Estrategias y Funciones de la Evaluación Educativa en el Aula
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Las 5 Funciones de la Evaluación
1. Evaluación como diagnóstico
La evaluación permite saber, entre otras cosas, cuál es el estado cognoscitivo y actitudinal de los alumnos. El diagnóstico es una radiografía que facilitará el aprendizaje significativo y relevante de los alumnos, ya que parte de los conocimientos previos y de las actitudes y expectativas de los estudiantes.
2. Evaluación como selección
La evaluación permite al sistema educativo seleccionar a los estudiantes. Mediante la gama de calificaciones, la escuela va clasificando a los alumnos. Unos son eliminados porque no llegan a los mínimos; otros van situándose en puestos de diferente categoría según la clasificación.
3. Evaluación como jerarquización
La capacidad de decidir qué es evaluable, cómo ha de ser evaluado y qué es lo que tiene éxito en la evaluación confiere un poder al profesor. Un poder legal, no siempre moral. Lo cierto es que la evaluación opera como un mecanismo de control. El profesor mide teniendo la capacidad de decidir.
4. Evaluación como comunicación
El profesor se relaciona con el alumno a través del método, de la experiencia... y de la evaluación. Esta comunicación tiene repercusiones psicológicas para el alumno y para el profesor. El alumno ve potenciado o mermado su autoconcepto por los resultados de la evaluación. El alumno se ve comparado con los resultados de otros compañeros.
5. Evaluación como formación
La evaluación puede estar también al servicio de la comprensión y, por consiguiente, de la formación. La evaluación permite conocer cómo se ha realizado el aprendizaje (Santos Guerra, 1989a). De ahí se puede derivar una toma de decisiones racional y beneficiosa para el nuevo proceso de aprendizaje. La evaluación formativa se realiza durante el proceso (no solo está atenta a los resultados) y permite la retroalimentación de la práctica.
5 Sugerencias para la Mejora de la Práctica Evaluativa
1. Poner en tela de juicio la forma de evaluar
Si no se produce la interrogación, no habrá proceso de cambio en profundidad. El profesor suele repetir de un año para otro sus modos de evaluación. Hay que poner en cuestión qué es lo evaluado, por qué se evalúa así, con qué criterios se realiza la evaluación, cómo se utiliza para mejorar la práctica y qué otras formas habría de evaluar.
2. Investigar sobre los procesos de evaluación
La investigación del profesor sobre su práctica, nacida de las preguntas que se han formulado, permite descubrir las claves de su actuación. La comprensión generada por el proceso de indagación le permitirá introducir cambios en su discurso educativo, en sus actitudes y en sus formas de realizar la evaluación.
3. Desarrollo del diálogo profesional
El profesor comparte en las sesiones de evaluación de un curso, de un nivel o de un centro: criterios, actitudes y resultados. La evaluación horizontal que se produce entre los profesores integrantes de un curso exige un auténtico intercambio de criterios y de experiencias. No es suficiente un recitado de notas en presencia del tutor... La evaluación vertical requiere una coordinación entre los profesores responsables de la misma disciplina en cursos o niveles distintos.
4. La participación de los alumnos en su evaluación
Los alumnos pueden participar en el proceso de evaluación en diferentes momentos y aspectos. Uno de ellos es el de las decisiones que se toman en el aula para determinar el modo en que se ha de realizar la evaluación. Otro es la autoevaluación de su aprendizaje, que ha de ser uno de los elementos fundamentales del proceso.
5. La relación con los padres sobre la evaluación
Los padres viven frecuentemente obsesionados por la eficacia de los resultados de sus hijos. Explicar y compartir con los padres los boletines informativos de la evaluación, trabajar con ellos los adecuados modos de reaccionar y explicitar los procesos de trabajo en el aula ayudará al profesor a ser entendido, potenciará el valor del proyecto educativo y convertirá a los padres en aliados inteligentes.