Evolución de la Poesía Española: De 1939 a los Años Setenta
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La Poesía Española de 1939 a los Años Setenta
El panorama poético español entre 1939 y los años setenta se caracteriza por una profunda división, inicialmente conceptualizada por Dámaso Alonso en dos vertientes principales: la poesía arraigada y la poesía desarraigada.
Poesía Arraigada: La Tradición Clásica Frente al Desastre
A la poesía arraigada corresponden aquellos poetas que continuaron la tradición poética como si la guerra civil no hubiera ocurrido. La fundación de revistas como Escorial y Garcilaso sirvió como plataforma para difundir esta corriente. Su propósito fundamental era romper con la libertad creadora de la Generación del 27 y las vanguardias, buscando un retorno a las formas clásicas. Esta tendencia representaba una huida del entorno marcado por el desastre de la guerra.
Los poetas de esta corriente no pretendían una poesía pura, sino una poesía humana. Sin embargo, la mayoría se estableció en una poesía formalista, alejada de la realidad social del país. Su estética era neoclásica, y algunos exaltaron el imperio, la patria, la fe y la cruzada. Los temas predominantes fueron patrióticos, amorosos y religiosos. Entre sus exponentes más destacados se encuentran:
- Dionisio Ridruejo (Sonetos de piedra)
- Luis Rosales (La casa encendida)
- García Nieto (Tú y yo sobre la tierra)
- Rafael Morales (Poemas del toro)
Poesía Desarraigada: Un Grito Ante la Circunstancia
En contraste, la poesía desarraigada supuso un giro desgarrador ante las circunstancias históricas y existenciales. Esta corriente encontró eco en revistas como Espadaña, Proel y Ínsula. Se caracterizó por una poesía existencial y social, muy cercana a obras cumbre como Hijos de la ira de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre. La poesía se dirigía a la gran mayoría, buscando una conexión más directa con el pueblo.
Destacan en esta línea:
- Vicentino Cremer (Caminos de mi sangre)
- José Luis Hidalgo (Los muertos)
- Eugenio de Nora (Contemplación del tiempo)
- José María Valverde (Hombre de Dios)
- José Hierro (Tierra de nosotros y alegría)
Otras Corrientes y Evoluciones Posteriores
El Postismo: Una Vanguardia Minoritaria
Aunque minoritaria, surgió otra corriente denominada postista, impulsada por Carlos Edmundo de Ory. Intentaba una poesía surrealista, social y antiacadémica, manifestada en la revista Cerbatana.
La Revista Cántico y el Esteticismo
A finales de los años cuarenta, la revista Cántico marcó un entronque con la poesía del 27. Pablo García Baena, uno de sus miembros, defendía una poesía esteticista basada en un lenguaje muy elaborado pero humano.
La Generación de los Cincuenta: Poesía Social y Compromiso
En los años cincuenta, poetas como Blas de Otero y Gabriel Celaya cobraron gran relevancia. Las obras de Blas de Otero, como Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, lo sitúan dentro de la poesía social y existencial desarraigada. Celaya continuó con temas similares, concibiendo su poesía como un instrumento de denuncia y un medio para cambiar la sociedad. Recuperó el tema de España en Cantos iberos. El estilo de ambos poetas se caracteriza por ser sencillo y ameno, abordando temas como la injusticia y la solidaridad.
Las características de la Generación de los cincuenta incluyen:
- Tensión ética
- Pretensión ética
- Preocupación estética
Dentro de esta generación, cabe destacar a:
- Francisco Brines (Las brasas)
- Jaime Gil de Biedma (Compañeros de viaje)
- José Ángel Valente (Sobre el lugar del canto)
Los Años Sesenta y la Irrupción de los Novísimos
A la promoción de los años cincuenta que continuó escribiendo en los sesenta, hay que sumar la aparición de nuevas voces. En esta década, destaca el libro Arde el mar de Pere Gimferrer. Surge la expresión irónica, un lenguaje natural y antiretórico basado en la búsqueda de un lenguaje personal. Poesías más minoritarias abandonan la rima y las estrofas clásicas.
Los Novísimos, generación del 68, agrupan a poetas como Manuel Vázquez Montalbán (Una educación sentimental), Félix de Azúa, José María Álvarez, Pere Gimferrer (La muerte de Beverly Hills), Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero.
Lo que diferencia a la poesía de los años setenta es su especial actitud ante el lenguaje. Se dirigen más a la creación literaria con un basamento propio de la educación recibida de poetas como Cernuda, y también de hispanoamericanos como César Vallejo y Octavio Paz. La influencia de Cernuda y Aleixandre es notable. A esto se une una ruptura con lo que les rodea, sumergiéndose en el surrealismo con la renovación del lenguaje.