, también lo es: perspectiva concreta y biográfica, que comprende y actúa inmersa en unas circunstancias vitales e históricas sujetas a cambios y evolución.
Ahora bien, estas «circunstancias» (o «mi mundo») se presentan al sujeto no como determinantes causales que anulan la libertad de elección y autoelección.
La Autoelección y el Proyecto de Vida
«Autoelegirse» significa la capacidad del individuo para decidir quién quiere llegar a ser y cómo llevar a cabo su existencia, es decir, su «proyecto de vida».
Por el contrario, las circunstancias que rodean al individuo y que le han «tocado en suerte», al mismo tiempo que condicionan y limitan la acción del individuo, también permiten su realización como persona, como proyecto libre y responsable de existencia en el mundo. Las circunstancias vitales se ofrecen al individuo como oportunidades o medios (adecuados o inadecuados) que permiten realizar la vocación existencial del individuo.
Por ello, Ortega afirma que la vida es una relación problemática con las cosas, con el mundo que nos rodea y, por tanto, es primariamente un interesarse y preocuparse por un dirigirse al horizonte vital en el que me encuentro. En este sentido, toda realidad adquiere un sentido y una finalidad, es decir, una dimensión vital en relación con la existencia humana concebida como proyecto o quehacer futuro («vocación vital»).
Por otro lado, Ortega destaca el aspecto dinámico de la vida humana, afirmando que esta no es algo dado, sino que uno mismo la va construyendo a lo largo de su existencia: la vida es un ser «siendo», un «gerundio». En fin, la vida es un anticiparse y proyectarse teniendo en cuenta las circunstancias vitales en tanto que posibilidades concretas de existencia.
Ideas y Creencias: El Patrimonio Histórico
Por último, hay que señalar que la existencia humana depende igualmente del patrimonio de ideas y creencias elaboradas por la humanidad. Ortega distingue entre:
- Ideas: Ocurrencias, pensamientos, contenidos de conciencia producidos por el individuo, cuya existencia no depende de nuestra vida.
- Creencias: Ideas colectivas ya establecidas, la cultura y tradición histórica propia de un pueblo, sobre las cuales asentamos nuestra existencia.
Por ello, la tradición cultural e histórica de una persona resulta vital para comprender el mundo que le rodea y en el que vive: gracias a las creencias es posible la vida colectiva.