El Fantasma de Canterville: Resumen de la Obra Maestra de Oscar Wilde

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La llegada de la familia Otis al Castillo de Canterville

El señor Hiram B. Otis, presentado como ministro de los Estados Unidos, acaba de concretar la compra del castillo de Canterville, a pesar de las advertencias del dueño, lord Canterville, acerca de que el recinto se halla embrujado por la presencia de un ancestro muerto hace unos 300 años. Otis es, sencillamente, un hombre pragmático que no cree en fantasmas; por ello, tras la compra, hace caso omiso de la misteriosa mancha de sangre que ha aparecido en el salón principal, aunque la vieja ama de llaves, la señora Umney, les indica que la mancha es obra del espectro. De hecho, proceden a limpiarla con un producto quitamanchas que han traído de los Estados Unidos.

El choque entre el pragmatismo y lo sobrenatural

Esa primera noche, el señor Otis oye el molesto ruido de cadenas que rechinan por los pasillos del castillo. Cuando sale a ver qué ocurre, se encuentra con el fantasma, ataviado con ropa hecha jirones y ojos centelleantes. Lejos de asustarse, el dueño de casa le ofrece al fantasma un frasco con un lubricante estadounidense para que pueda limpiar las cadenas y evitar que rechinen. Indignado, el fantasma se retira, pero antes se cruza con los gemelos Otis, quienes lo atacan lanzándole almohadas.

El jocoso tormento de Sir Simón de Canterville

Allí comienza entonces el jocoso tormento al que es sometido el espectro de sir Simón por la familia estadounidense, que no cesa de hacerle bromas cada vez que intenta espantarlos, además del empeño con el que limpian la mancha de sangre del salón cada vez que el fantasma la repone. Esta mancha provoca un efecto curioso, toda vez que cada día aparece de un tono ligeramente distinto, hasta que llega a mostrarse de color verde esmeralda, lo que provoca la aprensión de la joven Virginia.

La frustración del espectro y el encuentro con Virginia

La poca seriedad con la que los Otis se toman al fantasma provoca que este se halle cada vez más frustrado y deprimido, hasta que casualmente Virginia, la única que no participaba de las bromas, lo encuentra solo y meditabundo en un pequeño cuarto de costura anexo al castillo. Conversando con él, se entera de los motivos por los que el fantasma no descansa y le reclama que había estado reponiendo la «mancha de sangre» con las pinturas que ella usaba para sus cuadros.

La historia de Sir Simón y la profecía de redención

Sir Simón de Canterville le explica que había sido un hombre violento y cruel, que había asesinado a su esposa por ser «feísima y mala cocinera». La familia de la mujer, posteriormente, lo había encerrado y encadenado en un sótano, colocándole cerca un plato con comida y una jarra de agua, de manera que no pudiera alcanzarlos. Encerrado de este modo, Canterville murió de hambre y nunca se supo más de él, hasta que apareció como fantasma.

Pero según una profecía, encontraría la paz y descansaría por siempre si una joven pura lloraba por sus pecados y pedía por su alma. La joven resultó ser la hija de los Otis. Virginia ayuda al fantasma a alcanzar la redención, con lo que la presencia en el castillo cesa. Sin embargo, la conversación entre Canterville y la muchacha será un secreto que ella mantendrá, incluso después de casada.

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