Ética y Felicidad: Corrientes Filosóficas y el Principio de Utilidad

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1.2. La felicidad como vida conforme a la naturaleza

Se propicia la reflexión ética que se centra en la naturaleza. En este contexto, aparecen tres escuelas fundamentales:

Cínicos

El miembro más destacado de la escuela fundada por Antístenes fue Diógenes. El cínico busca una vida virtuosa y libre como camino hacia la felicidad. Desprecian las normas sociales y buscan la virtud conforme a la naturaleza, viviendo en total coherencia con ella.

Estoicismo

Los miembros más destacados son Epicteto (esclavo), Marco Aurelio (emperador) y Séneca (filósofo). Buscan el control, la razón y el placer intelectual. Viven de acuerdo con la naturaleza, pues consideran que es la única forma de alcanzar la felicidad.

Epicureísmo

Destaca Epicuro, quien junto a sus seguidores cultivaba un huerto y se dedicaba a la lectura. La felicidad reside en el gozo y el placer, tanto del alma como del cuerpo.

1.3. Utilitarismo

Surgió a finales del siglo XVIII. Los principales representantes son Jeremy Bentham, John Stuart Mill y Henry Sidgwick. Lo bueno es lo útil, lo pragmático, aquello que nos sirve a todos. Identifican la felicidad y la justicia con el bien social.

Los actos se realizan buscando el mayor bien y felicidad posible para el mayor número de personas, concepto conocido como principio de utilidad o beneficio. Se distinguen dos tipos:

  • Utilitarismo del acto: No existen normas generales que regulen la acción humana. Debemos evaluar las consecuencias de cada acción, catalogando como bueno todo acto que produzca el mayor excedente de bien.
  • Utilitarismo de la norma: Existen normas de aplicación general que regulan la acción en sociedad. La evaluación de cualquier norma se realiza en función de su utilidad, catalogando como buenas todas aquellas que mayor bien puedan producir.

2. La justicia como finalidad: Santo Tomás de Aquino

La justicia aspira a dar a cada cual lo que le pertenece y considera si nuestra acción tiene consecuencias sobre los demás.

Justicia general

Para Santo Tomás, el ser humano posee una naturaleza social. La satisfacción de las necesidades solo puede llevarse a cabo en una vida en sociedad, donde el bien común está por encima del individual. Toda persona tiene derecho a recibir los bienes necesarios, pero también posee una serie de obligaciones.

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