Evolución de la Demografía Histórica y la Perspectiva de Género en las Ciencias Sociales

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Historia de la población o demografía histórica

La demografía histórica es esencialmente una historia cuantitativa de los seres humanos. Primero, los censos de población ordenados por los estados modernos han permitido conocer con aceptable aproximación el número de habitantes de las distintas regiones, así como los periodos de crecimiento o recesión demográfica.

Posteriormente, el uso de los registros parroquiales ha desvelado para muchos ámbitos la evolución de las variables esenciales de natalidad, mortalidad y nupcialidad, lo que permite la evaluación de la esperanza de vida o la elaboración de pirámides de población.

A partir de aquí, la demografía histórica se ha propuesto toda una serie de nuevos objetos que se han convertido en clásicos, como las tasas de fertilidad, los sistemas de control de natalidad, los grupos de edad o las relaciones entre la mortalidad ordinaria y la mortalidad catastrófica. Una problemática que ha cobrado autonomía es la de la movilidad espacial, es decir, la historia de la emigración, tanto la forzosa como, sobre todo, la voluntaria. En este terreno, el recuento de los emigrantes deja paso a su clasificación según su procedencia, su destino, su sexo, su edad o su condición social, así como a otras cuestiones más complejas.

La historia de la mujer y los estudios de género

Hasta una fecha muy reciente, la historia era esencialmente una historia de los hombres, con unas pocas referencias dedicadas a las mujeres sobresalientes. Frente a esta situación, el movimiento feminista que arranca de los años sesenta ha reclamado la necesidad de una historia específica de la mujer como una herramienta indispensable para la superación de su situación subordinada dentro de una sociedad patriarcal.

En palabras de una de las principales teorizadoras de la cuestión, Gerda Lerner:

«La historia de las mujeres es indispensable y básica para lograr la emancipación de las mujeres».

A partir de este momento, la historiografía acoge un nuevo objeto de estudio que se apoya en unas premisas insoslayables: el colectivo de las mujeres tiene unos lazos comunes al margen de las divisorias de clase o de raza presentes en cada formación social.

El concepto de historia de género

Sustentándose en esos cimientos, la historiografía anglosajona primero y posteriormente la francesa y la italiana iniciaron una serie de investigaciones que ha ampliado enormemente el campo temático. Joan Kelly acuñó el término de historia de género para definir un concepto cultural y no biológico que implicaría una desigualdad radical de las mujeres en la vida económica, en la práctica política y en la estratificación social, que sería siempre anterior a otras desigualdades determinadas por la etnia o la clase social.

Posteriormente, la historiografía ha preferido el enfoque que toma en consideración la dialéctica entre sexo o género, por un lado, y etnia o clase social por otro. Así nace no una historia de la mujer, sino una historia de las mujeres. De este modo, se han abordado cuestiones tales como:

  • La división social en el trabajo en el hogar.
  • El trabajo femenino en la agricultura o en la industria.
  • Los roles estrictamente femeninos.
  • Los arquetipos sexistas impuestos a las mujeres.
  • La discriminación jurídica de las mujeres.

Finalmente, hay que referirse a la influencia ejercida por la historia cultural y social de las mujeres practicada por la historiadora Natalie Zemon Davis, que ha estudiado la imagen de la mujer que se impone al hombre.

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