Explorando la Generación del 27: Orígenes, Características y Legado Literario
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Características del Grupo del 27
Nietos del 98, Generación de la Revista de Occidente, Generación de la amistad… son algunos de los nombres que ha recibido este grupo de autores. El término Generación del 27 se debe a que en 1927 el Ateneo de Sevilla organiza un acto conmemorativo por el tercer centenario de la muerte de Góngora. Los autores pronto constituyeron un grupo de auténticos amigos que, aun careciendo de un programa común, sintieron el mismo deseo de renovación lírica. La Residencia de Estudiantes, con sus tertulias y actividades culturales, el Centro de Estudios Históricos y los cafés madrileños, fueron puntos de encuentro y enriquecimiento para todos ellos. Tuvieron un talante abierto, liberal y progresista, que se refleja en sus opiniones políticas. La mayoría se posicionó a favor de la Segunda República. Colaboraron en las mismas revistas. Las más importantes fueron la Revista de Occidente, que publicó varios libros fundamentales del grupo, y La Gaceta Literaria.
Sin embargo, la Guerra Civil sumió al país en el dolor y terminó con esta intensa vida literaria y cultural, de ahí que, a excepción de Lorca, asesinado en 1936, y V. Aleixandre, Gerardo Diego y Dámaso Alonso, que permanecieron en España, los demás marcharon durante o al finalizar la guerra al exilio al igual que otros muchos intelectuales. Esta partida supone un giro artístico en su producción: la rehumanización, que ya se había abierto en los años 30. Los poetas del 27, aunque en conexión y dependencia respecto a los movimientos vanguardistas europeos, no extremaron la posición novedosa y conjugaron en sus obras tradición y revolución (vanguardia), desarrollándose a su modo. Respecto a la Vanguardia, bebieron de la influencia de varios ismos, pero nos centraremos en la influencia del Surrealismo, Creacionismo y Ultraísmo. De la generación precedente, Juan Ramón Jiménez servirá de faro a los que cultivaron la poesía pura; de la poesía de Ramón Gómez de la Serna, que con sus greguerías había abierto el camino de la vanguardia, recogerán el uso de la metáfora y la tendencia lúdica y evasiva del lenguaje.
Ortega y Gasset será el mentor y defensor de estos jóvenes renovadores de la poesía que vieron publicadas sus obras en la Revista de Occidente y que habían leído con entusiasmo La deshumanización del arte. De la tradición literaria española, junto a Góngora, debido al carácter deshumanizado de gran parte de su obra y de la importancia que en ella adquiere lo conceptual sobre lo emotivo, y a los poetas gongorinos, se sintieron atraídos por la obra de Manrique, Garcilaso, Fray Luis, San Juan, Quevedo o Bécquer. Especial interés suscitó Lope de Vega, sobre todo por sus poemillas de corte popular.
Calificada esta etapa como segunda “Edad de Oro” o Edad de Plata de la literatura española, la mayoría de los poetas cambiaron su modo de hacer poesía a lo largo de 40 años, aunque algunos, como Guillén, fueran fieles a una línea determinada.
A pesar de la heterogeneidad dentro del grupo, a grandes rasgos se aprecia una evolución paralela que parte de la intrascendencia de la Vanguardia para llegar, después de varias fases, a un compromiso humanizado o político.
En una primera etapa que se prolonga más o menos hasta 1928 ó 1929, se aprecia en ellos un afán de pureza y desnudez, que le vino de la mano de Juan Ramón Jiménez. Fueron acusados en sus comienzos de herméticos y fríos debido a la contención en la expresión del sentimiento y el intelectualismo, pero el propio Guillén apostó por el poema “con poesía y otras cosas humanas”, y su predilección por la poesía popular (tan impregnada de “impurezas sentimentales”) los aleja de la pureza extrema. Además, es evidente en su producción la herencia de la poesía moderna posterior al Romanticismo (Bécquer, Darío, Machado o Juan Ramón), por lo que sintetizaron en los poemas lo intelectual y lo sentimental y nunca llegaron a considerarse deshumanizados o puros.