Evolución y Vanguardia en el Teatro Español de Valle-Inclán

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El panorama del teatro español a finales del siglo XIX y principios del XX

El teatro español de este periodo se articula en varias tendencias:

  • Teatro comercial: Integrado por la comedia burguesa de Benavente y un teatro poético en verso de tendencia neorromántica.
  • Teatro de innovación: Autores de la Generación del 98, como Unamuno y Azorín, entroncan con las propuestas teatrales europeas para romper con los moldes tradicionales.

La revolución de Valle-Inclán

Quien verdaderamente revoluciona la escena española es Valle-Inclán, enfrentándose al teatro comercial vigente. Podemos establecer tres etapas en su creación:

  • Teatro poético: Hasta 1907. Su primera obra, Cenizas, se inscribe en el modernismo.
  • Ciclo mítico: Hasta 1920. Constituido por las Comedias bárbaras, El embrujado y Divinas palabras.
  • Ciclo de las farsas y esperpentismo: A partir de 1920. Lo forman la Farsa infantil de la cabeza del dragón, La marquesa Rosalinda, Farsa italiana de la enamorada del rey y Farsa y licencia de la reina castiza.

El nacimiento del esperpento

En todas estas obras, Valle-Inclán opone lo sentimental a lo grotesco. Las técnicas utilizadas desembocan en la creación del esperpento, una nueva forma de ver el mundo que deforma y distorsiona la realidad para presentarnos la imagen real que se oculta tras ella.

Obras clave del esperpentismo
  • Luces de bohemia: Obra que inicia el ciclo y en la que el autor teoriza sobre el nuevo género.
  • Martes de carnaval: Reúne tres piezas: Las galas del difunto, Los cuernos de don Friolera y La hija del capitán.
  • El retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte: Constituido por cuadros temáticos como Ligazón, La rosa de papel, El embrujado y La cabeza del bautista. Todo el retablo plasma el comportamiento primitivo de unos personajes en una sociedad degenerada.

Legado y valoración crítica

El teatro de Valle-Inclán entronca con las novedades europeas y ciertos rasgos ligados al expresionismo. El esperpento es una muestra de la ruptura con el realismo, donde los personajes aparecen simplificados y deformados, convirtiéndose en símbolos.

La obra teatral de Valle-Inclán no tuvo en vida la resonancia que merecía, sufriendo una etapa de indiferencia tras su muerte. Sin embargo, con la llegada de la democracia, la situación cambió, pasando a considerarlo como un escritor comprometido con la realidad de su tiempo.

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