Estrategia y Liderazgo de César: Tácticas Militares y Campañas Romanas
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El Liderazgo de César en el Campo de Batalla
César, habiéndose dirigido hacia el ala derecha tras exhortar a los de la décima legión, observó la crítica situación: sus tropas eran atacadas y los soldados de la duodécima legión, apretujados, se estorbaban mutuamente para la lucha. La cuarta cohorte había perdido a todos sus centuriones y un portaestandarte, y el estandarte mismo se había perdido. Casi todos los centuriones de las restantes cohortes estaban heridos o muertos, incluyendo al primípilo P. Sextio Báculo, un hombre de gran valentía, abatido por múltiples y graves heridas, incapaz ya de sostenerse en pie.
Al ver que los demás soldados mostraban lentitud, que algunos, abandonados por la retaguardia, se alejaban del combate y evitaban los dardos, y que los enemigos continuaban subiendo por el frente desde la parte más baja, presionando desde ambos flancos, la situación se tornó crítica. Sin tropas de refuerzo disponibles, César tomó el escudo de un soldado de la retaguardia (ya que él había llegado allí sin ninguno) y avanzó hasta la primera línea.
Allí, tras llamar por su nombre a los centuriones y arengar a los restantes soldados, ordenó llevar adelante las enseñas y espaciar los manípulos para que pudieran hacer un mejor uso de las espadas. Con su llegada, la esperanza renació en sus soldados y el ánimo fue recobrado. Deseando cada uno, en presencia de su general, cumplir con ardor su cometido incluso en medio de los mayores riesgos, el ataque de los enemigos se contuvo un poco.
La Expedición de César a Britania
Preparativos y Travesía Inicial
His rebus gestis, Labieno in continenti cum tribus legionibus et equitum milibus duobus relicto, ut portus tueretur et rei frumentariae provideret, quaeque in Gallia gererentur cognosceret, consiliumque pro tempore et pro re caperet, (2) ipse cum quinque legionibus et pari numero equitum, quem in continenti reliquerat, ad solis occasum naves solvit et leni Africo provectus, media circiter nocte vento intermisso, cursum non tenuit et longius delatus aestu orta luce sub sinistra Britanniam relictam conspexit. (3) Tum rursus aestus commutationem secutus remis contendit, ut eam partem insulae caperet, qua optimum esse egressum superiore aestate cognoverat (V 1-3).
Una vez concluido esto, habiendo dejado a Labieno en el continente con tres legiones y dos mil jinetes para proteger los puertos, velar por el aprovisionamiento de trigo y enterarse de lo que sucediera en la Galia, tomando las decisiones que las circunstancias aconsejaran, él mismo levó anclas al atardecer con cinco legiones y con igual número de jinetes que había dejado en el continente, e impulsado por un ligero Ábrego, calmado el viento alrededor de la medianoche, no pudo mantener el rumbo y, arrastrado demasiado lejos por la corriente, al amanecer advirtió que Britania había quedado a la izquierda. Entonces, siguiendo de nuevo el cambio de la corriente, recurrió a los remos para alcanzar aquella parte de la isla que el verano anterior había visto que era la mejor para un desembarco.
Llegada a Britania y Reacción Indígena
Qua in re admodum fuit militum virtus laudanda, qui vectoriis gravibusque navigiis non intermisso remigandi labore longarum navium cursum adaequarunt. (5) Accessum est ad Britanniam omnibus navibus meridiano fere tempore, neque in eo loco hostis est visus. (6) Sed ut postea Caesar ex captivis cognovit, cum magnae manus eo convenissent, multitudine navium perterritae, quae cum annotinis privatisque, quas sui quisque commodi causa fecerat, amplius octingentae uno erant visae tempore, ab litore discesserant ac se in superiora loca abdiderant (VIII 4-6).
En esta empresa, la valentía de los soldados fue muy digna de alabanza, pues con naves de transporte pesadas, sin cesar en el esfuerzo de remar, igualaron la velocidad de las naves de guerra. Se llegó a Britania con todas las naves casi al mediodía, y en aquel lugar no se vio al enemigo. Pero, como César supo después por los prisioneros, aunque grandes contingentes se habían reunido allí, aterrorizados por la multitud de naves (que, contando las del año anterior y las privadas que cada uno había construido para su propia conveniencia, sumaban más de ochocientas vistas a la vez), se habían retirado de la costa y se habían ocultado en lugares más elevados.