La Ética de Friedrich Nietzsche: Revalorización y el Superhombre

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Friedrich Nietzsche, en su profunda crítica a la filosofía occidental, argumenta que esta ha ocultado al ser humano de la verdadera realidad. La cultura occidental, imbuida de prejuicios arraigados, debe transitar por la «muerte de Dios» para poner fin al error histórico al que la filosofía ha conducido a la humanidad. Este proceso, inevitablemente, nos confronta con el nihilismo, donde el hombre se encuentra desamparado en la nada. La civilización occidental, según Nietzsche, ha sucumbido a valores de sumisión, ejemplificados por el cristianismo. Una vez que Dios ha muerto, el ser humano se halla solo, pero Nietzsche postula que será capaz de vivir sin una ideología si logra crear nuevos valores y desarrollar una inquebrantable voluntad de poder. En cada individuo reside una fuerza interior que ha permanecido latente, adormecida por la tradición filosófica.

La Muerte de Dios y el Desafío del Nihilismo

La proclamación de la «muerte de Dios» por Nietzsche no es una afirmación literal sobre la existencia divina, sino una metáfora de la pérdida de los fundamentos metafísicos y morales que han sostenido a la civilización occidental. Esta ausencia de un centro de valores trascendente sumerge al hombre en el nihilismo, una experiencia de vacío y falta de sentido. El hombre occidental, al haber abrazado valores de sumisión y debilidad, especialmente a través del cristianismo, se encuentra ahora solo y desorientado. Sin embargo, Nietzsche no ve el nihilismo como un fin, sino como una transición. La clave para superar este estado de anomia reside en la capacidad humana de generar nuevos valores y activar la «voluntad de poder», una fuerza interior que ha permanecido dormida bajo el yugo de la moral tradicional.

La Revalorización de los Valores: Moral de Señores y Moral de Siervos

En su obra fundamental, La genealogía de la moral, Nietzsche emprende un estudio etimológico y genealógico del origen de los conceptos de «bueno» y «malo». Su investigación revela que el valor original de estas palabras ha sido subvertido. Inicialmente, «bueno» se asociaba con cualidades como la valentía, la nobleza y la fortaleza, mientras que «malo» designaba lo débil, lo plebeyo y lo sumiso.

¿Qué provocó esta inversión de valores? Nietzsche atribuye esta transmutación al judaísmo y, posteriormente, al cristianismo. Los débiles, que constituían la mayoría, incapaces de alcanzar los valores nobles de la aristocracia, se rebelaron en masa. Esta rebelión, impulsada por un profundo resentimiento, dio origen a una moral de siervos, donde lo bueno pasó a ser la sumisión, la debilidad y la compasión, mientras que lo noble, lo fuerte y lo luchador fue estigmatizado como «malo».

Esta situación generó una doble categoría moral: la moral de los señores y la moral de los siervos. Para Nietzsche, es imperativo recuperar la moral de los señores, una moral que valora la fuerza, la valentía y la afirmación de la vida. Para lograrlo, es necesario superar el nihilismo negativo mediante la activación de la voluntad de poder, esa fuerza interior que nos impulsa a «matar a Dios» simbólicamente. Esto implica también la recuperación de los valores dionisíacos: la alegría de vivir, el placer, la pasión y la aceptación plena de la existencia terrenal.

El Superhombre y las Tres Transformaciones del Espíritu

La construcción de estos nuevos valores recae en la figura del Superhombre (Übermensch), un concepto central en la filosofía nietzscheana. Este nuevo tipo de ser humano, que no es el mismo que simplemente ha presenciado la muerte de Dios, es el que es capaz de crear y encarnar un nuevo sentido para la vida. Nietzsche desarrolla esta idea en su obra Así habló Zaratustra, donde describe las tres transformaciones que el espíritu humano debe experimentar para alcanzar este estado:

  1. El Camello: Representa la etapa de la sumisión, la obediencia y la carga de los valores y deberes impuestos por la tradición y la moral establecida. Es el espíritu que soporta el peso de la cultura.
  2. El León: Simboliza la fuerza y la voluntad de liberación. Es el espíritu que se atreve a desafiar y destruir los antiguos valores, el que se enfrenta al «gran dragón» de la moral tradicional y proclama su propia libertad. Es el que «mata a Dios».
  3. El Niño: Encarna la inocencia, la creatividad y la capacidad de auto-superación. Es el espíritu que, una vez liberado de las cargas y destruidos los viejos ídolos, es capaz de crear sus propios valores, de jugar y de afirmar la vida con una voluntad pura y afirmativa. Es el creador de nuevos sentidos.

La Antropología del Nuevo Hombre: Más Allá del Nihilismo

La visión antropológica de Nietzsche se centra en la liberación del hombre de las ilusiones y engaños que han marcado su existencia. El ser humano, que ha vivido engañado por la ocultación de la realidad, debe enfrentar la propuesta nietzscheana de la «muerte de Dios» y la consiguiente inmersión en el nihilismo. Sin embargo, la salida de este estado de vacío solo es posible a través de la afirmación de la voluntad de poder.

La transformación del león al niño es crucial, ya que representa la capacidad del hombre para sobrevivir y prosperar tras la muerte de Dios. Zaratustra, la figura profética que Nietzsche toma y reinterpreta, anuncia la llegada de este nuevo hombre, quien no solo superará el nihilismo negativo, sino que también recobrará el sentido de la vida y la importancia de los instintos vitales. Este individuo habrá trascendido la muerte de Dios, comprendiendo que la verdad se revela desde una nueva perspectiva, aceptando la realidad tal como es, sin ilusiones trascendentes.

Características del Nuevo Hombre

  • Afirmación de la Vida: Estará marcado por un profundo anhelo de vivir, valorando tanto el placer como el dolor, pues ambos son componentes intrínsecos de la existencia.
  • Superación de Valores: Poseerá un afán constante por superar los valores que lo han mantenido adormecido, trascendiendo las barreras de la moral tradicional.
  • Autoafirmación: Aceptará su propio valor como un ser superior, abandonando la posición de inferioridad respecto a cualquier deidad. Para Nietzsche, no hay nada superior al hombre.
  • Creador de Valores: Como el niño, será un creador de nuevos valores, forjando su propio camino y sentido.
  • Anclado en la Tierra: Será un hombre «pegado a la tierra», sin aspiraciones a un «más allá». El abandono de toda trascendencia es, en sí mismo, una superación del nihilismo.

La voluntad de poder es el motor que disipa el nihilismo. Nietzsche también aborda la muerte desde una perspectiva vitalista: la muerte de un individuo permite que otro ocupe su lugar, no hay razón para temerla. Es un principio de vida; todo termina, pero todo vuelve a renacer en un ciclo eterno.

Conclusión: El Legado de Nietzsche para la Humanidad

En síntesis, el nuevo hombre nietzscheano es aquel que, tras la confrontación con la «muerte de Dios» y el subsiguiente nihilismo, es capaz de trascender este vacío existencial. Mediante la afirmación de su voluntad de poder, este individuo no solo supera la desorientación, sino que se erige como un creador de nuevos valores, forjando un sentido propio para su existencia en la tierra. La filosofía de Nietzsche, por tanto, no es una invitación a la desesperación, sino un llamado a la auto-superación y a la afirmación gozosa de la vida en todas sus facetas.

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