Felipe II y la Monarquía Hispánica: Apogeo e Integración Ibérica
La monarquía hispánica de Felipe II: La unidad ibérica
La monarquía hispánica alcanzó su máxima extensión bajo el reinado de Felipe II (1556-1598). Su política interior se centró en dos pilares fundamentales:
- Intolerancia religiosa: Se implementó la prohibición de importar libros y estudiar en universidades extranjeras, se aumentó la vigilancia de la Inquisición, se brindó un firme apoyo a la Contrarreforma católica y se eliminaron los focos protestantes en Valladolid y Sevilla.
- Centralismo: Destacan los conflictos con las Cortes de Aragón, el establecimiento de la corte fija en Madrid desde 1561 y su residencia habitual en el Monasterio de El Escorial.
Política exterior y hegemonía europea
Su política exterior, orientada a mantener la hegemonía en Europa y asegurar el triunfo del catolicismo, se desarrolló en cuatro frentes principales:
- Sublevación de los Países Bajos (1568): Conflicto iniciado por la alta nobleza y la burguesía de mayoría calvinista, con el apoyo estratégico de Francia e Inglaterra.
- Freno a la expansión turca: Se logró mediante la creación de la Santa Liga junto a Venecia y el Papado, culminando en la victoria de Lepanto en 1571.
- Guerra con Inglaterra: La tradicional hostilidad hacia Francia fue sustituida por un enfrentamiento directo con Inglaterra.
- Unión con Portugal: Tras la muerte sin herederos del rey Sebastián I en 1578, se abrió un proceso sucesorio.
La unión dinástica con Portugal
Ante la vacante del trono portugués, Felipe II, tío del difunto monarca, reclamó sus derechos sucesorios. Si bien una parte importante de la nobleza y los grandes comerciantes portugueses apoyaban esta pretensión por los beneficios políticos y económicos esperados, las clases populares se oponían a la anexión.
Finalmente, Felipe II ordenó la invasión, encomendada al Duque de Alba. Las tropas castellanas llegaron a Lisboa sin apenas resistencia y, en 1581, las Cortes portuguesas proclamaron rey a Felipe II, quien permaneció en el país durante tres años. La anexión se realizó bajo las siguientes condiciones:
- Respeto a las leyes e instituciones portuguesas.
- Reserva de los principales cargos administrativos para ciudadanos portugueses.
- Creación de un Consejo de Portugal.
- Supresión de las aduanas con Castilla.
Esta anexión supuso la unión de dos enormes imperios; las posesiones portuguesas en Brasil, África y Asia pasaron a integrarse bajo la corona de Felipe II, cumpliéndose así el sueño de los Reyes Católicos de lograr la unidad de la Península Ibérica.
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