Filosofía medieval: Fe y razón, Agustín de Hipona y los grandes debates (siglos V–XV)
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1. Cuestiones fundamentales de la filosofía medieval (Contexto)
La filosofía medieval (siglos V–XV), en el marco cristiano, judío e islámico, buscó conciliar la razón filosófica griega con la fe revelada, de modo que la filosofía quedó a menudo subordinada a la teología (ancilla theologiae). Su centro fue Dios, y el gran problema fue la relación fe‑razón, intentando mostrar que ambas proceden de Dios y no pueden contradecirse.
Se trataron temas como:
- La existencia y los atributos divinos (pruebas, lenguaje analógico, omnisciencia y libertad humana).
- El problema del mal (Agustín: el mal es privación de bien por mal uso de la libertad).
- La disputa sobre los universales (realismo vs. nominalismo, con repercusiones teológicas).
- El debate sobre la eternidad del mundo frente a la creación y los límites del conocimiento humano.
- La distinción entre verdades naturales y verdades reveladas.
Además, la antropología, la ética (gracia y libertad) y la política (Iglesia–Estado) acompañaron toda la evolución desde la patrística a la escolástica y el nominalismo.
2. Grandes temas de la primera filosofía cristiana
Los primeros cristianos defendieron que fe y razón son complementarias: la fe orienta y la razón profundiza. Dios crea el mundo ex nihilo, libremente y siguiendo ideas ejemplares en su inteligencia, reinterpretando el platonismo. El ser humano es una unidad de alma espiritual inmortal y cuerpo bueno, ambos con dignidad por ser imagen de Dios. En moral, la felicidad requiere la gracia, y la vida virtuosa se fundamenta en el amor a Dios y al prójimo, con virtudes como la caridad y la humildad, orientando la imitación de Cristo.
3. Asimilación de la filosofía griega (Núcleo fe‑razón)
El cristianismo nació en un entorno helenístico con estoicismo, epicureísmo y escepticismo, y aunque no fue una filosofía en sentido estricto, recurrió a la filosofía para defenderse, aclarar su doctrina y adaptarse culturalmente (inculturación). Tras su legalización y oficialización (313 y 380), integró elementos grecorromanos, especialmente del neoplatonismo (trascendencia, mundo inteligible) y del estoicismo (logos y ética racional).
Justino interpretó estas coincidencias diciendo que los filósofos paganos habían recibido “semillas del Logos”. En el siglo XIII, la entrada del aristotelismo desde el islam y el judaísmo renovó profundamente la teología cristiana.
4. Agustín de Hipona
4.1. Conocimiento de la verdad
Agustín (354–430) vio la filosofía como búsqueda de la verdad que conduce a la felicidad y concluyó que la fe y la razón se necesitan mutuamente («creo para entender y entiendo para creer»). Contra el escepticismo afirmó la certeza de la propia existencia (si fallor, sum).
Distingue entre conocimiento sensible y racional, cuyo nivel superior capta verdades eternas, imposibles de producir por el alma; por ello formuló la iluminación divina, según la cual Dios ilumina la mente para conocer las verdades eternas.
4.2. Dios
Agustín defendió la existencia de Dios desde el orden del mundo y desde las verdades eternas en la mente, que exigen un fundamento inmutable. Dios es inefable, pero la Escritura lo presenta como Ser por esencia («Yo soy el que soy»). Afirma la creación ex nihilo, realizada por amor y según ideas ejemplares en la mente divina, que reinterpretan las Ideas platónicas situándolas en Dios, no fuera de Él.
4.3. El ser humano
El ser humano es una unidad de alma y cuerpo: el alma es espiritual, simple e inmortal, y el cuerpo es bueno por proceder de Dios. La capacidad del alma para conocer verdades eternas prueba su espiritualidad.
Sobre su origen, Agustín examinó dos posiciones clásicas:
- Traducianismo: el alma es transmitida por los padres —explica el pecado original pero puede comprometer la espiritualidad del alma.
- Creacionismo: cada alma es creada directamente por Dios —respeta la naturaleza espiritual del alma pero dificulta explicar el origen del pecado.
Agustín se inclinó por el creacionismo, aunque sin resolver la cuestión de manera definitiva.