Evolución de los Servicios Públicos en Chile: Electricidad y Saneamiento Urbano

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Historia de la electrificación en las ciudades chilenas

Si bien el uso de electricidad en Chile se remonta a la llegada del telégrafo, su utilización para iluminación y propulsión de tranvías se produjo a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. En esta época, múltiples empresas pequeñas y algunas grandes sociedades anónimas, como la Chilean Electric Tramway and Light Company, comenzaron a tender los cables por los que se transmitiría la energía al alumbrado público, a las faenas productivas —sobre todo en las minas— y a los tranvías eléctricos. En tal contexto, la electrificación fue concebida como un indicador del progreso del país.

A inicios de la década de 1920, el territorio nacional contaba con tendidos eléctricos independientes desde el norte hasta el sur, que dotaban de energía a partes considerables de sus ciudades y enclaves mineros. De esta manera, entre 1922 y 1929, su consumo aumentó en un 33% anual. En parte, esto se debió a la masificación de los aparatos de radiodifusión y de electrodomésticos, como la plancha.

Producto de su desarrollo, se trató de regular este mercado con la promulgación de la Ley General de Servicios Eléctricos de 1925. Y recién en 1943, el Estado implementó un plan de electrificación del país, del que se hizo cargo la Empresa Nacional de Electricidad Sociedad Anónima (Endesa), creada específicamente para ese fin.

Agua potable y alcantarillado urbano

Desde mediados del siglo XIX se construyeron obras de ingeniería sanitaria que dotaron a algunas ciudades de agua en forma permanente, como la primera cañería surtidora de agua potable para la ciudad de Valparaíso en 1850 y la planta de suministro de agua de Concepción en 1860. En el caso de Santiago, el debate acerca de la instalación de alcantarillado público se realizó desde fines del siglo XIX, y su implementación definitiva en 1910 constituyó un motivo más de celebración del Centenario.

La preocupación por la dotación de agua potable fue impulsada en gran parte por médicos y otros profesionales que estaban preocupados por las comunes y mortales enfermedades que afectaban, sobre todo, a los sectores populares. En tal contexto, hicieron suyo el ideario higienista, una corriente de pensamiento originada a fines del siglo XVIII que enfatizaba la importancia de los medios ambiental y social para el surgimiento y la propagación de enfermedades en el contexto de sociedades urbanizadas e industrializadas.

A pesar de lo anterior, el Estado no impulsó un marco institucional del sector sanitario sino hasta 1931, con la creación de la Dirección General de Agua Potable y Alcantarillado, que en 1953 se transformó en la Dirección de Obras Sanitarias, la cual pretendió unificar las diferentes entidades reguladoras del servicio de agua. Si bien logró en parte su cometido, múltiples organismos estatales continuaron incidiendo en la política y regulación del servicio, como la División de Servicios Sanitarios del Ministerio de Vivienda y Urbanismo.

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