Ética aristotélica: eudaimonía, virtud y el término medio para alcanzar la felicidad
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Ética aristotélica: eudaimonía, virtud y el término medio
El bien y el fin del obrar humano
El hombre es un ser natural: existe por naturaleza y alcanzará su perfeccionamiento —su fin— cuando actúe conforme a su naturaleza. El obrar humano tiende al bien, que es su fin. Del mismo modo, todos aceptarían que el ser humano desea el bien, pero no todos los bienes son iguales; pues, a menos que caiga en una absurda regresión infinita —en la que unos bienes sean queridos por otros, y éstos por unos terceros y así sucesivamente—, debe haber un bien deseado por sí mismo y por el que se quieran los demás. Este bien, dice Aristóteles, "será lo bueno y lo mejor" y será el telos, el fin último. En este sentido, la felicidad, la eudaimonía, es fin último, pues se quiere por sí misma y todas las otras cosas se quieren por ella. La ética aristotélica es teleológica y eudaimonista: dicho de otra manera, el ser humano, en tanto que ser humano, siempre tiende a algo y lo último a lo que tiende es a alcanzar la felicidad.
¿En qué consiste la felicidad?
Aristóteles se pregunta entonces: ¿en qué consiste la felicidad? Para responder a esta cuestión tuvo en cuenta las respuestas que se suelen dar a la pregunta: riqueza, placer y honor; pero ninguna de esas respuestas es válida para él. Sus objeciones son las siguientes:
- La riqueza, porque es un medio.
- El placer, porque es un sentimiento efímero.
- El honor, porque está más bien en quien lo otorga que en quien lo recibe y, además, no puede ser nunca satisfactorio del todo.
Por tanto, ninguna de estas opciones cumple las condiciones para ser el fin último deseado por sí mismo.
La respuesta de Aristóteles
«El bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la más perfecta.»
Es decir, la felicidad es una vida conforme a la razón. Como la actividad más excelente y propia del ser humano es la razón, la felicidad consistirá en ejercitar esa actividad de acuerdo con la virtud. El sabio es el que se basta a sí mismo.
La razón y las demás actividades humanas
Pero el ser humano no solo es razón; también ejerce otras actividades. Aristóteles tiene que determinar el bien y la virtud en ellas, que, aun no siendo racionales, pueden obedecer a los dictados de la razón.
La virtud como término medio
El término medio será entonces el que nos conduzca a la eudaimonía. Consiste en aplicar la razón a los sentidos y emociones. La virtud se alcanza con el término medio entre dos vicios: uno por exceso y otro por defecto. Para alcanzarlo es necesario saber reaccionar de forma apropiada a cada circunstancia y adecuarse a cada situación. Esto solo puede aprenderse imitando a aquellos que han sido prudentes. El término medio es la acción más racional y adecuada.
Hábitos, carácter y práctica
Al escoger siempre las opciones más racionales se adquieren los hábitos que acaban conformando un carácter virtuoso. La felicidad consiste en un «bien vivir con virtud», por tanto, en el hábito de escoger el término medio. La culminación de la virtud se alcanza cuando se actúa de forma excelente sin que suponga ningún esfuerzo, como si formara parte de la propia naturaleza; es decir, como si ya formara parte de nuestro carácter.
Resumen final
En la ética aristotélica, la felicidad es la actividad racional conforme a la virtud: un estado alcanzado mediante la práctica, la prudencia y el cultivo de hábitos que permiten elegir el término medio entre extremos viciosos, hasta que la acción virtuosa se convierte en parte del carácter.