Estrategias Terapéuticas para Abordar el Silencio y la No Verbalización en Consulta

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Manejo del Paciente que No Habla en Terapia

Frente a un paciente que mantiene el silencio, el terapeuta debe determinar prioritariamente si la incapacidad para hablar es orgánica/clínica o si se trata de una negativa voluntaria.

Causas del Silencio

  • Incapacidad para expresarse: Común en pacientes deprimidos, inhibidos, intoxicados, orgánicos o psicóticos.
  • Negativa voluntaria: Observada en pacientes fóbicos, tímidos, desconfiados, coaccionados o enojados, quienes se resisten a ventilar aspectos personales con desconocidos.

Este abordaje incluye a todos aquellos pacientes que, de forma consciente y voluntaria, se niegan a iniciar o sostener una conversación, lo que también abarca aquellos que mantienen largos silencios o se expresan de manera lacónica y con monosílabos.

Principio Fundamental del Terapeuta

La premisa más importante al trabajar con estos casos es controlar la necesidad propia de forzar o presionar al paciente para que hable. Es habitual que, cuanto mayor sea la insistencia del terapeuta, mayor sea la oposición y la resistencia encontrada. Por lo tanto, la habilidad esencial a entrenar es el control de la propia urgencia por intentar cambiar al paciente de inmediato.

A continuación, se detallan procedimientos técnicos recomendados para el manejo adecuado de estos pacientes:

Recomendaciones y Procedimientos Técnicos

  1. Entrevista con Participación de Terceros: En principio, conviene que la entrevista se realice con la participación de otras personas significativas para el paciente.
  2. Prescripción del Síntoma:
    • En contexto grupal: El terapeuta solicita cordial y respetuosamente al paciente que permanezca en silencio mientras conversa sobre él con los familiares o miembros significativos presentes.
    • En terapia individual: Se puede aplicar la prescripción de forma directa: "Tenemos una hora de entrevista, así que, te voy a pedir que permanezcas en silencio durante el transcurso de la misma hasta su finalización".
  3. Inferencia por el Absurdo:

    Esta intervención se basa en proposiciones ilógicas y provocativas, siendo especialmente indicada en pacientes enojados.

    Ejemplo ilustrativo: Con una paciente de 24 años muy enojada, traída por su familia, vestida con ropa de cama y un oso de peluche, el terapeuta podría decir: "Entiendo que si has llegado hasta acá tan pronto como te levantaste de la cama, es porque estarás muy asustada y preocupada por la salud de tu osito".

    Advertencia: Esta técnica debe aplicarse con sumo cuidado para no ser humillante ni denigrante. Solo es aconsejable en pacientes enojados, con comportamientos infantiles y con recursos para manejar la situación de forma adaptativa. Se postula que, desde el enfado y la provocación, es más probable que la paciente se habilite al diálogo.

  4. Comprensión Empática:

    La validación empática de la situación del paciente puede contribuir al cambio de actitud.

    Continuando con el ejemplo anterior: El terapeuta podría expresar: "Entendemos que tu familia te ha traído a este lugar sin tu consentimiento, a la fuerza, casi a rastras, sin darte tiempo ni siquiera para haberte vestido adecuadamente, por lo que nos resulta lógico inferir que te sientas muy enojada, maltratada y violentada. Por consiguiente, pensamos que, al estar aquí, frente a personas desconocidas, debe constituir para vos una experiencia muy vergonzosa y humillante".

  5. Técnica del Cuchicheo (Grupo de Milán):

    Consiste en susurrar de manera inaudible con el propósito de despertar un estado de curiosidad en el paciente, incentivándolo a romper su silencio.

  6. Técnica del Chismorreo:

    Consiste en poner a hablar a otros sobre la persona que se niega a hacerlo, generando así reacciones provocativas. Esta técnica puede complementarse con la prescripción del síntoma.

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