Filosofía moderna: Dios, ética y concepción del ser humano en Descartes, Hume, Rousseau y Kant

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Descartes

Dios

En la filosofía de Descartes, Dios ocupa un papel central porque garantiza la verdad del conocimiento. Tras la duda metódica, Descartes solo está seguro de la existencia del yo pensante (cogito, ergo sum), lo que lo conduce a una situación que podría entenderse como solipsismo. Para salir de ella y asegurar la existencia de la realidad, necesita demostrar la existencia de Dios. Para ello se apoya en las ideas innatas presentes en la mente, especialmente la idea de infinito y la de perfección. Descartes sostiene que, siendo el ser humano finito e imperfecto, no puede ser la causa de esas ideas, por lo que debe existir un ser infinito y perfecto que las haya puesto en él: Dios. Además, defiende el argumento ontológico, según el cual la esencia de Dios implica necesariamente su existencia. Dios es concebido como una sustancia infinita, perfecta y bondadosa, que no puede engañar. Gracias a esta veracidad divina, Descartes puede afirmar que todo aquello que se percibe de manera clara y distinta es verdadero, superando así la hipótesis del genio maligno. De este modo, Dios se convierte en la garantía última del conocimiento y en el fundamento de la existencia del mundo exterior.

Ética

Aunque Descartes no desarrolla una ética sistemática como otros filósofos, su pensamiento tiene importantes consecuencias éticas relacionadas con la libertad y la responsabilidad moral. Su concepción mecanicista de la naturaleza afirma que todo lo material está sometido a leyes físicas necesarias y deterministas. Si el ser humano fuera únicamente un cuerpo material, estaría completamente determinado y no podría actuar libremente, lo que haría imposible hablar de responsabilidad, bien o mal. Para evitar esta conclusión, Descartes defiende que el ser humano posee un alma o mente inmaterial que no está sometida a las leyes físicas. Gracias a esta sustancia pensante, el ser humano es libre y responsable de sus acciones. En su obra Las pasiones del alma, analiza cómo las pasiones influyen en el comportamiento humano y sostiene que la razón debe gobernarlas para actuar correctamente. Así, la ética cartesiana se basa en el uso de la razón para controlar las pasiones y orientar la conducta, haciendo posible la libertad moral y la responsabilidad individual.

El ser humano

Para Descartes, el ser humano es una realidad dual compuesta por dos sustancias distintas: la res cogitans y la res extensa. La res cogitans es el alma o mente, cuya esencia es pensar, y constituye la verdadera identidad del sujeto. El cuerpo, en cambio, es una sustancia material extensa que funciona según las leyes mecánicas de la naturaleza, como una máquina. El punto de partida de la filosofía cartesiana es el sujeto pensante, ya que la primera verdad indudable es que el yo piensa y, por tanto, existe. Desde esta certeza, Descartes reconstruye todo el conocimiento. El ser humano no se define principalmente por su cuerpo, sino por su capacidad racional. Sin embargo, alma y cuerpo interactúan entre sí, y Descartes explica esta comunicación mediante la glándula pineal, donde la mente influye en el cuerpo. Gracias a esta concepción, el ser humano es capaz de conocer la realidad mediante la razón, actuar libremente y convertirse en el centro del conocimiento moderno.

Hume

Dios

Desde su empirismo radical, Hume realiza una crítica profunda a la idea de Dios, negando que pueda tener un fundamento racional válido. Su principio básico afirma que toda idea legítima debe proceder de una impresión sensible, es decir, de la experiencia. Sin embargo, no existe ninguna impresión de Dios, ya que nunca tenemos experiencia directa de un ser infinito, perfecto y omnipotente. Las cualidades que tradicionalmente se atribuyen a Dios —perfección, bondad, infinitud— no proceden de la experiencia, sino que son construcciones de la mente humana que amplifican cualidades observadas en los seres humanos. Por ello, Hume sostiene que la idea de Dios no puede considerarse una idea verdadera, sino una ficción. Como consecuencia, rechaza las pruebas racionales de la existencia de Dios y afirma que no es posible demostrar ni su existencia ni su inexistencia, adoptando una postura escéptica y agnóstica. Toda teología racional queda así invalidada, ya que pretende ir más allá de los límites de la experiencia, lo cual supone un uso ilegítimo de la razón.

