El Ferrocarril en España: Orígenes, Retrasos y Consecuencias Económicas

Enviado por Programa Chuletas y clasificado en Historia

Escrito el en español con un tamaño de 3,78 KB

Se trata de un texto narrativo, de carácter económico, escrito por G. Tortella y extraído de El desarrollo de la España contemporánea en Historia económica de los siglos XIX y XX, por lo que es una fuente secundaria. Va dirigido a todo el público en general con la intención de analizar los orígenes del ferrocarril en España, centrándose en dos ideas principales: explicar las causas del retraso de su construcción, desarrolladas prácticamente en las líneas 1-3, y el fracaso del modelo utilizado, que sería el resto.

La lentitud y el retraso del proceso industrializador en España estuvieron directamente relacionadas con las dificultades para vertebrar un mercado interior. La escasa demanda y las deficiencias en los medios de transporte fueron en buena parte responsables de la escasa articulación de la economía española.

España necesitaba el ferrocarril para poder estructurar un mercado interior inexistente. Sin embargo, su construcción comenzó con 25 años de retraso respecto a otros países de Europa. Para el autor, este atraso se explica, en primer lugar, por el atraso de la industrialización española, y en segundo lugar, por la ineptitud, la incapacidad y la negligencia de los diferentes gobiernos.

No fue hasta el Bienio Progresista (1854-1856) cuando se dio un auténtico impulso al ferrocarril con la aprobación de la Ley General de Ferrocarriles que concedía amplias ventajas a las empresas inversoras. El ferrocarril fue decisivo para la integración del mercado y el desarrollo económico a medio plazo, pero la fase de construcción del ferrocarril fue pésima, tal como explica el autor en el tercer y cuarto párrafo, ya que impulsó escasamente la industria nacional en comparación con lo que benefició a la francesa y a otras europeas. Además, el ancho de la vía era mayor que en el resto de líneas europeas.

La decisión de imponer este ancho la tomó el gobierno de Narváez en 1844, no solo por motivos militares, sino también para dar solución al problema que ofrecía la compleja orografía nacional. Aunque, en cualquier caso, fue una medida que complicó los intercambios con Europa favoreciendo nuestro aislamiento comercial. Entre 1856 y 1866 la construcción fue intensa y dio lugar a una red radial con centro en Madrid, de 6000 km, que tuvo efectos beneficiosos sobre la economía y fue un poderoso elemento de transformación social: por un lado, favoreció la movilidad de la población, acortando el tiempo de viaje y reduciendo el precio del trayecto. Además, abarató el comercio interior y abrió nuevos mercados de productos, permitiendo comerciar con productos pesados como el carbón asturiano, productos agrarios y productos perecederos como el pescado fresco.

Sin embargo, esta red radial dejaba grandes zonas incomunicadas (España Occidental, Castilla y Aragón), además de que el atraso económico hizo que el ferrocarril nunca fuese un gran negocio. En definitiva, a pesar de las limitaciones y despropósitos de su construcción, de la deficiente explotación y de las concesiones a compañías extranjeras, el ferrocarril resultó un instrumento indispensable para dotar a España de un sistema de transporte masivo, barato y rápido que pudiese favorecer el intercambio de personas y mercancías entre las distintas regiones y aumentar el comercio interior. Sin embargo, el escaso desarrollo industrial de muchas regiones españolas y el hecho de que en ellas predominase una economía agrícola con una productividad muy limitada hizo que el volumen de intercambios interiores fuera en España muy por debajo del que presentaban los países más industrializados de su entorno y, por tanto, el éxito del ferrocarril mucho más moderado.

Entradas relacionadas: