Evolución del Pensamiento Moderno: Del Paradigma Medieval a la Revolución Científica y Descartes
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I. Paradigma Medieval vs. Paradigma Científico
La entrada de la modernidad provoca polémicas, una verdadera batalla de ideas. Según el paradigma medieval, el universo es un mundo cerrado, algo que tiene límites y expresa un sentido. Es un lugar espiritual para el hombre, un cosmos donde cada criatura tiene un ser propio y una finalidad. Este orden se fundamenta en Dios.
Frente a esto, la Revolución Científica se enfrenta a un universo infinito donde se encuentra la indiferencia, donde el hombre se convierte en polvo cósmico. El paradigma científico sitúa a la Tierra como un planeta más que gira alrededor del Sol, frente al paradigma medieval que centraba a la Tierra y al hombre en el centro del universo.
La Revolución Científica pone en primer plano el propio conocimiento humano, el cual está capacitado para desentrañar el problema del ser. Esta revolución provoca la separación entre razón y fe. Galileo Galilei dice que la religión te enseña cómo se va al cielo y la ciencia te enseña cómo funciona. La ciencia habla de los medios y la religión habla de los fines; son complementarios, pero cada una ocupa su lugar.
III. René Descartes
La relación de Descartes con la Revolución Científica consiste en dar fundamentos metafísicos a la ciencia. Pone la subjetividad en primer plano en términos filosóficos; desde la duda podemos llegar a la certeza, decía.
Fundamentos Metafísicos de la Ciencia
Se establecen reglas para la reforma del entendimiento. Para entender la ciencia no vale solo con entender el mundo. La pregunta de si se puede conocer la realidad solo se puede responder en términos metafísicos: tenemos que poner todo en duda, planteando un escepticismo general y, a partir de ahí, llegar a la realidad.
Descartes establece cuatro reglas que propician la reforma del entendimiento:
- 1º: Admitir ideas solo claras y distintas.
- 2º: Dividir cada problema en sus elementos mínimos.
- 3º: Reflexionar primero sobre los objetos más simples y después sobre los más complejos.
- 4º: Hacer continuos recuentos y revisiones de lo ya pensado, volver sobre los pasos.
Duda y Dios
La primera idea clara y distinta a la que llega Descartes es: «Pienso, luego existo» (Cogito ergo sum); el hecho de dudar confirma mi existencia. ¿Por qué las ideas claras y distintas son verdad? ¿Pueden estar engañadas por un genio maligno? Aquí entra el escepticismo, partiendo de la duda.
Lo único que puede avalar que las ideas son claras y distintas es la existencia de Dios; Dios es una idea que implica perfección. ¿Y cómo sé que Dios existe? Porque mi pensamiento hace necesario que exista. En conclusión, para Descartes, la idea de Dios es una entidad, una idea creada por la propia autonecesidad de la razón humana para darse seguridad a sí misma.