Ética (Hume)

La ética de Hume se basa en una crítica al racionalismo moral y da lugar a una teoría conocida como emotivismo moral. Frente a la idea de que la razón sea el fundamento de la moral, Hume sostiene que las acciones humanas se basan principalmente en las pasiones y emociones. Para él, la razón no puede motivar la acción, sino que se limita a servir a las pasiones. Los juicios morales no surgen del conocimiento racional, sino de sentimientos de aprobación o desaprobación: consideramos bueno aquello que nos produce agrado y malo lo que nos genera rechazo. Hume denuncia que el racionalismo moral confunde el “ser” con el “deber ser”, ya que no se puede derivar una norma moral a partir de hechos. Además, introduce el concepto de simpatía, gracias al cual somos capaces de compartir las emociones de los demás, lo que fundamenta la moral y la justicia. De este modo, la justicia se entiende en términos de utilidad social, considerándose justas aquellas acciones que contribuyen al bienestar general, lo que convierte a Hume en precursor del utilitarismo.

El ser humano (Hume)

El objetivo principal de la filosofía de Hume es elaborar una auténtica ciencia del ser humano basada en la experiencia. Para ello, analiza la naturaleza humana desde una perspectiva empirista, afirmando que todo conocimiento procede de las percepciones, que se dividen en impresiones e ideas. Las impresiones son percepciones vivas y directas, mientras que las ideas son copias debilitadas de esas impresiones. Hume niega la existencia de ideas innatas y sostiene que la mente no es más que un conjunto de percepciones en constante cambio. En consecuencia, rechaza la idea de un yo o alma como sustancia permanente, ya que nunca tenemos una impresión del yo, sino solo de percepciones aisladas que se suceden unas a otras. El yo no es más que una ficción creada por la memoria y la costumbre para dar continuidad a nuestras experiencias. Del mismo modo, el ser humano organiza su experiencia mediante hábitos mentales, como la causalidad, que no es una ley del mundo, sino una creencia producida por la costumbre. Así, el ser humano aparece como un ser limitado, guiado por la experiencia, los hábitos y las emociones, y no por una razón absoluta.

Rousseau

Biografía

Nació en Ginebra en 1712 y fue criado por sus tíos, ya que quedó huérfano de madre y su padre lo abandonó. A los dieciséis años se lanzó a la aventura hasta que Madame de Warens lo acogió y le ayudó en su educación. Rousseau se enfrentó a Voltaire y se enemistó con gran parte de los ilustrados de su época. Este autor es uno de los referentes de la Ilustración francesa y escribió muchas obras clave de política, música y pedagogía. Su obra El contrato social (1762) puso los cimientos de la Revolución Francesa, que cambiaría el paradigma político del mundo.

Sociedad (Rousseau)

La filosofía política de Rousseau se centra en una crítica profunda a la sociedad y al modelo político de su tiempo. Frente a la idea ilustrada de progreso, Rousseau sostiene que la civilización ha corrompido al ser humano y ha generado desigualdad, egoísmo e injusticia. El origen de estos males se encuentra en la aparición de la propiedad privada, que despierta el deseo de poseer y rompe la igualdad natural entre los individuos, dando lugar a desigualdades económicas y sociales. Para Rousseau, los Estados existentes no surgen para garantizar el bien común, sino para proteger los intereses de los más ricos, convirtiéndose en Estados ilegítimos que mantienen a la mayoría en una situación de servidumbre. Las democracias representativas, aunque aparentan igualdad, funcionan en la práctica como monarquías encubiertas, ya que el poder real está en manos de una minoría dirigente. Como solución, Rousseau propone la refundación del contrato social, mediante el cual se establece la voluntad general, orientada al bien común. En este nuevo orden social, el poder legislativo reside en el pueblo soberano y no puede ser delegado, garantizando así la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos.

