Ética Platónica: Virtudes del Alma y Justicia Social

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Platón pensaba que en cada uno de nosotros predomina un tipo de alma. Aquellos en los que destaca la parte racional tienen un especial interés por el aprendizaje y valoran por encima de todo la racionalidad. Las personas en las que predomina el alma irascible se caracterizan por su coraje y están preocupadas por la honra. Finalmente, los que están dominados por el alma apetitiva se dejan arrastrar por sentimientos innobles y están preocupados sobre todo por cuestiones de tipo material. Así, el tipo de alma que predomina en nosotros define qué tipo de persona somos. Si bien solo los que tienen un alma en la que predomina la parte racional pueden llegar a conocer las ideas, todos los seres humanos han de poder desarrollar unas virtudes que harán que su alma sea mejor. Una persona en la que predomina el alma racional será excelente si cultiva su inteligencia o sabiduría; su virtud es la prudencia, saber qué conviene hacer en cada situación. Aquellos en los que destaque el alma irascible han de desarrollar la valentía o fortaleza; por último, los que tienen un alma fundamentalmente apetitiva deben cultivar la moderación para que los deseos no acaben por dominarlos.

Es decir, tengamos el tipo de alma que tengamos, todos podemos llevar una vida virtuosa. Por encima de esas tres virtudes se encuentra la virtud más importante: la justicia, que se produce en cada persona cuando la razón es capaz de dominar a los sentimientos y deseos del alma irascible y del alma apetitiva. Justicia, prudencia, valentía y moderación son las virtudes que el cristianismo denominará "virtudes cardinales". Volviendo al mito del carro, la justicia se produce en nuestra vida cuando la auriga es capaz de dominar a los dos caballos, es decir, cuando nuestra alma está bien encaminada y tomamos el control de nuestra vida. Platón cree que para que en la sociedad exista la justicia ha de haber justicia en el alma, es decir, debemos conocer nuestra alma y hacerla virtuosa; solo así podremos dedicarnos a lo que realmente nos gusta y que aflore la justicia en la sociedad. La corrupción política se debe a que las personas que están robando dinero no desarrollaron sus virtudes. La justicia es el orden resultante de que cada elemento del alma realice la función que le corresponde.

"Sin que ninguna de sus partes se subleve contra la totalidad del alma pretendiendo usurpar el mando que no le pertenece". Platón admite, como algunos sofistas, que la justicia debe definirse no por las leyes sino por la naturaleza del ser humano. El problema es que los sofistas ignoran la verdadera naturaleza humana. Así, pasan por alto que en la naturaleza humana, además de deseo o apetito, existe la razón, a la que corresponde gobernar. Los sofistas se equivocan al proponer un modelo de naturaleza en el que está ausente la razón. Su modelo de naturaleza humana está extraído del comportamiento del niño y de los animales irracionales. Para Platón, la razón no es un instrumento de otra cosa, es el elemento más excelso de la naturaleza, puesto que es lo más excelso que hay en ella y también el fin último de la naturaleza. A la razón le corresponde gobernar en la naturaleza y, por lo tanto, en el individuo.

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