La Ética y el Pensamiento Político de John Locke: Fundamentos y Virtudes
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El Pensamiento Ético y Político de John Locke
Fundamentos Morales en Locke
En el ámbito de la moral, John Locke se adhiere firmemente a su oposición a las ideas innatas. Sostiene que no existen principios morales a priori. Lo que impulsa al ser humano a actuar y determina su voluntad es la búsqueda del bienestar y la felicidad, es decir, la consecución de placeres y la evitación de dolores. En este sentido, en materia moral, Locke se alinea con la ética utilitarista y eudemonista, corrientes que posteriormente cristalizarán en la ética anglosajona, especialmente con figuras como Jeremy Bentham.
Para Locke, el bien y el mal morales se definen exclusivamente por la conformidad o el desacuerdo de nuestras acciones con una ley. Esta ley, emanada del legislador, atrae hacia nosotros el bien o el mal a través de recompensas y castigos. Esta perspectiva se explica por la adhesión de Locke, y en general de los empiristas ingleses y los filósofos de la Edad Moderna, al determinismo. En su visión, no existe la libre voluntad en el sentido metafísico, lo cual habría contrariado radicalmente su empirismo. La libertad del hombre, para Locke, no reside en el querer (la voluntad), sino en la capacidad de obrar o de abstenerse de obrar. Por lo tanto, la única libertad humana, compartida con los pensadores del siglo XVIII en general, es la libertad del obrar, lo que en filosofía política se denomina libertad negativa.
Iusnaturalismo y el Origen del Estado
Locke, al igual que contemporáneos como Grocio y Pufendorf, profesa un iusnaturalismo racionalista. La ley natural es aquella revelada al hombre a través de la fuerza de su propia razón, y no por el temor. Es la razón la que, según Locke, impulsó al hombre a salir del estado de naturaleza y a conformar la sociedad civil y el Estado, la sociedad política, mediante el establecimiento de un pacto social.
La Ética de las Virtudes
La ética de las virtudes se enfoca en el desarrollo del carácter y las disposiciones morales del individuo.
- La virtud se encuentra en la encrucijada de la hominización, situándose entre el proceso biológico de devenir hombres y la humanización, entendida como un proceso cultural.
- En el ser humano, la virtud se manifiesta tanto en su forma de ser como en su manera de actuar de forma humana.
- La virtud no es un don celestial, sino una disposición adquirida que se cultiva a diario mediante la práctica del bien.
- La ética griega, en su conjunto, se caracterizó por ser una ética de las virtudes, considerando la vida virtuosa inseparable del ejercicio de la razón.
- La ética de las virtudes no se limita a preguntar "¿Qué debo hacer?", sino que indaga sobre qué propiedades del carácter deben ser cultivadas para alcanzar la virtud o la bondad.
Figuras Clave en la Ética de las Virtudes
- Platón: Identificó las virtudes principales o cardinales: prudencia, fortaleza, templanza y justicia.
- Aristóteles: Distinguió entre virtudes intelectuales (dianoéticas) y morales o éticas, estas últimas cultivadas a través de la conducta.
- Santo Tomás de Aquino: Clasificó las virtudes en adquiridas (que deben aprenderse) e infusas (otorgadas por Dios al alma), considerando las adquiridas como equivalentes a las platónicas.
Consideraciones sobre la Virtud
La virtud se manifiesta como fortaleza moral en el cumplimiento del deber. Sin embargo, no existe una lista exhaustiva y universalmente aceptada de las virtudes.
Auguste Comte es reconocido por desarrollar un estudio más acabado sobre las virtudes, examinando con gran claridad los problemas inherentes a su definición y aplicación.
La cuestión de las virtudes es intrínsecamente delicada, no solo por la dificultad de determinar cuáles son, sino también por el alcance y el contenido genuino de cada una de ellas.
Las virtudes poseen una motivación moral intrínseca; no se trata meramente de una obligación, sino de una creencia genuina en la bondad de lo que se hace.
La ética de las virtudes, por sí sola, puede no ser suficiente para resolver los dilemas morales más complejos. Por ejemplo, ante el conflicto entre virtudes (como la sinceridad y la amabilidad), se requiere un concepto de deber moral y una jerarquía de valores, elementos que son determinados por la ética axiológica.