La Filosofía de Nietzsche: Crítica a Conceptos Supremos, Arte Trágico y el Valor del Cuerpo
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Conceptos Supremos y la Crítica de Nietzsche
Los conceptos supremos han recibido un valor máximo: el Bien, la Verdad… Estos conceptos, según Nietzsche, han sido inventados con la intención de crear un engaño. El engaño consiste en la afirmación de la existencia de un mundo superior a este, un mundo en el que residen esos “conceptos supremos”. Ese mundo superior, idealizado, no está sujeto a las incomodidades y a las imperfecciones de este mundo terrenal, el único demostrable. Además, estos conceptos son los más alejados de la realidad sensible, de los sentidos; de hecho, son los conceptos que niegan la realidad misma. Estos conceptos representan la negación de este mundo, pues niegan la muerte al afirmar la inmortalidad.
Entre todos los conceptos supremos, el más grande, en el que se resumen todos, es el de Dios. El Dios de los filósofos es la idea más abstracta, la menos real. Los atributos de Dios son, precisamente, los conceptos supremos. De Dios se dice que es el principio, es causa sui, es decir, causa de sí mismo, mientras que los conceptos supremos son lo último. Y Dios, en esta lógica, es lo último de lo último. Cuando Nietzsche se refiere a Dios, hemos de entender que hace referencia tanto al Dios cristiano como al Dios de los filósofos y al de la religión. El Dios de la religión cristiana es el que representa la negación del cuerpo y su exaltación como lugar de sufrimiento; es el Dios de la muerte como trance necesario para empezar a vivir, pues confirma la idea de los filósofos de que la vida verdadera no es la terrenal, sino la que comienza después de la muerte.
El Arte Trágico: Exaltación de la Vida
En este contexto, Nietzsche, ante todo, opone el arte trágico a la filosofía. El filósofo “tradicional” niega las sensaciones y los sentidos en favor de la razón; renuncia a la vida y se refugia en un mero reflejo de esta: la reflexión. La reivindicación del arte trágico en Nietzsche debe entenderse como una exaltación de la vida. En esta reivindicación, se halla una comprensión de la vida como representación, como un juego en el que la pasión y la alegría de vivir se manifiestan en el contexto (trágico) de un destino que escapa al control humano. Lo trágico se asocia al sentido de lo dionisíaco y al de catarsis (entendida como 'curación' o liberación): mientras que en Platón la 'curación' implicaba liberarse de la ignorancia y de las cadenas de los sentidos, en Nietzsche, la 'curación' consiste en la recuperación del instinto mediante la liberación de las cadenas de la razón. Lo dionisíaco representa la superación de las fronteras del 'yo'.
Los Sentidos y el Cuerpo: Fundamento del Conocimiento
En este texto, Nietzsche reprocha a los filósofos su desprecio por los sentidos y el cuerpo. Nietzsche afirma que hoy poseemos ciencia en la medida en que hemos aceptado el testimonio de los sentidos. Contra los filósofos “tradicionales”, Nietzsche afirma que el conocimiento del error proviene de una interpretación errónea de la información que nos proporciona la razón. Por ello, nos invita a “pensar los sentidos hasta el final”. Los filósofos racionalistas (aquellos que priorizan la razón sobre el cuerpo), así como los cristianos, 'entierran' la vida. Según Nietzsche, es imperativo devolver al cuerpo sus derechos, comenzando por los sentidos. Los sentidos nos muestran la realidad de la vida: el cambio, el devenir, el dolor, la alegría; aspectos que la razón no puede aprehender. Los sentidos son la auténtica fuente del conocimiento verdadero. Por su defensa de los sentidos como fuente de conocimiento, podemos inscribir a Nietzsche en las corrientes del empirismo, el hedonismo y el vitalismo.