Evolución del Humanismo y la Literatura en la Edad Moderna
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La Literatura Moderna: Renacimiento, Barroco e Ilustración
La literatura moderna abarca tres momentos fundamentales y extensos: el Renacimiento, el Barroco y la Ilustración. Estos periodos se rigen por reglas de composición específicas; en este contexto, la literatura se define como todo aquello que se ajusta a determinadas pautas retóricas.
El Humanismo como Eje de la Conciencia Moderna
La palabra clave de todo este periodo es el humanismo, entendido como un factor determinante en la formación de la conciencia moderna. Esta conciencia, tanto personal como social, se fue consolidando desde comienzos del siglo XV hasta principios del siglo XIX. El término define a la Edad Moderna y plantea el humanismo esencialmente como una actividad intelectual basada en dos pilares:
- El papel de la razón y los sentimientos en la comprensión y valoración de la realidad, integrando al ser humano en ella.
- El lugar jerárquico del ser humano respecto al universo, mediado por la razón y la sensibilidad.
Dualidades y Orígenes del Pensamiento Humanista
Este pensamiento se traduce en las dicotomías razón/fe e individuo/poder. El humanismo puede entenderse en un sentido restringido asociado al Renacimiento, su punto de origen. A partir del siglo XIV, diversos autores, aun manteniendo rasgos medievales, comenzaron a proponer una serie de nuevas actitudes. No obstante, incluso durante el Barroco —cuando el movimiento debió retraerse—, el humanismo continuó siendo una base cultural de gran importancia.
El Perfil del Humanista y las Litterae Humanitatis
Un humanista era, originalmente, un profesor de disciplinas específicas ajenas a los círculos universitarios medievales. Esta profesión surgió en Italia, ligada al redescubrimiento de textos latinos y griegos que conforman las Litterae Humanitatis. Estas disciplinas ponen el acento en:
- Gramática y Retórica (el estilo literario y, por lo tanto, el estudio de los grandes estilos clásicos).
- Historia.
- Filosofía moral.
Aunque inicialmente estas materias no estaban integradas en las universidades, se produjo un proceso de asimilación, especialmente en las instituciones de nueva creación, a pesar de que la teología conservaba su relevancia.
El Legado de Petrarca y el Modelo Florentino
La base de este movimiento se encuentra en el programa de estudios ideado por Francesco Petrarca para su círculo, el cual fue reformulado como un sistema educativo oficial en la Florencia del siglo XV. En esta formación, figuras como Leonardo Bruni desempeñaron un papel fundamental al apoyar un sistema diseñado para formar a los hijos de las élites. El objetivo era darles una formación que les hiciera conocer al ser humano como sujeto histórico, social e individual, poniendo dicho conocimiento al servicio de la comunidad.
Nacionalismo y Recuperación de las Lenguas Clásicas
Un elemento central fue el sentimiento nacionalista vinculado al lugar de formación. Por ejemplo, las alabanzas a Florencia como el lugar que mejor sigue al mundo romano buscaban recuperar la romanización perdida. Estos nacionalismos locales representaban una reivindicación de la italianidad en un contexto de fragmentación política frente al esplendor de los principados. Así, entre los siglos XV y XVI, surgió el ideal de reconstruir Italia reviviendo el legado de Roma.
Esta formación pasa por la recuperación del latín clásico, rechazando el latín medieval por considerarlo una degeneración. El medio para poner remedio fue recuperar a los clásicos en su versión original, destacando autores como Cicerón y Virgilio. A este núcleo latino se sumó el griego (con una valoración distinta, pues las raíces directas se hallaban en Roma) y, en otras regiones de Europa, el hebreo y el arameo.
La Filología y la Búsqueda de Textos Originales
Esta diversidad lingüística configuró un escenario donde convivían humanistas paganos y cristianos, otorgando gran valor a los Padres de la Iglesia. Con el tiempo, el término humanista se consolidó como sinónimo de estudioso y sabio. Sin embargo, la recuperación de lenguas y autores carecía de sentido sin el acceso a las fuentes. Esto impulsó la búsqueda de textos originales para superar las versiones medievales, a menudo basadas en traducciones árabes o comentarios universitarios modificados. La investigación se centró en instituciones como abadías y monasterios, que custodiaban manuscritos o fragmentos esenciales para la reconstrucción del saber clásico.