El ser humano (Rousseau)

Rousseau parte de una concepción optimista del ser humano, en clara oposición a autores como Hobbes. Para él, el ser humano en el estado de naturaleza es bueno, solidario y pacífico, guiado por su conciencia y sus sentimientos naturales. En este estado, los individuos viven libres e iguales, sin dominar ni ser dominados, manteniendo relaciones armónicas basadas en la cooperación. El ser humano solo obedece a su propia naturaleza y no a leyes impuestas desde fuera, lo que le permite ser verdaderamente libre. Sin embargo, al entrar en la sociedad civil, el ser humano es progresivamente corrompido por la cultura, la ambición y el individualismo, convirtiéndose en enemigo de sus semejantes. La pérdida de la igualdad y la libertad no es natural, sino fruto de un orden social injusto. En el contrato social propuesto por Rousseau, el ser humano recupera su libertad al someterse a la voluntad general, ya que esta expresa el interés común del conjunto. De este modo, el individuo es a la vez soberano y súbdito, y obedecer la ley significa obedecerse a sí mismo como miembro de la colectividad.

Kant

Dios

En la filosofía de Kant, Dios es un noúmeno, es decir, una idea de la razón pura que podemos pensar, pero nunca conocer, porque no tenemos intuición sensible de él y las categorías del entendimiento no se aplican a lo que está más allá de la sensibilidad. En el uso teórico de la razón, Dios solo tiene un uso regulativo: actúa como ideal que orienta la investigación científica hacia totalidades más amplias, pero es imposible demostrar su existencia (argumento ontológico, cosmológico, teleológico) o su inexistencia. Sin embargo, en el uso práctico o moral de la razón, Dios adquiere sentido como postulado de la razón práctica: junto con la libertad y la inmortalidad del alma, es exigido por la ley moral para garantizar que la virtud y la felicidad coincidan finalmente en el Bien Supremo. Dios no es el fundamento de la moral (la moral no se basa en la religión), sino que es la moral la que postula racionalmente a Dios como garante último de la justicia.

Ética

La ética kantiana es formal, autónoma y deontológica. El único principio moral absoluto es el imperativo categórico, que presenta dos formulaciones principales:

  • «Obra solo según aquella máxima por la cual puedas querer al mismo tiempo que se convierta en ley universal».
  • «Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como fin y nunca solo como medio».

El criterio de la moralidad no es el resultado ni la felicidad, sino la buena voluntad que actúa por puro deber y respeto a la ley moral. Esta ética hace al ser humano autónomo, porque la razón se da a sí misma la ley, lo cual solo es posible si el ser humano es libre como ser nouménico. La virtud consiste en actuar siempre por deber, tratando a las personas como fines en sí mismas, lo que da lugar al reino de los fines.

Ser humano

Para Kant, el ser humano es un ser dual: como fenómeno, está sometido a las leyes causales de la naturaleza (sensibilidad, espacio y tiempo); como noúmeno (ser racional y moral), es libre, autónomo y se da a sí mismo la ley moral. Posee tres facultades: sensibilidad (intuiciones), entendimiento (categorías) y razón (ideas). Su rasgo característico es la «insociable sociabilidad»: es egoísta y antisocial por naturaleza, pero precisamente este antagonismo lo impulsa a salir de sí mismo, a convivir y a progresar, generando cultura, derecho y moralidad. Su destino es desarrollar plenamente todas sus disposiciones mediante el uso de la razón, aspirando a convertirse en ciudadano del "reino de los fines", una comunidad de seres racionales que se tratan mutuamente como fines absolutos dentro de una constitución republicana.

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