Evolución Económica de Argentina: 1880-1912, Auge Agroexportador y Capital Británico

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1. Periodo 1880-1912

En un análisis de esta índole y a fin de enmarcar la exposición de nuestras ideas, es necesario recapitular sintéticamente las características del periodo estudiado, tal como son aceptadas en la mayor parte de los trabajos de uso frecuente en la historia argentina. El inicio de un complejo proceso que forma la Argentina moderna y que respondía a dos niveles de condicionamientos. Contemporáneamente, esa expansión provocó una demanda creciente de alimentos y materias primas de las regiones templadas, como cueros, lanas, carnes, cereales, etc.

A su vez, la génesis del proceso capitalista industrial en los países mediterráneos liberó una enorme masa de trabajadores en condiciones de migrar que se dirigieron hacia América del Norte, así como hacia algunos países de América del Sur. Estos sucesos fueron precedidos - precisamente a partir de la mitad del siglo XIX - por una revolución tecnológica en los transportes - vapores y ferrocarriles - y en las comunicaciones, que permitió aproximar los continentes y constituir un mercado unificado a escala mundial.

  • El otro nivel alude a las condiciones internas de Argentina, tanto económicas como sociales y políticas. Entre ellas se encuentran las ventajas comparativas ofrecidas por la pampa húmeda para producir justamente las materias primas y los alimentos de demanda creciente en Europa, la escasez de mano de obra compensada con la fuerza de trabajo inmigrante, la limitada disponibilidad de capitales locales que la oferta internacional estaba en condiciones de subsanar y las condiciones políticas logradas hacia 1880 en Argentina.

Los capitales extranjeros, principalmente británicos, hacen su entrada masiva. Ferrocarriles, transportes, servicios urbanos y frigoríficos constituyen los núcleos centrales de las inversiones de aquel último origen.

La plaza inversionista argentina llega a ocupar un lugar destacado dentro de las inversiones británicas en el extranjero. En consonancia con todo esto, se crea en el país un sistema financiero complejo y diferenciado, constituido principalmente por una red bancaria importante formada por capitales privados - nacionales y extranjeros - y públicos, manejados estos últimos principalmente por el Estado nacional.

Las provincias, por otra parte, cedieron definitivamente a Buenos Aires el rol protagónico que venía jugando desde 1810 en el plano económico. La creciente integración del área pampeana al mercado mundial con la supremacía económica de Gran Bretaña concitó el rechazo del interior que vivió la sangría producida por la desintegración de la antigua economía virreinal como un producto del nuevo orden mundial.

Buenos Aires no solo era el puerto que monopolizaba las importaciones y exportaciones, sino además era el punto de desemboque de la producción pecuaria del área de influencia, a la sazón en plena expansión económica.

Las economías del interior habían debido reorientar y adecuar su producción al nuevo orden. Esto significaba además aceptar mercados de menor importancia: el mismo litoral, es decir Buenos Aires y su área de influencia, absorbió la producción del interior - vinos, azúcar, yerba, frutas desecadas, aguardiente y otros productos - lo que en la práctica implicaba una doble subordinación económica.

Durante este periodo Argentina deja de ser productora casi exclusivamente de productos pecuarios e importadora de manufacturas para transformarse rápidamente en "granero del mundo" y mercado preferido del capital financiero británico. "Mundo, el 33% de las inversiones totales en América Latina y el 42% de las inversiones del Reino Unido en la misma región".

El resultado de haber logrado la paz interna permitió el ingreso del capital financiero extranjero, en su mayor proporción británico, que se ubicó en sectores claves de nuestra economía: los ferrocarriles, el transporte y los servicios urbanos de comunicaciones y comercio exterior fundamentalmente. Por otro lado, el Estado en este periodo apeló a varios empréstitos de origen también británico. El puerto colocaba la producción cerealera y pecuaria a disposición de los mercados europeos.

Estos elementos proteccionistas son producto de las necesidades económicas y políticas del momento. Los molinos harineros surgidos en los márgenes fluviales del área pampeana, recibieron la protección estatal ya que la actividad estaba estrechamente vinculada a los intereses comerciales de grupos exportadores de cereales.

Los productos del interior mencionados y protegidos por barreras aduaneras son parte de los acuerdos logrados entre los grupos del interior y Buenos Aires para la organización nacional, sobre la base de las políticas proteccionistas correspondientes dictadas desde Buenos Aires.

La práctica del liberalismo económico, sin embargo, no fue ni fácil ni rectilínea. "En resumen, el desarrollo económico que fue primeramente atribuido al capital externo y a la emigración, adquirió la forma de la expansión de la producción para la exportación. Sin embargo, se originaron otros beneficios: se desarrollaron peculiares especialidades; el crecimiento del sistema ferroviario amplio el mercado doméstico para productos como el azúcar, vinos y tabacos, mientras molinos harineros, curtidurías, cervecerías y una industria cotidiana comenzaban a enraizarse en los comienzos del siglo XX. Sin embargo, para 1914 la Argentina no había entrado en la fase industrial. La oferta de mano de obra extranjera y la disponibilidad de mercados para colocar excedentes dan el marco apropiado a la extensión de los cultivos.

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