Ética y Política en Platón: Las Virtudes Cardinales y el Orden del Alma
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Ética e Intelectualismo Moral en Platón
La teoría platónica (así como la socrática) asocia la ética al conocimiento y a la razón; por tanto, se conoce como intelectualismo moral: razón y acción moral van unidas irremediablemente. Además de esto, Platón vincula la buena conducta con la felicidad: solo seremos felices si actuamos bien. Por tanto, la buena conducta conduce tanto a la felicidad personal como a la felicidad social. La primera es el objetivo de la moral y la segunda, de la política.
El hombre será virtuoso si ejercita la virtud o excelencia (areté). Según Platón, existen cuatro virtudes, que se conocerán posteriormente como las virtudes cardinales. Las tres primeras están vinculadas con cada una de las funciones del alma: racional, irascible y concupiscible. La cuarta consiste en la armonización del resto.
Las Virtudes Cardinales
- Prudencia (phronêsis; en latín, prudentia): Es la virtud del alma racional y supone un tipo de sabiduría práctica, que consiste en el conocimiento apropiado para la vigilancia y en la capacidad de juzgar entre distintas acciones para determinar cuál es la adecuada. Entre sus funciones está la de encaminar al alma irascible y concupiscible.
- Fortaleza o valentía (andreia; en latín, fortitudo): Es la virtud del alma irascible y consiste en el poder de conservación, bajo toda circunstancia (frente al placer, al dolor, al miedo o al deseo), de la opinión correcta y legítima de qué es aquello que debemos temer, y se adquiere por medio de la educación corporal. No obstante, la valentía no está desligada del conocimiento intelectual; al contrario: sin conocimiento, las acciones humanas se vuelven temerarias, no valientes. Solo a través del conocimiento podemos distinguir al amigo del enemigo y, por tanto, aquello que debemos o no temer.
Templanza, moderación o continencia (sôphrosyne; en latín, temperantia): Es la virtud del alma concupiscible y consiste en el autocontrol y moderación de los apetitos y deseos, que son guiados por la opinión recta, debido a que la parte más noble del alma domina a la parte menos noble y, en este sentido, el hombre moderado es dueño de sí mismo.
- Justicia (dikaiosyne; en latín, iustitia): Consiste en que cada función del alma se dedique a aquello que le corresponde. Esta virtud es fundante y preservante. Es fundante porque permite que comience el ejercicio de las demás: si cada función tratara de inmiscuirse en otra función, sería un desastre, semejante a si un zapatero tratase de defender la ciudad o dirigirla. Pero también es preservante, porque es la que mantiene en el tiempo el equilibrio y la armonía entre las partes. No se trata de una virtud con un contenido concreto, sino más bien de la armonía y orden en el funcionamiento general del alma.
Política
La doctrina política platónica se desarrolla principalmente en dos obras: La República y Las Leyes. La política, entendida como una disciplina encaminada al ordenamiento de la polis y a la búsqueda del mejor modo para dirigirla, tendrá como principal objetivo la felicidad de todos los miembros de la sociedad.