Evolución Poética de Antonio Machado: Modernismo, Noventayochismo y Filosofía

Enviado por Programa Chuletas y clasificado en Lengua y literatura

Escrito el en español con un tamaño de 8,65 KB

En principio, suelen atribuirse a Antonio Machado dos grandes etapas: una modernista y otra noventayochista. Sin embargo, en la segunda cabría distinguir una fase más genuina centrada, sobre todo, en el tema de España y su decadencia, y otra caracterizada por la preocupación filosófica. De manera que, en realidad, podrían ser tres:

  1. La modernista: que abarca las obras Soledades (1903) y Soledades, galerías y otros poemas (1907).
  2. La propiamente noventayochista: cuya obra paradigmática es Campos de Castilla (1912 y 1917).
  3. La filosófica: reconocible sobre todo en Nuevas canciones (1924).

Según José Antonio Serrano Segura, Antonio Machado entra en la poesía “por la vía del simbolismo y el modernismo”, y de la mano de Rubén Darío. Del maestro modernista aprendió cómo el simbolismo confería a las cosas o a los colores una dimensión evocadora que va más allá de su mera entidad física, y trasladó ese aprendizaje a su propia poesía, que, a través de símbolos (el camino, el agua, etc.), habla de asuntos relacionados con la limitación temporal del hombre: la angustia por el devenir del tiempo que conduce a la muerte, la muerte misma, el sentido de la vida humana...

La estética modernista en Machado

La estética modernista se refleja de forma evidente en el léxico sensorial y la sonoridad que pueden verse en su obra anterior a Campos de Castilla:

  • “agua cantor", "blanco mármol”, "tus bellos espejos cantores", "fuente de lengua encantada", "la fuente sonora", "suspirar fragante del pífano de abril”
  • “Madurarán su aroma las pomas otoñales, la mirra y el incienso salmodiarán su olor"
  • “Entre los jazmines y las rosas blancas, y ante el blanco lino que en su rueca hilaba"
  • “y el chispear de estrellas", "la aguja brillaba; sobre el velo blanco, el dedal de plata"
  • “El sibilante caracol del viento"
  • “En el azul fulguraba un lucero diamantino"
  • “Vibraba el aire asordado por los élitros cantores que hacen el campo sonoro"
  • “el buen perfume de la hierbabuena, y de la buena albahaca”.

Y en la métrica: las estrofas y versos largos del gusto modernista, como el pareado en metros largos, las silvas semilibres, y los versos mayores de 12 y 15 sílabas desaparecen después de Soledades, galerías y otros poemas. No obstante, su modernismo fue siempre moderado y progresivamente decreciente, y fue adquiriendo tonos románticos que recuerdan el intimismo, hondura y sencillez de Bécquer y Rosalía de Castro. Por eso, Machado, a la vez que reconoció su admiración por Rubén Darío, declaró su intención de “seguir camino bien distinto", el que busca lo poético en una honda palpitación del espíritu más que en el valor formal de la palabra.

La etapa noventayochista: Campos de Castilla

En esta segunda etapa, Machado, sin dejar de ser un "poeta del tiempo", como se autocalificó, se convierte en un "poeta de su tiempo". En Campos de Castilla, continúa explorando acerca de los enigmas del hombre y el mundo en poemas intimistas, pero lo que predomina ahora es el tema de España, emblemático de su generación. La visión decadente de España y de sus gentes que se atribuye al noventayochismo es en Machado demoledora. Poemas como A orillas del Duero, Por tierras de España o Un mañana efímero son ejemplos reveladores. Se reconoce en ellos una España que fue y ya no es (Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora), poblada por gentes que fueron y no son (La madre en otro tiempo fecunda en capitanes, / madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes), caracterizadas por la degradación moral (Abunda el hombre malo del campo y de la aldea, / capaz de insanos vicios y crímenes bestiales), una España, en fin, "que ora y embiste, cuando se digna usar la cabeza".

