Evolución Demográfica y Social en España: Siglos XIX y XX

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Glosario de Términos Históricos

Restauración Borbónica y Conflictos Sociales

  • Reservista: Soldado que, una vez cumplido el servicio militar obligatorio, pasaba a la reserva, incorporándose a la vida civil pero siguiendo a disposición del ejército.
  • Caciquismo: Práctica política que en España controlaba las elecciones gracias a la figura del cacique, persona que dominaba el poder local y controlaba los votos de su territorio valiéndose de su poder económico, estatus social o influencias. El caciquismo hizo posible el fraude electoral masivo existente en el sistema de la Restauración borbónica.
  • Pucherazo: Uno de los métodos de manipulación electoral empleado durante la Restauración borbónica, para permitir el triunfo de un determinado candidato. Consistía en la sustitución en el puchero (urna electoral) de los votos ya emitidos por otros favorables al candidato que se deseaba que saliese elegido, o en la modificación del acta del recuento de los votos.

Términos de la Época de Posguerra

  • Estraperlo: Especie de ruleta trucada inventada por Strauss y Perlo que proporcionaba grandes beneficios a sus propietarios. Lerroux y varios familiares próximos fueron acusados de estar beneficiándose, lo que originó un escándalo que le costó la presidencia de gobierno.
  • Protectorado: Tipo de colonia que conserva, para los asuntos internos, sus propias autoridades, pero estas están sometidas a la metrópoli.
  • Pistolerismo: Práctica empleada por los empresarios consistente en contratar a pistoleros y matones para matar o dar palizas a destacados sindicalistas con el objetivo de frenar sus reivindicaciones.

Características Generales de la Guerra Civil Española

  • Una guerra que presenta rasgos de combate social y de lucha de clases, por el enfrentamiento entre grupos: obreros contra patrones, jornaleros contra grandes propietarios.
  • Una guerra que militarmente mezcla formas de combate arcaicas con otras nuevas: el combate cuerpo a cuerpo, la ocupación del terreno palmo por palmo, el escaso equipamiento del soldado, las trincheras... contrastan con la movilidad de algunas acciones, con el combate de tanques y carros blindados y con los bombardeos a la población civil.
  • En el bando republicano la guerra tuvo también un elevado componente popular y revolucionario favorecido por la descomposición del ejército. El pueblo, a través de las organizaciones obreras, tomó las armas, creó sus propias milicias populares y marchó a combatir a los frentes, pero con escasa organización, disciplina y estrategia. Las necesidades del combate trajeron consigo tanto la unificación y coordinación de las milicias en un nuevo ejército popular como la aparición de numerosos mandos procedentes de las filas obreras (Durruti, Líster...).

Permanencia y Cambio en el Modelo Demográfico Español

Durante el siglo XIX y las dos primeras décadas del XX la población española experimentó significativos cambios, menores y más lentos que en los países más avanzados de la Europa occidental pero semejantes a otros países del área mediterránea. La población creció, las tasas de mortalidad y natalidad se redujeron, al tiempo que se produjo un importante movimiento migratorio, tanto desde el campo a las ciudades (éxodo rural) como hacia el exterior (emigración a América).

La Permanencia del Régimen Demográfico Antiguo

A lo largo del siglo XIX el régimen demográfico en España mantuvo muchos de sus rasgos tradicionales con pocos cambios:

  • Altas tasas de natalidad -en 1868 eran del 35,7 %o y en 1900 del 33,8 %o- y de fecundidad: la generación de mujeres nacidas en la década de 1870 tuvo 4,5 hijos de media.
  • Altas tasas de mortalidad, sobre todo infantil, que iniciaron un lento descenso propiciado por las mejoras sanitarias: en 1868 eran del 34,1 %o y en 1900 del 28,1 %o.
  • Crecimiento de la población muy lento.
  • Baja esperanza de vida -29,2 años en 1877- que aumentó ligeramente a comienzos del XX -34 años para los hombres y 36 para las mujeres-, valores que los países europeos más avanzados habían superado ampliamente hacía ya varias décadas.
  • Permanencia de las crisis de mortalidad, asociadas tanto a las crisis cíclicas de subsistencias, debidas a las malas cosechas por alteraciones climáticas y al atraso agrícola (especialmente graves fueron las de 1847, 1857 y 1867; en Galicia destacó la de 1853, el año del hambre), como a las relacionadas con las epidemias periódicas del cólera (1834, 1854, 1865, 1885).

El Inicio de la Transición al Régimen Demográfico Moderno

A partir de la década de 1890, y sobre todo desde comienzos del siglo XX, en el conjunto de España el régimen demográfico antiguo fue cambiando paulatinamente produciéndose:

  • Descenso constante de las tasas de mortalidad -16,3 %o en 1935- debido a la mejor alimentación, a la desaparición de las mortíferas crisis de subsistencias, a la mejora de las condiciones médico-sanitarias e higiénicas (red de alcantarillado, traída de aguas...), a la reducción de la mortalidad infantil y de las enfermedades infecto-contagiosas (lo que no impedía casos puntuales de mortalidad catastrófica asociadas a las epidemias de gripe, destacando la virulencia de la conocida como la gripe española de 1918).
  • Descenso lento de las tasas de natalidad -27 %o en 1935- y del índice de fecundidad -2,5 hijos por mujer en 1920-. Las razones son tanto de índole individual como social destacando, entre estas últimas, los cambios en los modelos de comportamiento y cuidado de los hijos relacionados con la creciente industrialización, el abandono del campo hacia las ciudades o la emigración hacia América.
  • Aumento de la esperanza de vida: 48 años para los hombres y 52 para las mujeres en 1935.
  • Crecimiento moderado de la población -18,5 millones de habitantes en 1900 y 24,8 en 1935- pero con fuertes diferencias regionales, reforzándose la tendencia de los siglos anteriores: estancamiento de las regiones del interior (con la excepción de Madrid por la capitalidad) y aumento de la población en las zonas periféricas, sobre todo en la costa mediterránea y atlántica (mayor industrialización y desarrollo agrícola).

Estos rasgos conforman lo que los historiadores y demógrafos denominan primera fase del régimen demográfico de transición a la modernidad.

El Lento Proceso de Urbanización

La mayoría de la población española del siglo XIX era rural. En 1900 únicamente Madrid y Barcelona alcanzaban los 500.000 habitantes en Europa había ya veinticinco ciudades que llegaban a un millón), y solo vivía en ciudades de más de 100.000 habitantes el 9% de la población.

Desde comienzos del siglo XX la población urbana se incrementó gracias al éxodo rural y el desarrollo industrial. Las ciudades experimentaron notables cambios urbanísticos (derribo de las murallas, construcciones de los ensanches...), al tiempo que se incorporaban nuevos servicios (paseos, iluminación, empedrado de calles...). En el caso gallego, las ciudades costeras fueron las que más incrementaron su población y A Coruña la mayor de todas ellas (alrededor de 75.000 habitantes en 1930).

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