Falacias Lógicas Comunes: Cómo Identificar Engaños en la Argumentación
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Falacia ad misericordiam
Esta falacia consiste en apelar a los sentimientos del oponente para persuadirlo. Así, por ejemplo, si un padre se negara a comprarle un ciclomotor a su hijo, este podría apelar a la compasión del padre diciendo que va a ser el único de su pandilla sin moto y que se va a sentir inferior, marcado o marginado por ello.
Otra forma de expresarlo, más coloquial, sería decir que esta falacia consiste en provocar o dar pena, en hacerse el mártir —ir de víctima o incluso chantajear emocionalmente—. Con la pena se pretende ablandar y doblegar por vía sentimental al contrincante, cuando no puede hacerse por vía lógica.
Falacia de la supresión de prueba
Se incurre en esta falacia cuando, al argumentar, se elimina la información que no nos beneficia o se ofrece de manera sesgada; es decir, dándole la interpretación que más nos interesa.
Ejemplos y variantes
Esta falacia aparece con frecuencia y con gran variedad de formas. Así, se presenta a veces con la variante que podemos llamar estadística:
- «Los españoles somos los que disfrutamos de mayor calidad de vida».
Es evidente que, si no se nos dice más, se nos ha dicho muy poco. Se supone que cuando tal información aparece en un periódico, se basa en algún tipo de estudio estadístico, pero ¿qué criterios se han empleado? A veces se nos dan incluso cifras, pero no se suele aclarar si son absolutas o relativas.
Falacia de la falsa causa o post hoc, ergo propter hoc
Esta falacia consiste en afirmar que un fenómeno es causa de otro simplemente por el hecho de ser anterior a este cronológicamente (después de esto, por tanto, a causa de esto).
La falacia consiste en confundir la sucesión temporal con la causalidad. Por ejemplo:
«Después de tomar las pastillas para el dolor de cabeza, contraje la hepatitis. Por tanto, las pastillas han sido la causa de la enfermedad».
Podría ser que las pastillas en cuestión tuviesen un componente que causara la hepatitis; esto no lo debemos descartar, pero no podemos afirmar que hemos contraído la enfermedad solo por el hecho de haber tomado antes las pastillas. Correlación y causalidad no son términos sinónimos.