Unas veces, como en los ejemplos citados, el mensaje es bastante explícito. Otras, como en su etapa anterior, se apoya en símbolos poéticos, que ahora toma del paisaje castellano ("un rojo sol corona / de heces turbias las cumbres de granito”, “Castilla de grisientos peñascales", "cárdenos alcores sobre la parda tierra", "Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta / —no fue por estos campos el bíblico jardín—: / son tierras para el águila, un trozo de planeta / por donde cruza errante la sombra de Caín"). Es cierto que en algún momento la visión es más esperanzadora ("Ya hay un español que quiere / vivir y a vivir empieza, / entre una España que muere / y otra España que bosteza. / Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón").

Junto a poemas predominantemente descriptivos como los citados, los hay también narrativos, como el largo romance ‘La tierra de Alvargonzález’, que retrata con crudeza el cainismo y la dureza de la vida en las tierras castellanas. De la estética anterior, únicamente queda lo que aprendió de simbolismo; de la métrica modernista, solo el verso largo alejandrino. En cambio, se recurre con frecuencia a deícticos temporales. Adverbios como ayer, hoy o mañana, a veces sustantivados, son idóneos para hablar de España. Así, el deíctico ayer ("Castilla miserable, ayer dominadora”) se emplea para hacer referencia al añorado pasado histórico de España, y, en ocasiones, en combinación con hoy y mañana, para contraponerlo a su presente desolador y a su futuro sin esperanza ("Y es hoy aquel mañana de ayer.. Y España toda, / con sucios oropeles de carnaval vestida / aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda; / mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida"; "Y este hoy que mira a ayer y este / mañana que nacerá ¡tan viejo!").

La etapa filosófica: Nuevas canciones

En el año 1924, Antonio Machado publicará su último libro de poemas independiente: Nuevas canciones. Es esta la obra de referencia de su tercera etapa, en la que se concentra en aquello que siempre le había preocupado, pero que ahora alcanza importancia preeminente: la filosofía. Así, junto a poemas descriptivos —ahora fundamentalmente inspirados en su tierra andaluza— y composiciones de tono íntimo, lo más característico de este libro de poemas son el centenar de ‘Proverbios y cantares’, poemas breves llenos de sentencias y pensamientos, en ocasiones paradójicos y oscuros, en los que lo lírico ha cedido paso a lo conceptual. Los poemas de este libro se caracterizan técnicamente por la influencia de la lírica popular: breves, esenciales, métrica de verso corto y rima asonante. Esta etapa se completa con sus dos personajes apócrifos, el filósofo Abel Martín y el profesor Juan de Mairena, discípulo del anterior, que le sirven de pretexto para la reflexión sobre todo tipo de asuntos: filosóficos, literarios, sociales, históricos.

Compromiso con la República y poesías de guerra

Desde 1931, colabora activamente con la República, tanto a través de la acción como de la palabra. Y, a partir de 1936, escribe sus desgarradoras poesías de guerra, entre las que destacan El niño herido y El crimen fue en Granada, dedicada a Federico García Lorca.

Temas transversales y características del lenguaje poético de Machado

Para terminar, hay que decir que existen temas y características de Machado que recorren transversalmente toda su obra y trayectoria. En cuanto a los temas, el del amor está presente de distinta forma en sus tres etapas. En la primera, se habla de él de manera imprecisa o abstracta, como sentimiento vinculado a la temporalidad del hombre. En la segunda, se centrará en una mujer concreta, Leonor Izquierdo, a la que dedica varios poemas de Campos de Castilla; el más destacado es, sin duda, A un olmo seco, una apelación a la esperanza que escribe a propósito de la enfermedad que acabaría con la muerte de la amada en 1912. En la tercera, la mujer concreta se llama Guiomar, seudónimo de Pilar Valderrama, a la que dedica los únicos poemas con cierta carga erótica de su obra. Por lo demás, su lenguaje poético se caracteriza siempre por la sencillez y por la esencialidad: repudia los excesos y, como él escribiría en su discurso de ingreso en la RAE, todo cuanto en literatura no se recomienda por su contenido.

Entradas relacionadas: